La Triple Generación

La Triple Generación

La Triple Generación
Hacia 1760-1763
Oleo sobre lienzo
79 x 55 cm
Colección marques de las Palmas

Dado a conocer por Gudiol (1970, núm. 6) con el título Sagrada Familia, documentado entre los cuadros pertenecientes a Pilar de Alcibar, de una partición hereditaria registrada en 1867, donde figura con el número 8. Doña Pilar fue la segunda esposa del conde de Sobradiel, heredero a su vez de parte de los bienes de Juan Martín de Goicoechea, el prócer y amigo de Goya, quien le cita varias veces en su correspondencia con su íntimo Martín Zapater.

En cuanto a su título actual, asumido por Gudiol abreviado del que lleva en aquella partición de La Sagrada Familia y el Padre Eterno, es evidente que no corresponde con la escena representada, en la que vemos al Padre y a la familia de Nazaret, pero también al Paráclito, a San Joaquín y a Santa Ana. Así junto a Jesús Niño, Jehová y al Espíritu en su gloria, vemos a la Virgen y a sus padres y a San José, esto es la Triple Generación, tan en boga en la devoción cristiana postridentina.

La atribución de Gudiol, basada en tal procedencia y en la que supuso precedente, le indujo a datar esta obra hacia 1768-1769, que fue seguida unánimemente. Con motivo de su primera exposición en 1986 (Goya Joven, 1986), hacíamos en la correspondiente ficha del catálogo adelanto de tal fecha hasta 1764-1766, al poder precisar que el aprendizaje de Goya junto a Bayeu -que se había supuesto iniciado en aquellos años- había de adelantarse a 1763, de acuerdo con la propia declaración del pintor , si bien en aquella publicación hacíamos explícita nuestra opinión de que era una fecha conservadora, a la vista de los caracteres luzanescos que aparecían en ella y los aún evidentes del destruido relicario de Fuendetodos. En los diez años transcurridos desde entonces, nos parece que aún habría que atrasar tal data hasta 1760-1763, fechas documentadas como el período de cuatro años, iniciado a los trece de edad, que duró su estancia y escolaridad con José Luzán, según los datos facilitados por el propio Goya.

Es fácil apreciar actualmente aquella influencia, sin omitir las huellas rastreables en este cuadro y en el considerado su pareja La aparición de la Virgen a Santiago – de parecidas medidas y procedencia- del fresco que en la bóveda de la Santa Capilla del Templo del Pilar realizó Antonio González Velázquez en 1752, influencia reconocible también en la obra de Francisco Bayeu. No quiere con esto decirse que en este cuadro no esté patente y reconocible de manera terminante la personalidad arrolladora, aunque incipiente, del futuro Goya.

Si la figura del ángel que sostiene la nube sobre la que aparece Jehová es un fiel trasunto de la que lleva la columna en La venida de la Virgen a Zaragoza, obra de Luzán en la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País datable en fechas próximas a 1763, no es menos cierto que algunas de las cabezas que vemos en el cuadro de Goya, aunque aprendidas de Giaquinto, quizás a través de Antonio González Velázquez a quien visitó en Zaragoza en 1753, no sólo presentan una ejecución personal de Goya, sino que éste las conservará en su memoria y las transcribirá, con la evolución lógica de los años, durante toda su vida. Nos referimos especialmente tanto a la de Dios Padre, como a la de San Joaquín, – que se hallan idénticas en las pinturas subyacentes al haberse reutilizado los lienzos bajo la Celestina y su hija de la colección March y, lo que no es menos interesante, bajo el Bautismo de Cristo.