El Coloso

El Coloso
Hacia 1808-1812
Óleo sobre lienzo
116 x 105 cm
Madrid, Museo del Prado

Esta obra aparentemente se encuentra en el inventario de cuadros que se repartieron entre Goya y su único hijo Javier, con motivo de la división de bienes a la muerte de Josefa Bayeu, esposa del primero y madre del segundo, en 1812. Más tarde pasó a la colección de Pedro Fernández Durán, quien la legó al Prado junto con una extensa donación en 1930, ingresando en el museo al año siguiente.

Es una de las obras más inquietantes, dramáticas, poéticas y misteriosas de Goya. Premonición de la guerra, o confirmación de la misma, augura tanto grandes desastres, como espantosas catástrofes. El inmenso cuerpo del gigante se yergue luchador por detrás de las colinas, envuelto en nubes, mientras una multitud huye despavorida y el ganado se escapa aterrorizado, contrastando con la inmovilidad de un asno y unos toros, símbolo quizá de la ignorancia de la tragedia que no comprenden. Se llama así por una mezzotinta de Goya que posee ese nombre. La ambigüedad de la imagen y su disposición detrás de colinas no permite conocer si camina o si está quieto, incluso enterrado hasta por encima de las rodillas, como aparecerán los protagonistas del Duelo a garrotazos, de la Quinta del Sordo.

Esta obra es un preludio de lo que pronto el artista va a multiplicar en las “pinturas negras”. El universo del último Goya se va ennegreciendo, y aparecen los temas sombríos y estremecedores, muchos de los cuales han debido perseguirle acrecentados por la sordera y su visión pesimista del mundo que le rodea. Semeja contraponerse, en tan enigmático lienzo, el tema escogido a la técnica, vivaz y diversificada, en la que emplea una gama tonal riquísima, que resalta sobre los abundantes negros, y aparece dada con espátula y excepcionales toques de pincel, llenos de vigor, rápidos y nerviosos pero plenos de precisión y energía.

El momento de realización puede oscilar entre el comienzo de la Guerra de la Independencia y el momento previo a la elaboración del catálogo de las pinturas familiares, fecha ante quem hay que establecer su ejecución. Se ha relacionado con unos poemas patrióticos de Juan Bautista Arriaza, publicados en 1808, Profecía de los Pirineos que describen cómo, de las montañas fronterizas entre España y Francia, surgiría un gigante, genio protector del reino hispano, que se opondría victorioso a los ejércitos del tirano Napoleón.

En cuanto a otras interpretaciones, Moreno de las Heras reúne un grupo de propuestas de índole múltiple que conviene resaltar, según críticos e historiadores: “López Vázquez y González de Zárate han realizado la lectura del lienzo tratando de interpretar el significado simbólico de los elementos que en él aparecen de acuerdo con la literatura emblemática. Según ésta, el gigante es imagen del príncipe ignorante y soberbio, por lo que lo han identificado con Fernando VII; las montañas subrayarían el mismo significado al asociarse éstas con los poderosos, y el asno, inmóvil en medio de la confusión, que Sánchez Cantón consideró clave de la lectura de esta obra, aludiría, según González de Zárate, a la nobleza inmovilista partidaria del absolutismo. Además de este estudio emblemático, la interpretación de El coloso se ha abordado casi siempre recurriendo a fuentes contemporáneas de Goya, tanto literarias como gráficas, al mismo tiempo que situándolo dentro del contexto de la propia obra del artista, la de sus contemporáneos y la época histórica en general. A este respecto, el estudio de Chan quizá sea el más rico en ejemplos sobre la utilización de la imagen del coloso en distintas manifestaciones artísticas durante los años de la Guerra de la Independencia y su relación con Napoleón en la sátira y caricatura política, sin olvidar tampoco el posible vínculo con la figura literaria de Gulliver. Sin embargo, tras la detallada presentación de estas posibles fuentes, es curioso cómo Chan llega a la conclusión de que el personaje mitológico de Hércules, tradicionalmente asociado a la monarquía española, es el punto de partida del coloso goyesco, que se levanta aquí contra Napoleón para imponer justicia.

Otros autores han señalado relaciones estilísticas con obras concretas. Por ejemplo, Clark ha apuntado cierta similitud entre el Torso del Belvedere y el aguatinta de Goya, donde el mismo coloso está sentado de espaldas, en la línea del horizonte. Manuela Mena indicó las semejanzas entre la pose original del gigante, que conocemos gracias a una radiografía de la pintura, con el Hércules Farnesio, cuya imagen difundieron por Europa las estampas de Goltzius.

Juan J. Luna.

NOTA: