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Figura 47
Plano y sección del palacio de Ardarshir I
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Figura 48
Palacio de Ardarshir I
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  III. Catálogo: el arte en el Imperio Sasánida  

Arquitectura (I)

   
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La primera ciudad que fundó Ardashir antes de su coronación como «rey de reyes de los arios» fue Ardashir-Khurra (=«Para la gloria de Ardashir») en Persia, país de origen de los sasánidas. La ciudad presentaba un plano circular de casi 2 km. de diámetro y estaba dividida en sectores mediante calles circulares y radiales. En el centro de la población todavía pueden apreciarse restos de una torre que parece haber formado parte de un palacio o templo (3).

Fuera de las murallas de la ciudad, Ardashir hizo construir un palacio [FIG. 47] [FIG. 48], cuya entrada está dominada por un gran pórtico con bóveda de cañón abierto por uno de sus lados —denominado «iwan»—, tras el cual se hallan varias salas abovedadas de menores dimensiones, algunas con cúpulas y otras con bóvedas de cañón, agrupadas en rigurosa simetría alrededor de un patio cuadrado. Los muros se construyeron con piedras de mampostería poco talladas y mortero de endurecimiento rápido y se revistieron con una gruesa capa de estuco. Esta parte principal del edificio tenía dos plantas superiores con estancias de uso privado (4). El conjunto presenta pocas analogías con la arquitectura palaciega aqueménida excepto el estucado de las salas interiores, que nos recuerda los marcos de las puertas y ventanas de Persépolis.

El iwan ya se utilizaba en la arquitectura parta [FIG. 44] [FIG. 45], pero con los sasánidas adquiere proporciones monumentales, al igual que otro elemento nuevo, la sala cuadrada con cúpula, que también alcanza grandes dimensiones. Ardashir fue el primero en reunir en un mismo conjunto arquitectónico el iwan, la sala con cúpula y patio en la construcción de su palacio de Firuzabad, que constituye el modelo característico de la arquitectura sasánida, cuya influencia seguirá observándose hasta bien entrado el período islámico. En la literatura clásica persa y árabe la palabra ayvān/ỉwan se utiliza a menudo para designar un palacio o bien la sala del trono o de audiencias, motivo por el cual este término se ha conservado en la historia del arte (5).

Las ruinas más conocidas de un palacio del período sasánida son las de Taq-i Kisra («Arco de Cosroes») en Ctesifonte del Tigris [FIG. 49], lugar en el que anteriormente los reyes partos habían construido su residencia. Este mismo emplazamiento de la fértil Mesopotamia —justo enfrente de la metrópolis helenística Seleucida y cerca de la antigua Babilonia— se convirtió en el centro de poder de los sasánidas y, tras la conquista árabe de Bagdad, fue uno de los enclaves más importantes del mundo islámico. Con 42,92 m de largo, 25,65 m de ancho y una altura aproximada de 35 m, Taq-i Kisra constituye uno de los pórticos más grandes del mundo. La distribución de las salas coincide con la del palacio de Firuzabad, pero los muros no están construidos en mampostería sino con ladrillos, tal y como solía hacerse en Mesopotamia. La base de los muros del iwan tiene una anchura de más de 7 m. Frente al palacio de Taq-i Kisra, y a una distancia exactamente igual al ancho de la fachada, se hallaba un segundo iwan de las mismas dimensiones, del que sólo se han encontrado los cimientos. Todavía no se ha podido determinar la fecha exacta de construcción de Taq-i Kisra. Kurt Erdmann (6) estima que fue construida por Shapur I (241-272 d.C.), pero hoy en día se tiende a pensar que el palacio se construyó en el período de Cosroes I (531-579 d.C.) (7).

Para el visitante actual, los grandes palacios del período sasánida se asemejan más bien a desérticos montones de piedra que apenas pueden competir con las elegantes construcciones de la Persépolis aqueménida. Sin embargo, tan monumental era la arquitectura de Persépolis como la del palacio sasánida de Ctesifonte y ambas manifestaban la misma desmesurada ambición de poder de quienes las mandaron construir. En la Apadana de Persépolis, Darío (522-486 a.C.) construyó la sala de columnas más grande de la época, pero el palacio de Taq-i Kisra que construyeron sus descendientes sasánidas no tenía nada que envidiar al de Persépolis.
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