II. Elementos materiales y técnicos

La arquitectura cuenta con diferentes tecnologías que pueden darse aisladas o bien combinadas. Como decíamos antes, existe una arquitectura en madera, posiblemente una de las más antiguas, con una gran variedad de envigados, entramados y armaduras de cubierta, de la que tenemos muy buenos ejemplos en las construcciones orientales, en los templos chinos y japoneses de múltiples pisos; la textil, con el uso de cuerdas, estores, alfombras y entoldados; la de tapia, de fango o tierra sin cocer; la latericia o de piezas de alfarería, como el ladrillo, con estructuras típicas como son los arcos, las bóvedas, los tabiques, etc. que dio lugar a las magníficas construcciones del Próximo Oriente, donde nació el sistema de construcción abovedado; la pétrea, una de las más comunes en Occidente y tal vez la más conocida por nosotros, con sus diversos aparejos y su estereotomía; la metálica, de fundición, laminados o planchas, con sus sistemas de entramados y, entre las más modernas, la de hormigón, con toda una tecnología derivada de los encofrados, y la de plástico.

Los instrumentos o herramientas a utilizar en cada momento dependerán, obviamente, de la técnica constructiva a la que tengan que auxiliar y por ser demasiado prolija aquí su enumeración, haremos mención de algunos de ellos al tratar de los correspondientes materiales.

Materiales

Al comenzar este texto nos hemos referido a la preponderancia de los aspectos materiales y técnicos en la arquitectura. El material es una condición de existencia para todas las artes plásticas, si bien hay que señalar que, aun cuando es una condición necesaria, no es suficiente. El arquitecto, el artista puede elegir el material pero en ningún caso puede inventarlo; como dice René Berger, «La intervención del artista no alcanza a la naturaleza del material, sino al uso que hace de él.

La célebre frase de Mies van der Rohe «menos es más» parece resumir las características del Seagram Building de Nueva York. Torre de oficinas de treinta y nueve plantas, exteriormente está construida en bronce y cristal pardo, y en ella domina absolutamente la verticalidad, acentuada por el formato de las ventanas y de su estructura. En el Seagram, Mies van der Rohe logró la perfección mediante el uso de las formas puras, a través de un código especialmente reducido.

El material es considerado en función de su utilidad y esto deriva de las cualidades que aquél ofrece: plasticidad o propiedad de la materia que le permite adoptar una forma y conservarla, y resistencia u oposición activa del material a la acción del artista. El grado de plasticidad y el de resistencia varían de un material a otro. Así, por ejemplo, la resistencia de la madera es menor que la del mármol. Decimos de esta resistencia que es activa desde el momento en que manifiesta sus virtudes y, en cierta medida, impone su carácter al artista. De este modo, artista y materia —aquello a través de lo cual la forma se hace sensible— son artífices protagonistas en un grado de igualdad. Podemos hablar también de una cierta «simpatía» de los materiales o de cómo actúan sobre nosotros y nos transmiten estados de ánimo diferentes; así decimos que la madera es cálida y que el mármol es frío. En cualquier caso, en el arte y, en consecuencia, en la arquitectura, la materia no queda reducida a ser únicamente el soporte de una determinada forma. Potente y dócil a la vez, ofrece al artífice sus características para que, atendiendo a ellas, extraiga sus mejores posibilidades en su obra, siendo un factor básico a tener en cuenta al analizar aquélla.

El material arquitectónico cumple dos funciones: la constructiva y la ornamental. Tradicionalmente estas funciones han ido ligadas a la habitual clasificación de los materiales en «nobles» (mármol, madera…), que pueden ir vistos, que no precisan revestimiento que los oculte, y los «pobres» (ladrillo, hormigón…) que, a lo largo de la historia del arte, encontramos repetidamente camuflados bajo capas de estuco, mosaicos, ladrillos vidriados o placados de piedra.

Los materiales constructivos pueden ser clasificados según su origen. Así tenemos: 1. Materiales pétreos naturales (piedras de todo tipo); 2. Materiales pétreos artificiales (piedra artificial, cerámicas, vidrios…); 3. Materiales aglomerantes (cales y cementos) y aglomerados (hormigones); 4. Materiales metálicos (hierro, acero…); 5. Materiales orgánicos (madera, corcho…); 6. Materiales plásticos.

En la construcción de la escuela de Arte de Glasgow se utilizó la piedra de granito gris, propia de la región, en tres de sus fachadas y el ladrillo visto en la cuarta. El hierro y el vidrio están asimismo presentes en la obra de Mackintosh, especialmente en la fachada principal, en los grandes ventanales de los estudios, si bien él había afirmado siempre que el el vidrio y el hierro, a causa de su «carencia de masa», nunca llegarían a ocupar el lugar de la piedra en la construcción.

La piedra, mineral sólido y duro, de composición variable no metálico, pero que sí puede contener sales y óxidos metálicos, es un material de construcción tradicional utilizado desde tiempos prehistóricos y forma parte de los materiales pétreos naturales. Son adecuadas para la construcción todas aquellas piedras que por sus condiciones de compacidad y dureza son aptas para ser talladas. Existen muchas variedades, siendo las más habituales la arenisca, la berroqueña o granito y la caliza, entre otras. Para trabajarla se usa la maza y el pico de cantero si es blanda, y las cuñas y la sierra si es dura. Cuando está tallada en forma de paralelepípedo o prisma regular se llama sillar, si es pequeña y sólo tiene una o dos de sus caras talladas se denomina sillarejo y si es grande y únicamente está desbastada se la denomina bloque. El modo en que se disponen los sillares para construir un muro o cualquier otra parte de una edificación se conoce con el nombre de aparejo y puede ser de múltiples tipos; a soga, con todos los sillares dispuestos a lo largo, mostrando su lateral, también llamado aparejo de cítara; a tizón, cuando los sillares del paramento se colocan con su dimensión mayor perpendicular al paramento, llamado asimismo aparejo de llaves; inglés, aquel en que los sillares se colocan alternando las hiladas a soga y a tizón, correspondiéndose verticalmente las juntas; belga, sillares dispuestos en hiladas alternas a soga y a tizón, con una hilada intermedia a soga; isódomo, aparejo cuyos sillares son todos iguales y que fue utilizado con frecuencia en la Grecia antigua; pseudoisódomo, se diferencia del anterior porque alterna hiladas de alturas diferentes; poligonal, formado por piedras picadas en forma de polígono irregular; reticular, o aparejo típicamente romano, formado por piedras picadas cuya cara vista es cuadrada, pero colocada de forma vertical, a la manera de un rombo. Se denominó «opus reticulatum», etc.

Aparejo es la forma en que se distribuyen los sillares o ladrillos de un muro. Según la obra a la que va destinado, el aparejo tomará una u otra disposición, ajustándose al material, forma y proporciones. Según la disposición de los sillares diremos que están a tizón, cuando su magnitud mayor es perpendicular al paramento; a soga, cuando aquélla está dispuesta en paralelo al muro; a sardinel, cuando los sillares están asentados de canto y adosados por sus caras mayores, etc.

Entre los materiales pétreos artificiales se cuenta la propiamente denominada piedra artificial, muy usada en la construcción, de propiedades y aspecto análogo a algunas piedras naturales, formando bloques de hormigones compuestos de cemento y arena, gravilla, etc.

El ladrillo, situado también en este grupo, pertenece a la rama de la tejería o de los productos cerámicos que adquieren consistencia por procesos físicos como la cocción. Es una masa de arcilla cocida, en forma de paralelepípedo rectangular, que posee destacadas cualidades de resistencia, rigidez y duración. Existen multitud de variedades, bien sea atendiendo a su composición o a su forma. Entre las primeras podemos citar el ladrillo de cal y arena; el de armado, que incluye viguetas de hormigón; el flotante, de gran ligereza, fabricado con piedra pómez y cal; el refractario, resistente a la acción del fuego gracias a la utilización de arcilla refractaria; el silico-calcáreo, a base de arena y cal; el de vidrio; el esmaltado, etc. Clasificados por su forma podemos citar entre otros el ladrillo agramillado, de aristas vivas y caras rehundidas para alojar el mortero; el de cuña, para arcos, en forma de dovela; el hueco, que lleva en su interior canales prismáticos o cilíndricos; el moldurado, para la construcción de molduras o cornisas, etc.

Si bien el ladrillo ha venido siendo considerado un material modesto, ha demostrado ser, a lo largo de la historia de la arquitectura, un material capaz de afortunados logros tanto a nivel estructural (sistema de arcos y bóvedas) como a nivel decorativo. Ha sido utilizado como material de construcción, sin recubrimientos, en Mesopotamia, en etapas del arte hispano-musulmán (en Andalucía y Aragón), en algunos momentos del Barroco, durante el Modernismo, etc., y como material de recubrimiento, en su versión vidriada, en los grandes imperios del Oriente Próximo.

También el vidrio pertenece al grupo de los materiales pétreos artificiales, según la clasificación de Orus Asso, obteniéndose por la fusión de ciertos óxidos. Algunos tipos de vidrio son el vidrio laminado, el que después de la fusión y el refino se extrae entre dos rodillos formando una cinta continua que, posteriormente, pasa al horno de recocer para su solidificación; vidrio prismático, es el laminado, con una cara lisa y otra formando prismas paralelos; vidrio templado, es aquel que ha pasado por un proceso especial de caldeo y enfriamiento rápido, con lo que aumenta su resistencia a las roturas mecánicas y debidas a cambios de temperatura, etc.

Los materiales aglomerantes son aquellos que tienen la propiedad de adherirse unos a otros y se usan en construcción para unir los materiales, para recubrirlos o bien para formar pastas llamadas morteros u hormigones que pueden extenderse o disponerse en moldes, encofrados, que al secarse adquieren el estado sólido. Entre los más habituales figuran la cal, el cemento, el yeso, etc.

El primer aglomerante utilizado en la historia fue la arcilla y en los países cercanos al Mar Muerto (Asiria, Babilonia…), el betún. La cal, óxido de calcio, es una sustancia que al contacto con el agua se hidrata y que al mezclarla con arena forma la argamasa o mortero. El cemento es un compuesto natural o artificial formado a base de cal cocida y pulverizada.

Mezclando un aglomerante, hoy el cemento, con arena, grava o piedra machacada yagua, se obtiene el hormigón. Para darle forma se utilizan unos moldes de madera o metálicos, encofrados, dentro de los cuales se seca y adquiere las características de un bloque sólido. Estos bloques deben ser incluidos en el grupo de materiales aglomerados, materiales obtenidos por moldeo de una sustancia granulada. El hormigón ya se utilizó en Asia y Egipto. En Grecia existieron acueductos y depósitos de agua hechos con este material, y en Roma se empleó en la construcción de las grandes obras públicas. Antes del descubrimiento del cemento (siglo XIX) se usaban como aglomerantes las cales grasas e hidráulicas. Desde finales del siglo pasado, el hormigón se usa asociado al hierro, denominándose hormigón armado, especialmente utilizado en sus comienzos en la construcción de depósitos, puentes y obras de ingeniería. Una variante del hormigón armado es el hormigón pretensado, cuyas armaduras metálicas han sido previamente tensadas para que lo compriman. Otras variedades del hormigón son el apisonado, amasado con poca agua y que una vez colocado en la obra es sometido a un apisonado; el colado, de consistencia muy fluida, que puede deslizarse fácilmente; el de escoria, en el que, además de cemento se mezcla escoria de carbón de coque; de pómez, poco pesado, utilizado para rellenos muy ligeros, con gravilla de piedra pómez; plástico, de consistencia media, es el más usado en las construcciones en las que se utiliza el hormigón armado, entre otros.

Entre 1843 y 1850, Labrouste había construido en París la Biblioteca de Sainte Genviève, en la que se aplicaban por primera vez a un edificio público estructuras de hierro forjado, desde los cimientos a la cúspide. Aquí presentamos la que fue su su obra cumbre: el interior de la Sala de Lectura de la Biblioteca Nacional de París, en la que esbeltos arcos y altas columnas sostienen cúpulas de terracota con óculos o aberturas en su parte central.

Entre los materiales metálicos más utilizados en la construcción sobresale el hierro. Ya lo utilizaban los griegos como material auxiliar, (grapas para reforzar las uniones entre sillares o almas para unir los tambores de las columnas…), y durante el Renacimiento en forma de tirantes para reforzar las delicadas arquerías cuatrocentistas. Pero el uso sistemático del hierro llega en el siglo XIX, en el que materiales que en un principio sólo fueron considerados en función de su utilidad y estuvieron ligados al mundo de la ingeniería recibieron un nuevo tratamiento, una nueva consideración, que les confirió rango artístico. Los tipos de hierros utilizados en construcción son muy numerosos. Algunos de ellos son conocidos por el nombre del tratamiento que han recibido y que les confiere unas determinadas características, como el hierro galvanizado, el forjado, el fundido, el dulce…, o bien reciben el nombre de la forma que presentan y que determina la función que adoptan dentro de la construcción: es el caso del hierro doble te, del laminado, del hexagonal o del denominado Isteg, o hierro especial para el hormigón armado, que se forma torciendo sobre sí mismas dos varillas de hierro de sección circular.

Otro metal de gran uso es el acero, que lo utilizó por primera vez la Escuela de Chicago y desde entonces se usa con frecuencia, al igual que el aluminio, el cobre, etc.

Entre los materiales orgánicos hallamos la madera, el corcho, las cañas, las cuerdas… La madera es el principal material constructivo en aquellas regiones en las que la piedra escasea. Dada su abundancia, es muy utilizada en el norte del continente europeo, en los Estados Unidos y en Canadá, mientras que en el resto de los países occidentales su uso suele limitarse al entibado, a los andamiajes y a la carpintería. Sus niveles de plasticidad y resistencia la hacen fácil de trabajar y su carácter aislante sólo tiene una contrapartida en el peligro de incendios. Los tipos de madera utilizados en arquitectura, además de distinguirse por su origen, lo hacen por la forma en que han sido cortados o por sus características al trabajarlos. Así podemos hablar de madera de hilo, la que puede trabajarse por las cuatro caras; cañiza, la que tiene la veta a lo largo; de raja, la que se obtiene por desgaje en el sentido de las fibras; repelosa, la de fibras retorcidas… etc. Es sabido que los orígenes de la arquitectura son lignarios, así como conocida la versión que afirma que las formas pétreas de los templos griegos tienen su origen en las antiguas partes de los mismos realizadas en madera (columnas = troncos; triglifos = extremos de las vigas de madera; gotas = clavos…).

Resta una breve referencia a los materiales plásticos, los últimos en introducirse en el campo de la arquitectura. Son sustancias de origen generalmente orgánico, producidas por medios químicos, capaces de adquirir forma por el calor y la presión, conservándola después y alcanzando elevados niveles de resistencia mecánica. Existen dos clases básicas de plásticos: las termoestables, que una vez moldeadas por calor y presión no pueden volver a reformarse por el mismo proceso, y las termoplásticas, que sí permiten una nueva transformación. Estas características unidas al aislamiento térmico y acústico que pueden proporcionar, los hacen muy indicados para la construcción.

Entre los materiales utilizados habitualmente en la ornamentación hallamos los estucos y los enlucidos, las yeserías o yeso tallado, los mosaicos, las porcelanas, los placados de piedra o madera entre otros. Entre los revestimientos más sencillos debemos citar el estuco, material preparado con tiza, aceite de linaza y cola que se aplica como revestimiento decorativo, puesto que, una vez seco, puede tallarse, dorarse o pintarse. Una variedad del estuco es el de mármol, pasta formada con cemento, cal o yeso, colorante y cola que se utiliza para revestimientos que pretendan imitar el mármol. El enlucido es un revestimiento de mortero, de cemento o de cal que se aplica a muros y techos como acabado. Las yeserías son decoraciones talladas sobre una capa de yeso ya seca.

San MarcosDurante la segunda Edad de Oro del arte bizantino (ss. IX-XII) se construyó San Marcos de Venecia. Su planta es una cruz griega, con tres ábsides, y su cubierta presenta cúpulas de media naranja sobre cada uno de los brazos, sobre el crucero y sobre el nártex. El interior está totalmente recubierto de fastuosos mosaicos de fondo dorado, que evidencian una fuerte tendencia oriental y un gran interés por lo divino y lo espiritual en contraposición a lo humano.

El arte nazarí tiene en el palacio de la Alhambra — «La Roja» — su construcción más destacada. La Alhambra es un palacio fortificado construido en el centro de la ciudad. El núcleo del palacio está constituido por los denominados Cuarto de Comares, con los patios de Mexvat y de los Arrayanes, y Cuarto de los Leones, con el patio del mismo nombre y las salas de Abencerrajes y de Dos Hermanas. Se trata de una arquitectura realizada con materiales frágiles, estructuralmente débil que, gracias a la decoración en estucos, rica y bien trabajada, con lazos y atauriques en sus muros y mocárabes en las cúpulas, alcanza una gran belleza.

La porcelana china era bien conocida en la Europa del s. XVIII. Su mundo, imaginativo y libre de la ley de los estilos, que dominaba Occidente, subyugó rápidamente a las cortes europeas y todas ellas se apresuraron a imitar su arte. En la Península Ibérica, en Francia, en Alemania se imitan las formas chinas. Carlos III fundó en 1738 una manufactura de porcelana en Capodimonte, Nápoles, que trasladó al Buen Retiro, España, al subir al trono de este país. A esta fábrica pertenece el Gabinete de Porcelana del Palacio Real de Madrid, semejante a los existentes en Aranjuez o en Capodimonte, proveniente de Portici, cerca de Nápoles.

Sacristía de la Cartuja (1713). Granada: La paternidad de esta obra es aún discutida, barajándose los nombres de Francisco Hurtado, Teodosio Sánchez de Rueda, José Bada o un posible arquitecto de la generación anterior, pues si bien la obra fue autorizada en 1713, las yeserías no se iniciaron hasta 1742. Nos hallamos frente a un espacio revestido por una exuberante decoración en yeso blanco de gran efecto. Por su bajo coste y por la facilidad de elaboración los estucos fueron un elemento decorativo muy utilizado durante el barroco, tanto en Andalucía como en Aragón, zonas en las que la influencia del arte musulmán, con sus lecerías y atauriques, estaba muy presente.

Catedral SienaCatedral Siena. El material aparece, una vez más, como preeminente en la construcción arquitectónica. Aquí su valor más explotado, amén del constructivo, es el cromático: se han aprovechado las diversas tonalidades del mármol para, con su alternancia, conseguir un efecto de gran riqueza ornamental. La verticalidad de los soportes se atenúa por la horizontalidad de las franjas blancas y negras que, por otro lado, acentúan la profundidad de la perspectiva.

Lo dicho para el interior de la catedral de Siena puede aplicarse a la fachada de la Cartuja de Pavia. Aquí nos hallamos frente a una obra representativa del cromatismo propio del norte de Italia. La decoración de la Cartuja influyó decisivamente en los motivos decorativos del plateresco español.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX, con el advenimiento de una arquitectura más sincera, que no temía dejar al descubierto sus materiales constructivos, fuesen cuales fueren, los materiales decorativos mencionados se utilizaban únicamente con el fin de ocultar un material estructural o constructivo considerado como poco noble o conveniente.

En la elección de los materiales, el artista tendrá que considerar, además de las cualidades que lo hagan apto para la función a que se destine, el punto de acabado correcto que exige cada material, así como el grado y la calidad de la luz que incidirá sobre él. Éstas son consideraciones de cariz escultórico válidas para la arquitectura, en cuanto que ésta utiliza materiales que deben ser tratados en superficie como si de esculturas se tratara.

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