Decoración pintada y significado

Si la techumbre de la catedral de Teruel puede calificarse como una obra de arte excepcional aun atendiendo tan sólo a la estructura de su armadura de madera de par y nudillo, que ya ha sido analizada y valorada en el epígrafe anterior, cuando por fin nos referimos a su decoración pintada merece, sin duda, el calificativo de “unicum”, siendo conocida con el sobrenombre de “Capilla Sixtina” del arte mudéjar.

En este epígrafe se recoge, a modo de primera aproximación a la decoración de la techumbre, una consideración global sobre sus elementos ornamentales así como sobre las más notables teorías acerca de su significado. Para un lector más interesado se ha reservado en otro epígrafe, de carácter más minucioso y de detalle, el análisis descriptivo de todo el repertorio ornamental, clasificado por temas.

Todas las piezas de madera que componen la armadura de par y nudillo, y están dispuestas en las partes visibles de la misma, han recibido decoración pintada, es decir, pares, nudillos, peinazos, tabicas, tirantes, canes, aliceres, etc., van revestidos completamente de decoración. Ahora no vamos a entrar en el problema de la crítica de autenticidad, es decir, si algunas de estas piezas han sido cambiadas de emplazamiento, injertadas, restauradas en exceso o renovadas por completo, ya que en una primera consideración sobre el carácter ornamental de la techumbre, esta problemática, que tanto ha ocupado a los investigadores desde Ángel Novella a Joaquín Yarza, queda en un segundo término, como se verá.

Ahora nos interesa destacar que la decoración lo invade todo y que atendida la naturaleza fragmentaria de las piezas de madera, que componen la superficie decorada, resulta bastante inviable la unidad temática desde un punto de vista compositivo y, por tanto, asimismo deviene irrelevante el orden temático en la disposición de los elementos ornamentales. Es más, la diferente naturaleza y formato de las piezas de madera policromada condiciona el emplazamiento y a veces también la naturaleza de los elementos ornamentales y, en todo caso, determina la escala y el canon de la decoración figurada, imponiendo de esta manera un orden estructural, de carácter bien diferente.

Debe tenerse asimismo en consideración que gran parte de la decoración pintada fue aplicada previamente en el taller, salvo los retoques de montaje, sobre las piezas sueltas, antes de que éstas fueran trasladadas y ensambladas de modo definitivo en la armadura, y que cada una de las piezas del mismo formato y función tienen función intercambiable para su colocación final en la armadura. Todas estas consideraciones previas, que son intrínsecas a la naturaleza y a la función decorativa de una armadura de par y nudillo, han de ser tenidas en cuenta a la hora de mantener una tesis sobre el significado del conjunto ornamental.

El repertorio ornamental de la techumbre puede agruparse, para su sistematización y estudio, en cuatro tipos de elementos: vegetal, geométrico, epigráfico y figurado, además de las posibles combinaciones entre éstos. Una parte relevante de este repertorio corresponde a la tradición ornamental islámica: son básicamente los elementos vegetales estilizados, los geométricos, los epigráficos en árabe, así como otros sistemas ornamentales de procedencia islámica, en especial las rosetas gallonadas o chellas. Otra parte relevante del repertorio ornamental, en especial los elementos figurados, aunque no sólo éstos, corresponden, por el contrario, a la tradición ornamental occidental.

Por lo que a la tradición ornamental islámica se refiere, la decoración vegetal estilizada ofrece un repertorio muy variado, en esencia configurado por vástagos entrecruzados formando ejes de simetría lateral, con o sin vástago central, de los que arrancan hojas estilizadas que, a menudo, se adscriben al modelo de la hoja de palmeta doble y disimétrica. Asimismo son ricos y variados los motivos de decoración geométrica, aunque predomina en conjunto el característico lazo de cuatro octogonal formando estrellas de ocho puntas combinadas con cruces, con el que se decora todo el sistema apeinazado de los pares y nudillos de la techumbre.

La decoración epigráfica en árabe es escasa, aunque equivalente en proporción a la epigrafía gótica cristiana: son inscripciones cúficas que decoran la parte lateral del tirante sobre el can, y que repiten varias veces en una composición afrontada e invertida la palabra al-Mulk, que significa el poder o la gloria, término árabe de carácter genérico para aludir a la realeza y que ha podido copiarse de las piezas de arte mueble, en especial de la cerámica decorada califal en verde y morado, donde aparece frecuentemente en el siglo X.

Por lo que a la tradición ornamental occidental se refiere sobresale la decoración figurada, que desde el punto de vista compositivo puede agruparse en dos series de diferente escala de acuerdo con el formato del soporte de las piezas de madera: la decoración de las tabicas en formato vertical, con figuras aisladas salvo excepciones, a mayor escala, y la decoración de los laterales de los tirantes t de los canes así como de los aliceres, formando escenas, a menor escala.

En cuanto a la temática de esta decoración figurada de tradición occidental, cuya lectura ha servido de base esencial para las diversas tesis que se han propuesto sobre el significado de la techumbre, puede agruparse en tres grandes apartados: a) imágenes y escenas de carácter religioso cristiano; b) imágenes y escenas de carácter profano con representación de tipos y acciones de las tres clases sociales de la época: la caballería villana, el clero y el común; y c) imágenes y escenas fantásticas procedentes del bestiario y otras imágenes y escenas alegóricas. A ello hay que sumar la ornamentación de carácter vegetal y epigráfica, de adscripción occidental.

De los diferentes estudios parciales o globales sobre el significado de la techumbre, vamos a seleccionar por el interés o relevancia de los mismos los de Pano, Sebastián, Moralejo y Yarza, aportando asimismo nuestro personal punto de vista.

La monografía de Mariano de Pano (1904), publicada en serie de artículos en la revista Aragón y que quedó inconclusa, merece recordarse por haber sido la pionera en los estudios sobre la techumbre, aun que hoy haya quedado obsoleta ya que la historiografía se ha alejado profundamente de sus propuestas tanto sobre la datación cronológica (siglo XV) como sobre el significado (una crónica histórica desde la fundación de la iglesia hasta la boda del Infante don Alonso con la hermana de Juan II de Castilla).

Concluida una larga etapa, durante la que habían dominado los estudios de los eruditos locales, las aproximaciones científicas al significado de la techumbre se inician con las aportaciones de varios profesores universitarios, entre las que deben destacarse las lecturas de Santiago Sebastián, de Joaquín Yarza y de Serafín Moralejo, que además representan tres posiciones historiográficas bien diferenciadas.

El malogrado profesor Santiago Sebastián, turolense de Villarquemado, fallecido en el año 1995, abordó el estudio iconográfico de la techumbre en varias publicaciones, unas de carácter general sobre Teruel y su provincia, otras de carácter monográfico —destacando entre estas últimas la obra colectiva de 1981, por él coordinada—, enfocándolo desde el punto de vista de la búsqueda constante de una clave que pudiera explicar de manera global y unitaria todo el complejo mundo de imágenes sagradas y profanas que la pueblan profusamente. Como síntesis de todas sus aportaciones podemos retener que para el profesor Santiago Sebastián toda esta rica y compleja visión del mundo representada en la techumbre se relaciona con el modo habitual de sistematizar y ordenar el conocimiento del mundo en el siglo XIII, realizado en forma de tratados compendiadores del saber, tal como sucede, por ejemplo, en la obra Speculum majus de Vicente de Beauvais. Precisamente la obra mencionada de Beauvais está dividida en cuatro partes, tituladas respectivamente espejo de la naturaleza, espejo de la ciencia, espejo moral y espejo histórico, que son los grandes temas en torno a los cuales se pueden agrupar las diferentes imágenes de la techumbre, concluyendo en la existencia de un programa único y armonioso en el que al modo de estos tratados escolásticos se refleja, como en un espejo, toda la concepción del mundo en cuanto que es obra de Dios.

Diferente posición historiográfica, tanto en el método de análisis como en el planteamiento general, mantiene el profesor Joaquín Yarza, del que destacan en especial sus aportaciones de 1975, 1981 Y 1991; esta última, publicada en la obra colectiva sobre Teruel mudéjar, patrimonio de la Humanidad, ha de considerarse como el estudio clásico y más completo sobre el tema hasta el momento actual. A diferencia del método del profesor Santiago Sebastián, que de entrada establecía la existencia de un programa general coherente en el que, como consecuencia del mismo, encontrasen lugar y significado las variadas imágenes de la techumbre, procediendo de lo general a lo particular, el método de análisis del profesor Joaquín Yarza ha procedido en sentido inverso, abordando en primer lugar el estudio parcial y concreto de las diferentes imágenes o ciclos de la techumbre, indagando las fuentes gráficas y literarias para cada una y profundizando en el significado concreto de cada imagen; incluso algunas de sus primeras aportaciones se detuvieron intencionadamente en estos estudios fragmentarios y parciales.

literaturaLeón coronado (¿Nobles?). Los temas de origen literario también afloran en la techumbre. Moralejo ha identificado este león coronado con Nobles, enfermo según el relato literario del Roman de Renard.
Zorro con pomo (¿Renard?). Moralejo ha identificado este zorro, médico, portando en la mano un pomo con orina del enfermo, con Renard, el correlato de Nobles en la ficción literaria.

Este método le ha permitido al profesor Yarza avanzar en la precisión iconográfica parcial, estableciendo una sistematización provisional de las imágenes de la techumbre, agrupándolas del siguiente modo: a) Temas religiosos, en ciclos o imágenes sueltas: Pasión, menciones de la Virgen, Cristo, apóstoles, santos, religiosos; b) Temas profanos: La aristocracia y sus actividades: el rey, la nobleza: damas y caballeros, luchas y alardes caballerescos, la caza, el ejército: soldados con armas y luchando; c) Temas profanos: El tercer estamento. Un caso especial: Mensario. Los oficios y su juicio: carpinteros, pintores, constructores, agricultores, músicos, juglares, juglaresas, danzarinas, judíos, doctores; d) Alegorías, metáforas, temas dudosos: la lucha del hombre con el animal, concordia-discordia, Venus-vista, Renard, cabezas humanas, supuesta fiesta nupcial, lecho y lujuria, hombre salvaje; e) Bestiario”.

Tras el detenido análisis de los diferentes temas o ciclos iconográficos concretos, el profesor Yarza siempre se ha mostrado muy cauto a la hora de proponer una clave general de interpretación, descartando la existencia de un tratamiento sistemático y coherente, por otra parte difícil de establecer aun sin contar con la alteración sufrida en la disposición de algunas piezas. Yarza, en su último estudio, tras cuestionarse las tres hipótesis básicas que se han planteado acerca del significado de la techumbre (la de un programa coherente y global, la de una miscelánea temática con islas significativas independientes entre sí, o la de la mera funcionalidad estética) se mantiene alejado de todas ellas, pronunciándose por la tesis personal de “[un] programa poco sistemático que desea plasmar un techo-cielo dominado por Dios y sus santos y un reflejo de la sociedad cristiana, con caballeros, trabajadores y religiosos, llevando a cabo lo que les corresponde en un estado feliz y conveniente”, anunciándose así el esquema de alegoría del buen gobierno que va a cristalizar a principios del trescientos en “otros lugares y circunstancias”.

Aunque el profesor Serafín Moralejo haya tratado tan sólo de forma tangencial algún aspecto de la techumbre de la catedral de Teruel (en 1984 y en 1985), sin embargo sus aportaciones tienen un evidente interés, tanto por las identificaciones que ha propuesto para algunas imágenes, que habían sido mal leídas, cuanto por su posición historio-gráfica respecto al significado general de la techumbre. Comenzando por este último, Moralejo se sitúa en las antípodas de Santiago Sebastián, como ya observase Yarza, negando cualquier significado de conjunto, cualquier clave, a la techumbre, afirmando que los pintores de Teruel disponían de algún tipo de repertorio que, sin orden ni concierto, “vaciaron” en la cubierta, recurriendo una vez agotado a tabicas de carácter ornamental.

mensario_e_fmensario_m_aIZQUIERDA: Mensario (enero y febrero). La representación de los meses del año según la actividad de cada momento, es decir, el mensario, se halla incompleta en la techumbre, ya que faltan los cuatro últimos meses. Aquí, arriba, enero se representa como un personaje sentado, visto de frente, tocado con gorro o bonete y con llave en la mano: es un Jano poco usual, ya que habitualmente se representa bifronte; es el dios romano que cierra las puertas del año viejo y abre las del nuevo.; abajo, febrero, como un personaje con manto y capucha, que se calienta ante el fuego.
DERECHA: Mensario (marzo y abril). Arriba, marzo, representado como un campesino en ropa corta y cabeza descubierta, que poda una vid seca; abajo, abril, como un hombre coronado, con espigas esquemáticas en ambas manos.

Por otra parte Moralejo ha establecido la relación entre algunas imágenes concretas de la decoración figurada de la techumbre y la literatura “romance” de la época; así dos de ellas, según la identificación que propone, corresponden a la epopeya ,animal del Roman de Renard y son las que representan a Renard, el zorro, como médico, vestido con amplio ropón y con el vaso de orina, imagen relacionada con la del rey Nobles, el león coronado y de aspecto doliente, que se aprecia en otra tabla de la techumbre. Asimismo opina Moralejo que la imagen de un obispo que tañe un laúd podría identificarse con Folquet de Marsella, obispo de Toulouse, el famoso trovador que alcanzó las órdenes eclesiásticas. Estas constataciones iconográficas le llevan a corroborar el carácter “arcaizante” de la techumbre, a pesar de tratarse de una obra del gótico lineal, ya que en ella se mezclan la aventura y la fábula profanas con los temas de arte sacro, coexistiendo gráficamente del mismo modo que en la literatura del periodo románico habían coexistido los dos lenguajes del mester de juglaría y del mester de clerecía.

Tras la exposición de estas tres tesis tan contrapuestas sobre el significado global de la techumbre (un programa coherente según Sebastián, un programa poco sistemático según Yarza y carencia de programa según Moralejo), cabe añadir que gracias a estos estudios de carácter iconográfico cada vez estamos más cerca del significado parcial de las imágenes y de los ciclos representados en la techumbre, quedando fijadas las diversas fuentes de inspiración de tan vario repertorio, así como sus relaciones con otras obras de la época. Pero, a pesar de ello, todavía estamos alejados de una lograda interpretación de la misma.

mensario_m_jmensario_j_aIZQUIERDA: Mensario (mayo y junio). Arriba, mayo representado como un noble a caballo con una halcón en la mano; abajo, junio, como un hombre que corta espigas con ayuda de una hoz.
DERECHA: Mensario (julio y agosto). Arriba, julio, representado como un campesino que golpea con el mayal la mies (la trilla sobre el campo); abajo, agosto, como un campesino fabricando una cuba para el vino. En este mensario se aprecian tanto influjos franceses como italianos y a su vez influirá en el mensario representado en la pintura mural del castillo de Alcañiz.

Personalmente entiendo que para una lectura más ajustada no se han de tener en cuenta tan sólo las conclusiones derivadas de los análisis iconográficos, es decir, de la función espiritual de la techumbre, en cuya valoración han tenido hasta el momento más peso los elementos figurados que el resto de los elementos decorativos (vegetales, geométricos y epigráficos), estableciendo una jerarquía que en el sistema decorativo de la techumbre no tienen, sino que asimismo ha de atenderse tanto a la función técnica como a la función de uso, para ofrecer una más ajustada valoración de la función integral de la techumbre.

En esta propuesta de aproximación a la función integral de la techumbre habrán de pesar más, y ser mejor valoradas, las consecuencias, en parte ya señaladas, que se derivan de la consideración de sus funciones técnica y de uso. En una lectura de la obra de arte como lenguaje artístico, el análisis de los materiales y de sus técnicas de trabajo así como de los elementos formales no sólo es previo al de la imagen sino que está tan íntimamente interrelacionado con ella que condiciona el sistema resultante y por tanto su significado. ¿Alguien se ha preguntado si una armadura de par y nudillo, atendida su estructura, puede ser considerada como unidad de significado iconográfico, al igual que una portada o un retablo? ¿Qué papel real desempeñan las imágenes figuradas en un contexto básicamente ornamental y no visualizable? En el futuro habrá que evitar en las valoraciones globales los puntos de vista maniqueos y excluyentes.

De cualquier modo, a mi entender, uno de los más destacados valores artísticos de la techumbre de la catedral de Teruel es el de haber integrado en un sistema estructural y ornamental de tradición islámica, como es la armadura de par y nudillo decorada, tan extraordinario repertorio de imágenes de la tradición occidental, reduciéndolo con todas sus consecuencias a las propias leyes del sistema mudéjar en que se integra.