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Románico: ciudades, catedrales y monasterios
IV. Arquitectura civil y militar. Las obras de defensa: la península Ibérica
         
 
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  IV. ARQUITECTURA CIVIL Y MILITAR  
  La ciudad  
  Palacios Imperiales  
  Obras de defensa  
Introducción
Francia
Islas Británicas
Península Ibérica
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  GLOSARIO  

 

CASTILLO DE LOARRE

FIGURA 1

Castillo de Loarre

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FIGURA 2

Castillo de Loarre

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       En España, la construcción militar estuvo vinculada durante el románico a la Reconquista y la repoblación. Desde finales del siglo X hasta finales del XI —e incluso principios del XII— se produjo en Aragón y Cataluña una colonización agrícola y militar. En una primera fase de la conquista aparecieron construcciones defensivas en las tierras ocupadas, erigidas para albergar núcleos que potenciaran la agricultura. Este aspecto defensivo se haría más presente a finales del siglo X y principios del XI, tras las expediciones del visir Almanzor.
     El modelo más común presentaba una torre que en algunos casos se hallaba adosada a una capilla y a las murallas. Cataluña se distinguió del resto de Europa por su predilección por la torre redonda, aunque se mantuvo la planta cuadrada. En la torre y la capilla se utilizaba mortero y en las dependencias, piedra en seco. El donjón residencial se extendió desde finales del siglo XI en los edificios del rey de Aragón y en los del vizconde Arnau Mir de Tost en Llordá.
     En Aragón se erigió una serie de castillos a lo largo de la zona fronteriza. Constaban, en su mayor parte, de una sola torre rectangular, pentagonal o hexagonal, rodeada por un somero muro. Estas estructuras albergaban diversos edificios, pequeñas capillas, depósitos y pozos. El más famoso de estos castillos continúa siendo el de Loarre [FIGURAS 1 y 2], conocido por su iglesia y emplazado a más de 1.000 m de altitud. Una parte importante de esta construcción es contemporánea del primer arte románico meridional. El conjunto de los diversos edificios se halla rodeado por una muralla ante la cual se eleva el imponente donjón rectangular de más de 22 m de altura, formado por seis plantas, con la puerta situada en la quinta. Es probable que se edificara durante la construcción de la iglesia, a finales del siglo XII, tras la fundación de un monasterio fortificado en 1072. Este último constituye, junto con el pueblo que lo rodea, un buen ejemplo de la arquitectura militar románica.
     Las fortalezas de Castellar y Montearagón se transformaron, tras la unificación de Aragón y Castilla, en verdaderos campos fortificados destinados a contener las armas mientras se organizaba la reconquista de las ciudades de Huesca y Zaragoza.
     En Castilla existen, asimismo, donjones románicos idénticos a los franceses. La torre de Doña Urraca en Covarrubias [FIGURA 3], quizá date del siglo X en sus partes más antiguas. Mide 15 m de longitud, con una amplitud de 8 m y una altura de 18 m, y su distribución interna se asemeja a algunos donjones del norte. Al igual que en Francia, ilustra la importancia de las viviendas palatinas.
     De todos modos, el recinto amurallado de la ciudad de Ávila sigue siendo la obra maestra de la fortificación castellana del siglo XII. Construido tras la reconquista de la zona, presenta planta rectangular irregular y descansa sobre el mismo suelo, sin foso alrededor. La cortina alcanza los 12 m de altura y se halla jalonada y reforzada cada 20 m por torres semicirculares macizas por las que transcurre el camino de ronda. La ciudad se transformó en una auténtica fortaleza colectiva. La catedral se integra en la muralla adoptando su forma, al igual que las casas de los notables, para así garantizar la defensa.
 
  FIG. 3: COVARRUBIAS  
   
 
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