Juicio de valor sobre la techumbre

Para cerrar este apretado análisis histórico-artístico de la techumbre de la catedral de Teruel, a la hora de una valoración final en el horizonte del arte medieval español, valga anteponer en primer lugar el autorizado juicio de valor del profesor Yarza, con el que concluye su brillante estudio monográfico de 1991, tantas veces mencionado: «… con programa coherente o incoherente, con las desdichas sufridas por el ataque del tiempo, de la guerra y de los restauradores, por encima de todo, la techumbre de Teruel sigue siendo una obra excepcional en el arte medieval aragonés e hispano».

Ornamentación vegetal. Esta decoración se halla a medio camino entre la tradición islámica y la cristiana, ya que la composición, a base de un vástago central, recuerda al hom o árbol de la vida de la tradición islámica, pero el tratamiento formal, más naturalista, de las hojas remite a la tradición occidental. Típico ataurique o decoración vegetal estilizada, de tradición islámica, a base de palmetas en composición afronatada.

Por mi parte siempre he destacado la singularidad de esta techumbre, que tengo por obra sin igual tanto por su estructura como por su decoración pintada. Pero desde el punto de vista de la valoración artística resulta difícil explicar la realización de una obra tan lograda sin aludir a una tradición artística, es decir, sin contar con la existencia de antecedentes, tanto para lo estructural como para la decoración pintada,

Para lo estructural se han señalado antecedentes en la tradición artística andalusí (armaduras de par y nudillo almohades de Sevilla y mudéjares de Toledo). No se han anotado antecedentes para la decoración pintada (Yarza considera improcedentes las relaciones establecidas por Lavado Paradinas con las techumbres de Zillis, en Suiza, y de Hildesheim) o, en todo caso, estos antecedentes son muy indirectos, correspondientes a salas de edificios civiles. Así, Yarza se ha referido al techo casi destruido, pero conocido a partir de dibujos antiguos, fechado en el siglo XIII, del Palazzo del Trecento en Treviso, «con una pintura lineal y escenas misceláneas comunes con lo aragonés». Por otra parte desconocemos cómo fue la estructura y la decoración de la techumbre anterior de Teruel, datable en torno a 1200, que sería sustituida por la actual hacia 1285, cuando se modificó la fábrica de la catedral elevando la altura de las naves.

Dado el carácter excepcional de esta techumbre, tampoco es fácil trazar una estela de influjos artísticos directos. Algunos ejemplos de techumbres mudéjares aragonesas con decoración pintada, obras siempre de dimensiones menores (como la ermita de Camañas, en la provincia de Teruel, o la ermita de Cabañas, despoblado junto a La Almunia de Doña Godina, en la provincia de Zaragoza, o la ermita de Castro, despoblado junto a La Puebla de Castro, en la provincia de Huesca, datables a lo largo del siglo XIV) son difícilmente relacionables de un modo directo con Teruel, ni en lo estructural ni en lo decorativo. Algunos elementos decorativos encuentran explicación en el contexto de la tradición artística aragonesa, sin necesidad de mantener una relación directa con Teruel. Más alejados quedan, obviamente, otros ámbitos artísticos peninsulares, a los que resultaría muy prolijo referirse en este momento.

Este tipo de decoración turolense fue más frecuente de lo que pensamos en salas de edificios civiles, como ya se ha dicho, pero los ejemplos de techumbres emigradas procedentes de España, algunas de ellas turolenses, son todos bastante tardíos, correspondientes en su mayoría al siglo XV, de modo que tampoco permiten trazar relaciones artísticas, salvo corroborar la pervivencia de este sistema decorativo en el arte medieval español, del que faltan muchos eslabones perdidos, y del que esta techumbre mudéjar de la catedral de Teruel, hoy remozada, constituye un testimonio artístico único y excepcional.