I. Introducción

Definición

La arquitectura se define comúnmente como el arte de proyectar y construir edificios o espacios para el uso del hombre, siendo considerada «arte» desde el momento en que conlleva una búsqueda estética. No obstante, las definiciones de arquitectura son tantas como teóricos y arquitectos las han intentado.

Situada sobre una cascada, la casa Kaufmann (1934-1936) está construida a partir de un núcleo vertical situado en la fachada posterior. De él salen en voladizo, gracias a un audaz uso del hormigón armado, una serie de volúmenes flotantes que se proyectan en el espacio. A nivel estilístico hallamos influencias del Cubismo y De Stijl. Esta obra, que se funde armónicamente con la naturaleza que la rodea, ha sido calificada como la última construcción romántica de Wright. La imagen permite captar los valores superficiales y volumétricos del edificio: se aprecia asimismo con claridad el juego de volúmenes en voladizo de la edificación.

Ya Vitruvio, en De Architectura (siglo I a.C.), señalaba como características de la arquitectura la firmitas, o seguridad a nivel técnico y constructivo, la utilitas, o función a que se destina, y la venustas o belleza que posee. Por su parte, Leon Battista Alberti, en De re aedificatoria (1450-1485), afirmaba que la arquitectura consistía en la realización de una obra de manera que el movimiento de los pesos o cargas y el conjunto de materiales elegidos, fuese útil al servicio del hombre. En el siglo XIX, Eugène Viollet-le-Duc consideraba que la arquitectura o arte de edificar constaba de dos partes igualmente importantes: la teoría y la práctica. Mientras la teoría abarcaba el arte, las reglas heredadas de la tradición y la ciencia que podía ser demostrada por fórmulas invariables, la práctica era la perfecta adecuación de la teoría a los materiales, al clima, a las necesidades que se pretendía cubrir en cada caso. John Ruskin, el autor de Las siete lámparas de la arquitectura (1849), especialmente preocupado por cuestiones socioculturales y económicas, definía la arquitectura como el arte de decorar y componer edificios cuya contemplación debía contribuir a la salud, a la fuerza y al placer del espíritu humano. De una manera más práctica y moderna, Sigfried Giedion definió la creación arquitectónica como la correcta aplicación de los materiales y de los principios económicos a la creación de espacios para el hombre. Dentro de esta variedad de definiciones del hecho arquitectónico, sobre cuyas interpretaciones más adelante nos extenderemos, no podemos dejar de mencionar la existencia de otras basadas en el aspecto semántico de la arquitectura.

En San Carlo alle Quattro Fontane (Roma), Borromoni utiliza formas cóncavas y convexas que se articulan en un muro ondulante, lo que da como resultado un espacio interior dinámico. La cubierta de este complejo organismo es una cúpula ovalada sobre un área de transición de pechinas. Los motivos del artesonado del interior de la cúpula, octógonos, hexágonos y cruces, disminuyen progresivamente de tamaño en dirección a la linterna, con lo que se crea una ilusión óptica de mayor profundidad. La luz proviene de dos puntos: de la linterna y de las ventanas situadas sobre el anillo ornamental que remata la cornisa que da paso a la cúpula: «de este modo, la cúpula, con su brillante blancura y su luz uniforme sin profundas sombras, parece estar suspendida sobre las formas sólidas y compactas del edificio en las que el espectador se mueve» (Wittkower). [Más imágenes]

Se deriva de estas definiciones que la arquitectura presenta ciertas peculiaridades que la diferencian de las demás artes. Un de ellas es la preponderancia de los aspectos materiales y técnicos. técnica constructiva es aquella parte de la arquitectura que se ocupa de la correcta utilización de los materiales en función de sus cualidades y de su naturaleza, de modo que cumplan satisfactoriamente las condiciones de solidez, aptitud y belleza. Las tecnologías con que cuenta la arquitectura son diversas y pueden darse solas o combinadas. Siguiendo a Alexandre Cirici, diremos que existe la arquitectura de madera, así como la textil, la de tierra cocida, la de piedra, la de ladrillo, la metálica, la del hormigón armado y, finalmente, la que utiliza el plástico y la fibra de vidrio, con las técnicas inherentes a cada una de ellas. a técnica constructiva de una sociedad depende, entre otras cosas, del nivel tecnológico que esa sociedad posea y de las necesidades que se pretendan cubrir en cada caso y que son, obviamente, variables según las épocas y las culturas.

En 1579, la Academia degli Olimpici de Vicenza decidió construir un teatro y en el año 1580, el arquitecto Andrea Palladio comenzó las obras que terminaron en 1585 bajo la dirección de Scamozzi. Su mayor curiosidad reside en el escenario perspectivístico en el que se representan cinco calles. Esta perspectiva es la plasmación plástica de las arquitecturas ilusorias iniciadas en el Quattrocento

El aspecto funcional es otra de las características diferenciadoras de la arquitectura. Que una arquitectura debe servir para aquello para lo que ha sido creada es evidente y será precisamente este aspecto funcional el que originará las múltiples tipologías de edificios según su finalidad.

Sin embargo, la paradoja surge al comprobar que, a pesar de su funcionalidad, que nos lleva a vivir en permanente contacto con ella, el lenguaje de la arquitectura parece ser el más desconocido, el más lejano para la mayoría de nosotros. La mayor dificultad radica en sus formas no figurativas, en su abstracción. En este aspecto, el aprendizaje al que nos ha sometido la pintura abstracta contemporánea resulta especialmente importante, por cuanto nos ha hecho comprender el valor intrínseco de las formas desnudas de significaciones figurativas. La arquitectura posee pues un sentido comunicativo, en el que se mezclan factores referenciales de todo tipo: religiosos, políticos, populares, históricos, etc.

Pero aun conviniendo en que la arquitectura sea el arte de diseñar y construir edificios, en que la preeminencia de los elementos materiales y técnicos y los valores funcionales sean características diferenciadoras, y en que posea un lenguaje formal abstracto susceptible de ser interpretado, no es en estos rasgos donde se halla su esencia. El elemento que verdaderamente caracteriza el fenómeno arquitectónico, diferenciándolo de las demás artes, es el espacio. Espacio interior que, definido por unos límites físicos —muros—, determina un volumen, al tiempo que posibilita la función arquitectónica y el recorrido interior del edificio. De es a posibilidad de un recorrido interior se desprende un nuevo factor: el temporal, el del tiempo invertido en la realización del mismo.

Estas características de la arquitectura conllevan graves problemas de representación y esto repercute, lógicamente, en el desconocimiento generalizado que se tiene de ella. Si no puede decirse que se conoce un edificio hasta que se ha experimentado su interior y analizado las relaciones de éste con el exterior, es evidente que nuestra experiencia arquitectónica es reducida. Las publicaciones sobre arquitectura utilizan planos de plantas, cortes transversales y longitudinales, dibujos de fachadas, perspectivas axonométricas, fotografías, etc., que, si bien constituyen poderosos auxiliares y cada uno de ellos posee reconocidos valores, resulta insuficientes para representar de manera satisfactoria el espacio e intentar sustituir la múltiple experiencia personal del edificio. Así, la planta de un edificio es una de las informaciones más valiosas que podemos poseer para juzgarlo puesto que además de permitirnos conocer su forma, nos comunica datos sobre el sistema de cubrición utilizado, pero quedan muchas incógnitas. Los cortes transversales y longitudinales nos proporcionan informaciones parciales acerca de la distribución interior del edificio, pero siempre de una manera fragmentaria, tal como ocurre con los dibujos de las fachadas. Estas representaciones frontales únicamente pueden reproducir dos magnitudes y no tienen posibilidad de representar de forma adecuada las diferentes cualidades de los materiales, ni la diversa incidencia de la luz sobre ellos, cualidades que fueron importantes para los arquitectos que las construyeron y que la fotografía sí tiene la potencionalidad de recoger.

Construida en ladrillo y terracota para un fabricante de estos materiales, la Casa Feilner presenta algunos invariantes de las construcciones realizadas a partir del lenguaje clásico: simetría, repetición de elementos, predominio de las superficies…Las representaciones frontales que sólo reproducen dos magnitudes, presentan inconvenientes evidentes. La imposibilidad de representar adecuadamente los volúmenes, así como las diferentes calidades de los materiales y la diversa incidencia de la luz sobre ellos, hace que la información que nos proporcionan resulte parcial, insuficiente.

Para el diseño de la planta de Sant’Ivo, Borromini recurrió, como en otras ocasiones, a la geometría del triángulo equilátero. En este caso superpone dos triángulos, uno de ellos invertido, formando un hexágono regular estrellado. Las plantas son uno de los medios de representación arquitectónica más útiles de que disponemos. A partir de ellas podemos juzgar el organismo arquitectónico, ya que nos permite conocer su forma, distribución y su sistema de cubrición.

El corte transversal de un edificio nos aporta una información válida, aunque fragmentaria, de la distribución interior de una construcción. En esta ilustración se evidencia la falta de especificidad de los espacios creados en las diversas plantas del Centre Georges Pompidou. Ha sido necesario construir otro edificio dentro del primer volumen estructural, a fin de proporcionar superficie mural suficiente y recintos adecuados para los servicios que el edificio estaba destinado a albergar: exposiciones artísticas, bibliotecas, centros de la documentación, etc. En la actualidad, a pocos años del veinticinco aniversario del edificio, se impone una renovación de su estructura, así como una reordenación de sus espacios.

Las perspectivas axonométricas, por su parte, enriquecen nuestro conocimiento de la arquitectura sujeto de estudio al darnos una visión volumétrica de la misma. Otros medios de representación arquitectónica son las maquetas tridimensionales y el cine. Las maquetas son útiles en cuanto que reflejan las relaciones volumétricas existentes en el edificio, tanto en su interior como, en ocasiones, con el exterior, pero engañosas respecto a la escala humana. El cine, por su parte, puede suplir al ojo humano y sus recorridos, con múltiples puntos de vista, en el interior del edificio.

La vista axonométrica brinda mayor información que el dibujo frontal de la fachada y que los cortes transversales o longitudinales del edificio por cuanto añade la representación volumétrica. Mackintosh alojó los espacios destinados a estudios en el cuerpo principal del edificio, que queda situado tras la fachada principal, compensándolo con otros volúmenes posteriores dedicados a biblioteca, museo, etcétera. El resultado final fue un plano en forma de «E» mayúscula.

Escuela de Arte (1869-1909). Glasgow

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