Revista de Prensa blog Principal Arte Culturas

 
Indice
 
I. Introducción
Presentación
Cronología
Origen
Religiones
Lenguas iranias
 
Capítulo siguiente


Figura 4
Relieve
Ampliar

 

  Introducción  

Las religiones del Irán antiguo

         
Página 1 Página 2 Página 3 Página 4 Bibliografía
         

Desde la llegada de los pueblos iranios a la meseta a la que darían su nombre y hasta la caída del imperio sasánida, existieron infinidad de religiones en el Irán antiguo. Desafortunadamente, de las tradiciones politeístas más antiguas sólo poseemos algunas informaciones indirectas que nos llegan bien a través de las fuentes clásicas, bien por comparación con las doctrinas de la India védica o gracias al auxilio que nos ofrece la tradición. Un caso aparte, y por cierto bastante excepcional, es la cultura escita, que permanece ajena a las grandes corrientes de pensamiento religioso iranio —especialmente el zoroastrismo y el culto a Ahura Mazda— y que nos ha legado un rico patrimonio arqueológico además de un importante ciclo de narraciones épicas y legendarias. Las leyendas de los nartos han perdurado sorprendentemente a lo largo de los tiempos y aún en la actualidad se mantienen vivas entre los osetos, últimos descendientes de una rama de los alanos, establecidos en la región del Cáucaso. Contienen multitud de elementos comparables a los testimonios de Herodoto acerca de la religión y las costumbres escitas.

En la historia del mundo iranio y entre sus tradiciones religiosas más significativas destaca la doctrina de Zaratustra, llamado Zoroastro por los griegos (pero también Zathraustes; cf. Diodoro Sículo, 1, 94), la cual se impone por su prestigio y por su magnificencia teológica y ética. El respeto y la fama adquiridos por Zaratustra eran tan grandes que incluso el mundo clásico, a partir del Alcibíades I —una obra de Platón o quizás de uno de sus discípulos—, reconoció al profeta iranio como un sabio extraordinario. Algunas fuentes lo consideran incluso profesor de Pitágoras. La información que nos han legado los autores griegos y latinos es compleja, pero es indiscutible que el mundo griego, a pesar de las numerosas tensiones políticas y militares con el imperio persa, reconoció en el «ecumenismo iranio» una fuerza cultural, moral, ética y religiosa diferente de la suya, pero digna de interés y respeto. La religión zoroástrica posee un gran significado en este contexto. Debe recordarse que en la época helenística circulaban numerosos escritos griegos bajo el nombre de Zaratustra y del resto de «magos» —como Ostanes e Histaspes— que se popularizaron como Oracula Chaldaica y adquirieron cierta importancia en la tradición humanista del Renacimiento. A pesar de que la mayoría de estos escritos no se basan en verdaderas tradiciones y que poseen muy poco material realmente iranio, la autoría de estas obras era atribuida a los sabios «persas».

La imagen de Zaratustra que se refleja en las fuentes clásicas y helenísticas es, sin embargo, poco clara, y aún quedan muchas preguntas abiertas sobre el «verdadero» Zaratustra y sobre la historia del zoroastrismo. Hasta ahora se desconoce dónde y cuándo vivió este profeta. Debido a que las Gathas —los «cantos» atribuidos a Zaratustra— están escritas en avéstico antiguo, idioma sumamente arcaico y en algunos aspectos más conservador que el védico, es posible imaginar un origen muy antiguo, hacia finales del segundo milenio o inicios del primer milenio a.C., suposición que queda corroborada mediante la comparación directa con el avéstico reciente, lengua en la que se halla escrito el resto del corpus del Avesta —es decir, la colección de textos sagrados zoroástricos, los cuales, sin embargo, no se recogieron por escrito hasta la época sasánida, procedentes de la tradición oral—. El avéstico reciente parece en muchos casos mucho más similar a los rasgos del persa antiguo, el idioma en el que los soberanos aqueménidas realizaron sus monumentales inscripciones desde la segunda mitad del siglo VI a. C. Como su datación se considera fiable, el avéstico reciente debe ser más o menos coetáneo. Por consiguiente, se supone que la distancia temporal entre ambas tradiciones idiomáticas, es decir, entre el avéstico antiguo y el avéstico reciente, es aproximadamente de cuatro siglos, de lo cual se deduce que la vida de Zaratustra debe situarse a inicios del primer milenio a.C. Pero esta cuestión no puede resolverse sólo con argumentos lingüísticos. Hay que tener en cuenta que una lengua sacra, poética e iniciática, plagada de artificios retóricos y formales como es el avéstico antiguo de las Gathas, se muestra como un medio expresivo extraordinariamente conservador. Por tanto, no permite definir automáticamente su clasificación temporal ni darla por cierta a priori, ya que un idioma de estas características podría reflejar una tradición más antigua. También debe tenerse en cuenta que las dos variantes lingüísticas que aparecen en el Avesta son dos antiguos dialectos iranios diferentes, que bien podrían haberse desarrollado de distinta forma a lo largo de su historia. A esto se remiten aquellos eruditos que parten de otra tradición que, de hecho, sólo viene atestiguada por los textos zoroástricos escritos en pahlevi (más bien se trata del idioma persa medio hablado durante el período sasánida, pero que fue utilizado por escribas y sacerdotes hasta el siglo X d.C.). De acuerdo con esta tradición, Zaratustra habría recibido la revelación 258 años antes que Alejandro, o mejor dicho, llegó al mundo tres siglos antes que el soberano macedonio. Así pues, los años de vida del profeta se situarían entre los siglos VII y VI a.C. A pesar de que el debate sigue abierto, las últimas investigaciones indican que el mundo griego también reconocía una datación similar, ya que muchas fuentes establecen un intervalo de 6.000 años entre Zaratustra y Platón. Este dato no debe interpretarse como una simple especulación fantástica y semimitológica, sino como el reflejo de una teoría irania según la cual el doble espiritual del profeta, su fravashi —una especie de alma preexistente—, fue creado 6.000 años antes de su encarnación física.
continúa en la página siguiente...

   
 
Indice
Página anterior Página siguiente
Arriba
Esta página existe gracias al mecenazgo del
Ayuntamiento de La Puebla de Alfindén
 
 

Principal Contactar