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Las lenguas iranias

           
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La lengua del reino de Khotán, así como el dialecto más arcaico de Tumshuq, fue atribuida con razón a la población saka. Los documentos conservados pueden datarse en su mayor parte entre los siglos VII y XI d.C. y son de temática budista, cosa que no debe de sorprendernos puesto que precisamente en ese período Khotán fue un centro de estudios budistas que gozaba de gran reconocimiento. La mayor parte de los documentos fueron encontrados en monasterios dentro de las fronteras del reino o en las cuevas de Tunhuang. Todos están escritos en variantes centroasiáticas del alfabeto brahmi y la mayoría son «manuscritos pothi» o rollos chinos. (Los «manuscritos pothi» están formados por hojas alargadas, escritas por ambos lados y sujetas por un cordón introducido a su vez por unos orificios). Más adelante se encontraron también algunas inscripciones en madera y en pinturas murales.

El khoresmio, que se habló hasta el siglo XIV d.C. en las regiones al este del mar de Aral que atraviesa el Amu Darya (Oxus), se conoce gracias a un pequeño número de monedas, inscripciones y documentos sobre madera o cuero de las que sólo algunas son datables aproximadamente en los siglos III-II a.C. Por otra parte, el khoresmio se ha encontrado también, ya en pleno período islámico, en la versión interlineada de una obra de az-Zamaxshari, Mugaddimat al-Adab «Introducción a la literatura»; 1135 d.C.), que se conserva en un manuscrito de Konia (Anatolia); se añaden las glosas encontradas en otros dos manuscritos de la misma obra, así como las glosas agregadas a la Qunyat al-munya «La obtención del objeto del deseo» por az-Zahidi y a la Yatimat ad-dahr «La singularidad de la época» por at-Tarjumani en el siglo XIII d.C.; por último, el material, a menudo incoherente, que nos ha sido transmitido por el sabio árabe al-Biruni († hacia el 1050). Las primeras fuentes se consideran khoresmio medio y las últimas, khoresmio tardío.

La lengua en cuyo estudio más se ha avanzado en los últimos años es sin duda el bactriano, que fue el idioma del imperio Kushan y cuyo uso se extendió desde Asia central a la India. Entre los primeros testimonios del bactriano se encuentra la breve inscripción trilingüe de Dasht-e Nawur y la de Surkh Kotal, en el actual Afganistán, que datan de la época del rey de Kushan Vima Takto (siglos I-II) o de Kanishka I (siglos II-III). Al comienzo del reinado de Kanishka I, el bactriano reemplaza al griego en las monedas de los reyes de Kushan. A lo largo de estos últimos años, el patrimonio de documentos en bactriano ha crecido notablemente, lo que facilita una mejor comprensión de esta lengua. Especialmente importante es la inscripción de Rabatak en Afganistán, publicada por N. Sims-Williams, y una serie de documentos económicos en cuya edición está trabajando el mismo autor (12).

El estudio de las lenguas y de los dialectos neoiranios occidentales muestra que el iranio occidental no siempre ha perdido gran parte de su morfología flectiva. En otras palabras, que en el grupo neoiranio occidental existe una variedad lingüística comparable a la del grupo iranio oriental, lo que a su vez demuestra que, como en el caso del iranio oriental, se impone la hipótesis de una variada familia lingüística irania occidental como substrato de la situación actual. Por lo que respecta a las lenguas iranias orientales, G. Morgenstierne ha identificado el grupo compuesto por el parachi y el ormuri, dos lenguas residuales habladas en Afganistán —y en el caso del ormuri, también en Pakistán—, como un subgrupo del grupo iranio oriental meridional, restableciendo una especie de simetría con el iranio occidental (13).

Ninguna de las lenguas iranias modernas es descendiente directa de una lengua medioirania, así como ningún idioma medioiranio desciende directamente de un habla irania antigua. Sin embargo, existen grandes afinidades, como las existentes entre el sogdiano y el yagnobi, lengua que aún se habla en la región superior del río Yagnob (en el actual Tayikistán), o el asombroso parecido entre el persa antiguo, el persa medio y el neopersa: estas tres lenguas —que, según G. Windfurhr (14), podemos definir como pertenecientes a una misma unidad sociolingüística basada en los dialectos del Fars— han disfrutado del estatuto de lenguas dominantes. Si se suma el hecho de que el neopersa se encargó además de la expansión del Islam hacia Oriente, el resultado es que se adoptaron rasgos y vocabulario de las lenguas dominantes.

El persa es la única lengua neoirania que dispone de una larga tradición literaria. Los hallazgos (15) más antiguos son en judeo-persa y datan del siglo VIII. La poesía, según lo narrado en el Tarix-i Sistan «La historia de Seistán», surgió en el 865 d.C. en la corte safávida y experimentó una edad de oro en las regiones orientales a partir del siglo X. Finalmente, cabe destacar la importancia del persa no sólo para la transmisión del Islam sino también como lengua cortesana y culta en tierras extranjeras: no hay más que pensar en el uso que la dinastía Moghul dio a esta lengua en la India hasta el siglo XIX.

   
 
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