Historia blog Principal Arte Culturas
 
Indice
 
Capítulo anterior
 
Indice Catálogo Piezas
Prehistoria
El arte aqueménida
El arte griego antes de la época parta
El arte en la época parta
El arte en el Imperio Sasánida
Introducción
Arquitectura
Relieves rupestres
Orfebrería
Coronas
La mansión sasánida de Hadjiabad
Galería de imágenes
El arte al inicio de la época musulmana
Bibliografía
  III. Catálogo: el arte en el Imperio Sasánida  

Introducción

Los inicios de la dinastía sasánida todavía no están suficientemente documentados a pesar de las investigaciones llevadas a cabo recientemente. La dinastía debe el nombre a su antepasado Sasán —sumo sacerdote en el templo del fuego de la diosa Anahita en Istakhr, Persépolis—, descendiente directo de los aqueménidas, según la leyenda. Pabag, hijo de Sasán, también fue sumo sacerdote del templo de Anahita en Istakhr. Por aquel entonces, Persia (actualmente Fars), antiguo centro del imperio aqueménida, era gobernada por un dirigente local que, aunque sometido al gran rey de los arsácidas, ostentaba el título de rey y acuñaba sus propias monedas. Pabag se sublevó contra este «semirrey» y se proclamó rey de Persia, designando a su hijo mayor, Shapur, sucesor al trono, pero su hermano menor, Ardashir, se negó a reconocerlo como rey. A punto de producirse la consiguiente lucha fraticida por el poder, Shapur muere lapidado a consecuencia de un derrumbamiento de piedras propiciado por la «Divina Providencia». Una vez que Persia y las zonas limítrofes están bajo el control de Ardashir, éste entabla una batalla decisiva contra el rey de los partos, Artabanos IV, a quien derrota en el año 224 d.C., poniendo fin a casi quinientos años de dominio arsácida en Irán (1).

Basado en las estructuras de los imperios seléucida y aqueménida, el Estado arsácida servirá a su vez de referencia al Estado sasánida, y lo mismo ocurriría a continuación con el imperio islámico, cuya estructura se ve firmemente influenciada por la herencia sasánida. El poder político sasánida descansaba esencialmente en el triángulo rey/aristocracia/sacerdotes, alcanzando el clero zoroástrico grandes cotas de poder —lo que no sucedió en el imperio arsácida—. La posición de las antiguas familias aristócratas se mantuvo básicamente intacta, si bien Ardashir no tuvo contemplaciones con aquellos que rechazaron su vasallaje: fueron decapitados y sus cabezas enviadas al templo de Anahita en Istakhr. También se mantuvo el principio de sucesión dinástica; esta continuidad dinástica incuestionada contrasta radicalmente con la situación que se daba en la Hélade y en Roma.

Un elemento esencial del nuevo concepto político-ideológico trazado por Ardashir fue la acentuación deliberada de lo «iranio», su insistencia en las raíces iranias. Los sasánidas se consideraban herederos y sucesores de los aqueménidas, aunque no conocieran sus nombres se referían a ellos como sus «antepasados» y ansiaban alcanzar su gloria legendaria. Abrazaron las creencias zoroástricas, de las que se proclamaban adeptos y seguidores y que constituyeron uno de los pilares más importantes del impero sasánida, como ya se dicho. En este sentido jugaron un papel decisivo las antiguas tradiciones perpetuadas en Persia.

Por lo que a política exterior se refiere, el enfrentamiento con Roma puso de relieve la ilimitada ambición de poder de la dinastía e hizo que Ērān-šahr, el «Imperio de los arios», recuperara su antiguo esplendor. No obstante, las relaciones con Roma no sólo fueron de naturaleza bélica, también propiciaron un intenso intercambio cultural que se reflejó en el arte.

El arte del imperio sasánida estaba fuertemente centralizado y controlado, siempre al servicio de la ideología del poder, de la religión y la propaganda. Se convirtió en un importante instrumento de la representación estatal y en un medio de expresión de conceptos políticos, sociales y religiosos, lo que significa una diferencia considerable respecto al arte del imperio arsácida. El propio Ardashir I (224-241 d.C.) se había encargado de definir los rasgos fundamentales del lenguaje artístico sasánida y su repertorio de formas e imágenes. Aunque conservara ciertos elementos del arte arsácida, representa una ruptura manifiesta con sus antecesores; sin embargo, deviene un arte particularmente conservador que no admite ningún cambio fundamental a lo largo de un proceso que duraría cuatrocientos años. Kurt Erdmann, uno de los pioneros en la investigación del arte sasánida, lo ha denominado «arte tardío». Se trata de «la última fase de un proceso de más de dos mil años», antes de que el Islam se expandiera por todo Irán. Paralelamente al origen de la cultura islámica en Oriente, se produjo el de la cultura cristiana en Occidente. Por este motivo, podemos decir que el arte sasánida surge en un momento histórico crucial y constituye «uno de los puentes de unión más importantes entre las dos esferas culturales de la Edad Media y las grandes culturas del antiguo Oriente»  (2).

   
 
Indice
Página anterior Página siguiente
Arriba
Esta página existe gracias al mecenazgo del
Ayuntamiento de La Puebla de Alfindén
 
 

Principal Contactar