Retrato de la Marquesa de Villafranca

Retrato de la Marquesa de Villafranca
1804
Oleo sobre lienzo
195 x 126 cm
Madrid, Museo del Prado, núm. inv. 2448

María Tomasa de Palafox (Madrid, 1780-1835) perteneció a una importante y acaudalada familia de la alta aristocracia, los Montijo, del linaje Palafox, de raigambre aragonesa. Recibió una magnífica educación, inusual para una mujer de su época, dirigida por su madre María Francisca de Sales Portocarrero, condesa de Montijo, una de las grandes ilustradas de su época, admiradora del arte de Goya, presidenta de la Junta de Damas de la Real Sociedad Económica Matritense (1787-1805), intelectual filojansenista, reformadora de las cárceles para mujeres y de las inclusas, casada en segundas nupcias con Estanislao de Lugo, director desde 1793 de los Reales Estudios de San Isidro de Madrid, el centro de enseñanza media más importante de la Península. En ese ambiente culto y muy refinado, no siempre parejo de la alta aristocracia, María Tomasa destacó como pintora, pose elegida por la aristócrata para ser retratada por Goya en 1804. Esa peculiar iconografía ya fue empleada de forma convencional por su cuñado Francisco Bayeu en el retrato de la aragonesa Mariana de Urriés y Pignatelli, condesa de Estepa. Las mujeres pintoras pertenecientes a las aristocracia española fueron varias y algunas recibieron altas recompensas honoríficas.

Casada con Francisco de Borja Álvarez de Toledo, XII marqués de Villafranca y duque de Medina Sidonia, en 1798, por su matrimonio era cuñada de la duquesa de Alba. Ese parentesco debió influir para que Goya retratase a la marquesa consorte. Aquél, a partir de su relación con la duquesa Cayetana, retrató a su esposo José Álvarez de Toledo, XI marqués de Villafranca (Museo del Prado), hermano del marido de María Tomasa Palafox, y a la madre de ambos, María Antonia Gonzaga y Caracciolo (Museo del Prado), viuda del X marqués de Villafranca. Con posterioridad a todos esos retratos, el aragonés pintó, probablemente en el mismo año (1804), el retrato de María Tomasa y el de su hermana Gabriela (1779-1820), marquesa consorte de Lazán (colección de los duques de Alba, Madrid). Diez años después aún habría de pintar a otro familiar, el retrato ecuestre del general José Rebolledo de Palafox y Melci, el héroe de los Sitios de Zaragoza (1814, Museo del Prado), primo segundo de María Tomasa. Se atribuye a Goya el retrato de Pedro Alcántara López de Zúñiga, XIV conde de Miranda del Castañar y X duque de Peñaranda (GW 28, Museo Lázaro Galdiano, Madrid), tío segundo de María Tomasa, realizado en 1774.

Goya ejecuta la modelo de forma un tanto teatral: sentada sobre un sillón tapizado con un damasco ocre mientras apoya los pies sobre un gran cojín, a modo de escabel. La marquesa parece contemplar concentrada a su esposo Francisco cuyo busto vestido de militar aparece pintado en un lienzo a la derecha de la noble dama; media entre el cuadro y la mano diestra que empuña un pincel grueso, una mesa auxiliar sobre la que apoya una paleta oval provista de aceitera y en la que se lee el nombre de la ejecutante; debajo asoman varios pinceles. En la mano izquierda, sobre el brazo del sillón, sostiene un tiento de pintor. La escena se produce en un interior sin decorar, donde sobre un fondo parduzco obscuro sobresalen en vivo contraste el retrato sin concluir del marido, dispuesto sobre un caballete (el cuadro dentro del cuadro, de cierto sabor velazqueño), y la figura sedente de la pintora elegantemente vestida con vaporoso traje talar de gasa blanca ceñido bajo el pecho, con amplio escote y con mangas, a la moda imperio; el pelo negro de la dueña está recogido aunque deja caer sobre la frente algunos rizos; sobre la coronilla aparece un pasador o diadema dorados. La pintora alcanzaría un año después de retratada por el de Fundetodos el nombramiento de académica de mérito de la de San Fernando (1805), institución a la que también perteneció su hermano el conde de Teba, probablemente también pintado por Goya (Viñaza, CLX). Lady Holland escribió de María Tomasa en su famoso diario de viaje que “se parecía mucho a su madre física y moralmente”, elogio ponderado después de calificar a la de Montijo como “dotada de un ingenio y talento descomunales”.

Ricardo Centellas.