Retrato de Leandro Fernández de Moratín

Retrato de Leandro Fernández de Moratín
1824
Óleo sobre lienzo
60 x 49,5 cm
Bilbao, Museo de Bellas Artes

En las cartas de Moratín se alude frecuentemente a Goya y sus amigos y se repite el comentario que el escritor hace de este retrato, en carta de 20 de septiembre de 1824 dirigida a Melón (Correspondencia con Juan Antonio Melón en Obras póstumas, Madrid, 1868) en la que escribe que «Goya quiere retratarme y de ahí inferirá lo bonito que soy, cuando tan diestros pinceles aspiran a multiplicar mis copias». El Moratín retratado por Goya en dos ocasiones (1799 y 1824) era hijo de Nicolás Fernández de Moratín, nacido en Madrid en 1737, muerto en 1780, poeta y autor teatral, que publicó el poema Fiesta de Toros en Madrid en alegres quintillas y otro poema, épico, sobre Las naves de Cortés destruidas, en relación con la llamada «noche triste» del conquistador. Fue también autor teatral, aunque en ello su fama no es comparable con la de su hijo, Leandro Fernández de Moratín, nacido en Madrid en 1760, amigo de Goya y uno de los mejores escritores del XVIII español y parte del XIX, ya que murió en 1828, el mismo año que el pintor. Moratín es uno de los mejores autores teatrales de la literatura española, en comedias deliciosas en que procura destruir prejuicios y corregir costumbres, tales como El sí de las niñas (derivada de Molière, pero con gracejo particular), El barón, El viejo y la niña y, en especial, La comedia nueva o El café, deliciosa sátira teatral española a la antigua. No menos únicas son La derrota de los pedantes, parodia de una epopeya a la antigua, con intenciones modernas, su estudio literario sobre Los orígenes del teatro español y un folleto irónico sobre el Auto de Fe celebrado en Navarra (Zugarramurdi) que sirvió de inspiración a su amigo Goya para sus temas de brujería. La correspondencia de Moratín es abundante y llena de noticias y gracias, y sus diarios, en especial de sus viajes por Francia e Inglaterra, están llenos de observación y de humor. Poseedor, pese a ser laico, de dos capellanías que le producían algunas rentas, Moratín quedó un tanto comprometido durante el gobierno en España de José Bonaparte. Ello le condujo, al regreso de Fernando VII, a Burdeos donde Goya se reuniría con él, falleciendo ambos en Francia en el mismo año de 1828. Aficionadísimo al teatro, al que acudía casi a diario en sus estancias en Barcelona, Londres y Burdeos, Moratín es el prototipo del escritor “ilustrado”.

Moratín legó a la Academia de San Fernando, de Madrid, su primer retrato por Goya, pintado en 1799, de busto, con fuerte claroscuro debido al fondo sombrío y a la casaca de cuello cerrado, que apenas deja asomar la corbata y las puntas del cuello de la camisa. Moratín alude a este cuadro en una breve mención de su diario, el 16 de julio de 1799: «A casa de Goya, retrato». El modelo lo legó a la Academia, en cuya colección ingresó el 2 de enero de 1829. Su aspecto juvenil, gallardo y elegante, desaparece en el retrato de 1824, aunque éste venza al juvenil en hondura y sentimiento. Es un retrato de un amigo, a quien se conoce desde hace ya muchos años y en el que se destaca lo humano y lo advertido del modelo, ya no bello ni elegante, pero en plena madurez intelectual, con un levísimo brillo de ironía en su mirada y una vestimenta doméstica. Notable es la mano, que se posa en el escritorio, precisamente por su absoluta naturalidad.

Julián Gállego.