Corrida de toros [Toros en un pueblo]

Corrida de toros [Toros en un pueblo]
Hacia 1815-19
Óleo sobre tabla
45 x 72 cm
Madrid,
Museo de la Real Academia de
Bellas Artes de San Fernando,
núm. inv. 675

Esta tabla acerca de la suerte de varas forma conjunto con Procesión de disciplinantes (GW 967), Auto de fe de la Inquisición (GW 966) y Casa de locos (GW 968), cuarteto conservado completo en la Academia de San Fernando. Provienen todos de la colección madrileña del comerciante y Corregidor de la Villa bajo la dominación bonapartista Manuel García de la Prada, retratado por Goya entre 1805-1810 (GW 819 y 837), legación testamentaria realizada en 1836 que también incluyó El entierro de la sardina. Son cuadros de gabinete, de reducidas dimensiones, en los que Goya recrea «el capricho y la invención» de su arte tal como hiciera en la serie presentada, el 5 de enero de 1795, en la Real Academia de San Fernando: «once cuadros […] de diferentes épocas sobre las diversiones nacionales». Éstos también poseen reducidas dimensiones (43 x 32 cm.) y han sido ejecutados sobre hojalata, a lo largo de 1793, después de la grave enfermedad de 1792 que le dejará sordo para siempre. Ocho escenas muestran el proceso completo de la lidia: Apartado de los toros, El toro enmaromado o El gayumbo, Banderillas en el campo, Expulsión del público del ruedo, Pase de capa, La muerte del picador; Suerte de matar y Arrastre del toro.

Alrededor de un cuarto de siglo después y con una técnica más suelta, Goya incluye de nuevo una escena taurina en una reducida serie de su invención; de confirmarse la hipotética identificación con el inventario de pinturas del propio Goya en 1828, el conjunto se habría quedado sin vender ya fuera porque el pintor la guardara para sí o porque presuntamente no encontrara comprador. A falta de una cronología exacta de la pieza se ha datado la serie en torno a 1815-1819; probablemente fue pintada en proximidad a la ejecución de la Tauromaquia, dibujada y grabada entre 1815 y 1816, con la que guarda notables similitudes, especialmente con la estampa 27, El célebre Fernando del Toro, varilarguero, obligando a la fiera con su garrocha. La tabla muestra una meditada composición; la escena central se desenvuelve con gran claridad y muestra las distintas masas de color de los protagonistas (toro, caballo y picador, mozos de cuadrilla, etc.) eficazmente resaltadas en el centro de la arena y rodeados por un público apenas esbozado en el abigarrado fondo, cualidades ya experimentadas en las estampas de la Tauromaquia. El punto de vista del espectador se sitúa en un punto alto del tendido, de tal forma que puede contemplar las primeras filas de aficionados (colocados, con gran modernidad, de espaldas) al igual que todo el resto de la plaza y los edificios que se hallan al fondo. En esa forma de presentar la escena destaca el esfuerzo desarrollado por el artista aragonés para transmitir el sentido de la percepción de la distancia en la profundidad del campo visual (adviértase la nitidez del conjunto de figuras del centro y el perceptible «desenfoque» de los edificios del fondo, en concordancia con las leyes de la óptica divulgadas por los tratadistas a partir del siglo XVIII).

Ya en el exilio en París, en 1824, Goya ejecutó Corrida. Suerte de vara (GW 1672, J. Paul Getty Museum, Malibú, EE.UU.), primero de una serie de cuatro caprichos taurinos pintados por encargo de su amigo Joaquín María Ferrer; variación simplificada (y esenciada) del de la Academia. Un año después, en 1825, litografió la serie de los Toros de Burdeos.

Ricardo Centellas