La historia de la techumbre

Hasta el momento actual no se ha hallado documento alguno relativo a la construcción de la techumbre mudéjar que cubre la nave central de la catedral de Teruel. A propósito de la fábrica de la catedral ya se ha precisado que el cuaderno de cuentas, conservado en el Archivo Catedralicio de Teruel, titulado Recepta de la obra de Sancta María, que data del año 1335, se refiere a las obras de enlucido y de pintado de la fábrica del crucero y ábsides, dirigidas por el maestro moro de Coglor Yuçaf de Huzmel.

Rey. La representación de la monarquía es importante en la techumbre. Se cuentan hasta cinco imágenes de reyes en los faldones. Sin embargo, sólo éste lleva espada. ¿Podría identificarse con Salomón? Algunos han intentado identificarlos con reyes aragoneses.

No obstante, una errónea interpretación de este documento, realizada en el año 1908 por el marqués de Monsalud, ha sido la fuente en la que se ha basado la atribución de la cronología de la techumbre a dicha fecha de 1335, así como la autoría de la pintura a Domingo de Peñaflor. Tales cronología y autoría fueron aceptadas por la mayor parte de los especialistas que trataron el tema con posterioridad, entre los que destaca la historiografía más ilustre, con nombres tan rotundos como Ráfols, Post y el marqués de Lozoya. Hasta la edición y el estudio del mencionado documento, realizados en 1973 por Santiago Sebastián y César Tomás Laguía, no se ha estado en condiciones de rechazar la interpretación errónea del marqués de Monsalud y de precisar la naturaleza y alcance de las obras realizadas en la catedral en 1335, como ya se ha dicho.

Por todo ello, cuando ya atisbamos el final del siglo XX volvemos a hallarnos historiográficamente como a principios del mismo en relación con la determinación de la cronología y de la autoría de la techumbre mudéjar de la catedral de Teruel, para la que hay que mantener por el momento el anonimato de los maestros carpinteros y pintores que la realizaron y a la que hay que seguir datando por aproximación o por cronología relativa a partir de métodos y fuentes no documentales.

La aproximación a la cronología relativa de la techumbre ha venido ensayándose con notable criterio científico durante la segunda mitad del siglo XX, destacando entre los estudios que han apuntado hasta la fecha una datación más plausible, primero, en 1953, Leopoldo Torres Balbás, quien mantuvo una cronología amplia datándola en la segunda mitad del siglo XIII, y, posteriormente, en 1964, Angel Novella Mateo, quien redujo tal amplitud cronológica al último tercio del siglo XIII.

Hoy todavía se pueden añadir algunas precisiones más a esta cronología relativa de la techumbre. Contamos por un lado con una fecha objetiva antes de la cual no pudo realizarse la techumbre, proporcionada por los análisis dendrocronológicos realizados por Eduardo Rodríguez Trobajo, según la información ofrecida por Antonio Almagro en 1991. Tales análisis habrían dado la fecha de 1261 como el año de corte de las maderas utilizadas en la carpintería de armar de la techumbre. Ello no quiere decir que la techumbre se hiciese a partir de este momento ya que habría que contar con un periodo razonable para el secado de la madera antes de su utilización, lo que podría situamos estrictamente en los comienzos del último tercio del siglo, como había propuesto Novella, más o menos en torno al año 1270.

Asimismo los estudiosos intentan precisar a partir de los análisis artísticos, cuyas conclusiones son más relativas, una fecha después de la cual puede afirmarse que la techumbre ya habría sido realizada. El profesor Yarza sitúa esta fecha entre 1295 y 1302, Y concluye: “Si se propone una fecha diferente del último cuarto del siglo XIII, o sobrepasando hasta cinco años el 1300, habrá que justificarla con razones que invaliden el cúmulo de ellas que apuntan a la otra”. Con los datos de que disponemos en el momento actual difícilmente se puede apurar más respecto a la posible cronología de la obra.

Escena de alarde. El oficio principal del caballero es la guerra. El alarde representa un desfile o cabalgada de caballeros armados pero con la cabeza descubierta. Se han identificado las armas de algunas Ordenes Militares, entre ellas las de Calatrava.

Escena de Torneo. En época de ocio el caballero demuestra su virtud dedicándose al torneo o al caza, temas que alcanzan alta relevancia en la techumbre. Por el gran número de enfrentamientos se puede identificar esta serie con un torneo. Aunque la estrella de David, que es un distintivo judío, está representada dos veces, en la rodela y en el arnés del caballero vencido, se ha identificado con un musulmán por la rodela, el sable curvo y la tez oscura de la cara. La estrella davídica no es ajena a la cultura islámica.

Aunque no conozcamos de forma exhaustiva todas las vicisitudes por las que ha atravesado la techumbre mudéjar de la catedral de Teruel desde el momento de su construcción, gracias a los estudios realizados por Antonio Pérez y por Beatriz Rubio contamos con suficientes datos para poder establecer de forma bastante fiable el grado de originalidad que ha conservado hasta nuestros días. Este tipo de indagación es denominada por los estudiosos “crítica de autenticidad” de la obra de arte. Para ello hay que seguir todas las vicisitudes que ha sufrido a lo largo del tiempo a partir de toda la documentación disponible, incluido, obviamente, el análisis de la propia obra.

Es probable que la primera vez que la estructura de la techumbre se vio afectada en el tiempo coincidió con la tan traída fecha de 1335. En efecto, como sabemos, en dicho año se desmontaron las cimbras del crucero y de los tres ábsides para su enlucido, circunstancia que indica que tales obras se habrían realizado en una campaña inmediatamente anterior. La edificación del crucero con su cimborrio —posteriormente sustituido por el actual de 1538— necesariamente hubo de afectar a la parte de la techumbre en que ésta entrega sobre el crucero, por lo que en mi opinión el primer tirante de la techumbre ya pudo sufrir daños y reparaciones a partir de estas intervenciones de 1335 o de las de 1538. Como se sabe, este primer tirante no es el original.

La segunda intervención, siguiendo un orden cronológico, hubo de ser el enmascaramiento de la decoración de los arrocabes o aliceres, que ha de datarse con anterioridad al año 1700. En efecto, hacia el año 1700, en tiempos del obispo Gerónimo Zolivera, quedó oculta la techumbre mudéjar al construirse bajo la misma una bóveda encamonada formada por tres tramos de aristas. De modo que la citada capa de pintura oscura sobre la decoración de los arrocabes hubo de aplicarse con anterioridad a esta fecha, cuando todavía eran visibles y en consecuencia podían afectar al efecto global de la ornamentación.

Por ello hay que deducir que el referido enmascaramiento de los arrocabes se realizó en un momento de la Edad Moderna, en el que la decoración medieval había quedado ya obsoleta y no se cohonestaba con el nuevo sistema de enlucido del templo, que habría sufrido una completa renovación. En mi opinión esta renovación ornamental del templo, que ocasionaría el ocultamiento de la decoración pintada de los aliceres, pudo tener lugar en torno a 1538, con motivo del asentamiento del retablo mayor y de la construcción del nuevo cimborrio, completándose tales dotaciones cor un sistema ornamental que confiriese a la vieja fábrica mudéjar de la catedral un aspecto más renaciente y al día desde el punto de vista del gusto artístico.

Como ya se ha dicho, la tercera intervención consistió en el completo ocultamiento de la techumbre mudéjar al edificarse las nuevas bóvedas de aristas bajo la misma en torno a 1700. Era el último episodio de una pérdida de función significativa y ornamental, que por otra parte ha condenado a tantas otras dotaciones sacras. De este modo la techumbre mudéjar permanecerá oculta durante dos siglos y medio, entre los albores del siglo XVIII y la inauguración de la catedral, una vez restaurada tras los daños sufridos durante la Guerra Civil, en el año 1953.

Aunque pudiera parecer contradictorio, este ocultamiento ha propiciado en buena medida la preservación de la techumbre mudéjar y, en todo caso, nunca generó su olvido monumental. Ya en 1869, según el informe de Paulino Savirón y Estevan, por donación del catedrático de la Universidad de Zaragoza don Pablo Gil y Gil fueron ingresadas en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid cuatro piezas procedentes de los despojos de la techumbre: un canecillo terminado en cabeza, dos tablas representando una aguadora y un judío y una roseta; precisamente el estudio artístico de este canecillo permitió a Torres Balbás datar la techumbre en la segunda mitad del siglo XIII, como se ha dicho.

Pero será a partir del movimiento cultural regeneracionista turolense a fines del siglo XIX cuando el interés y aprecio por la techumbre alcancen su zenit. Entre las diversas acciones, que van a culminar con la declaración de Monumento Nacional de las torres de San Martín y de El Salvador y de la techumbre de la catedral por Real Orden de 10 de marzo de 1911, merecen destacarse las notas y dibujos originales del pintor turolense Salvador Gisbert, el estudio de Mariano de Pano y Ruata basado en dichas notas y publicado en 1904, el informe del marqués de Monsalud de 1908 y el Catálogo Monumental de Juan Cabré, inédito, también con dibujos originales del mismo, de 1908 y 1909. Todo ello desembocará en el primer proyecto de consolidación y restauración de la techumbre de la catedral de Teruel, redactado en 1914 por el arquitecto valenciano Luis Ferreres, que no llegó a realizarse.

A partir de dichas publicaciones y de la consiguiente declaración de Monumento Nacional la historiografía (en particular Lampérez, Ráfols, Post y Lozoya) asume la valoración artística de la techumbre que, además, va a ser objeto de una doble campaña fotográfica, en 1932 y en 1935, por parte del Archivo Más de Barcelona. Estas fotografías del «Archivo Más» junto con los testimonios documentales y gráficos aportados por los regeneracionistas (en especial los de Gisbert y de Cabré) constituyen una fuente básica de contraste para el estudio de las pérdidas sufridas por la techumbre durante la Guerra Civil y de las transformaciones realizadas en las intervenciones posteriores.

REY. Salvo la identificación de los reyes bíblicos, David que lleva su atributo, el arpa, y Salomón, el resto de las propuestas de identificación de las imágenes de reyes con algunos monarcas aragoneses no parece sostenible. Aquí el rey se representa sentado, con corona y con cetro en forma de flor de lis en la mano izquierda.
REINA. Es segura su identificación como reina, representada de pie, con corona y con cetro en la mano izquierda, en forma de flor de lis. Otras dos representaciones de reinas en la techumbre son dudosas al haber sido muy alteradas.

Los daños causados por la Guerra Civil en el patrimonio mudéjar turolense son bien conocidos; de un informe del servicio de Protección del tesoro artístico nacional, editado por el gobierno republicano en Barcelona en 1938, se desprende la situación siguiente para la techumbre: “La Catedral había sufrido grandes daños, pero casi exclusivamente en sus partes modernas, sobre todo en las naves laterales, cuyas bóvedas estaban casi todas en el suelo. Igualmente se habían desprendido dos de las tres bóvedas modernas de la nave central, dejando al descubierto, como no se veía desde hace tres siglos, la magnífica armadura mudéjar. Ésta presentaba arruinado el tramo de los pies, y una de las alfardas del inmediato estaba perforada por un proyectil de obús: cuyas pérdidas las más sensibles en el Tesoro Artístico de Teruel, pueden evaluarse en menos de una sexta parte de la obra total. Lo único irreparable sería la destrucción de las tablas pintadas, pero cabe confiar en que aparezcan al realizar, con el cuidado que ya se ha previsto, el desescombro del templo.”

Los trabajos de apeo y de protección de la techumbre de la catedral fueron realizados desde finales de 1938 hasta julio de 1939. Unos años después, durante los veranos de 1943, 1944 Y 1945, según testimonio oral del arquitecto de Regiones Devastadas José María Galán, corroborado en parte por la documentación conservada en el Museo del Prado, se realizó la tarea de restauración de la techumbre, en la que intervinieron los restauradores del Museo del Prado Tomás Pérez y César Prieto, siendo a la sazón director de dicho Museo Francisco Javier Sánchez Cantón. Esta importante actuación consistió básicamente en la reposición de todo lo desaparecido así como en la restauración de lo conservado, afectando de manera sustancial a la autenticidad de la techumbre. Como ya se ha señalado, la catedral de Teruel pudo inaugurarse, renovada y consagrada, el 14 y 15 agosto de 1953, quedando vista en la nave central la techumbre restaurada, al haberse eliminado las bóvedas de aristas barrocas.

Con posterioridad, en el año 1987, el Instituto Central de Restauración de Obras de Arte (ICROA, luego ICRBC y ahora IPHE), según informe del arquitecto Sancho Roda, realizó una labor de protección de la techumbre contra humedades y xilófagos, hallándose entonces en los escombros sobre el almizate fragmentos rotos procedentes de la techumbre y una tabla auténtica, en la actualidad depositada en el Museo Diocesano de Teruel. Probablemente habían sido olvidados durante la intervención anterior auspiciada por el Servicio de Regiones Devastadas.

Finalmente, el Instituto del Patrimonio Histórico Español y bajo la dirección de Ana Carrassón ha procedido a una completa restauración cuyas obras finalizaron en 1999.