Retrato de Francisco Bayeu

Retrato de Francisco Bayeu

Retrato de Francisco Bayeu
Hacia 1786
Oleo sobre lienzo
112 x 84 cm
Museo de Bellas Artes
Colección de la R. Academia de San Carlos,
582. Valencia

Este cuadro, propiedad de la Real Academia de San Carlos de Valencia, fue donado a la misma por el grabador Benito Montfort en 1851.

Francisco Bayeu Subías nace en Zaragoza en 1743 y desde muy joven se inicia en la pintura, formándose en el taller zaragozano de José Luzán. Es hermano de los pintores Ramón y Fray Manuel Bayeu y cuñado de Goya. Se casó con Sebastiana Merclein, hija del también pintor zaragozano Juan Andrés Merclein. Desde 1763 se instala en Madrid, llamado por Mengs, primer pintor de Cámara, para ayudarle en la decoración del Palacio Real. Ese mismo año es nombrado académico de San Fernando; en 1765 a propuesta de Mengs la Academia le nombra Teniente-Director de Pintura y el 10 de abril de 1767 es designado por Carlos III pintor de Cámara. En 1788 se convierte en Director de Pintura de San Fernando y en 1795 director general de la misma, falleciendo en ese mismo año a la edad de 57 años víctima de saturnismo.

Este cuadro está pintado por Goya en 1786, el mismo año en que es nombrado pintor del rey junto con su cuñado Ramón Bayeu. Siempre se ha hablado de que este retrato sería el reconocimiento y el intento de una aproximación cordial hacia su cuñado después de una etapa de distanciamiento y rencillas.

Se sitúa Bayeu ante un gran bastidor, pincel en mano, dirigiendo su mirada hacia el espectador como si estuviera observando al modelo que debe plasmar. En cierto sentido, desde el punto de vista de la composición, es un cuadro convencional pues reitera la habitual representación del pintor ante el lienzo, con intención de identificarlo como el gran maestro de pintura que es.

La novedad está en la desaparición de los fondos; la figura se presenta sobre un fondo neutro de tonos oscuros con múltiples matizaciones que consigue destacar los volúmenes, en un magnífico efecto de corporeidad. Se trata de un efecto estético que busca centrar la atención sobre el personaje, eliminando todo lo accesorio para realzar su fisonomía y fundamentalmente su expresión. El tratamiento más detallado lo reciben el rostro, con un espléndido modelado que denota sus cuarenta y tres años y su fuerte carácter concentrado en la mirada, y la mano resuelta con suma naturalidad. En todo lo demás domina una pincelada muy suelta, no definida, alejada totalmente del dibujo. Indefinido queda el traje negro de “manolo” con sus mangas abullonadas, animado por los toques blancos del puño y la pechera. La camisa y la corbata se resuelven con absoluta libertad a base de luminosos empastes sobre blanco.

Ante Bayeu surge la diagonal de un gran bastidor que se proyecta más allá del cuadro, introduciendo este elemento de forma poco convencional. La estructura de madera y el lienzo claveteado sobre ella se van diluyendo a medida que se distancian del foco de luz. Predominio absoluto de los grises y los negros con los que se consiguen unos efectos de gran armonía y elegancia.

Se conoce una copia de este cuadro localizada en una colección particular británica, y una estampa de busto dibujada por Ascensio Juliá y grabada por José Vázquez en 1804 para la serie de Españoles Ilustres que editaba la Biblioteca Nacional.

Goya realizó otro retrato de su cuñado, El pintor Francisco Bayeu del Museo del Prado (núm. 721), a solicitud de su esposa Feliciana Bayeu al ocurrir la muerte de su padre en 1795. La concepción de ambos cuadros es completamente distinta, por lo que no cabe establecer relación alguna entre ellos. Parece ser que para este retrato póstumo Goya tuvo en cuenta el Autorretrato que actualmente se encuentra en una colección particular madrileña.

María Luisa Cancela Ramírez de Arellano.