Retrato del canónigo Ramón Pignatelli

Retrato del canónigo Ramón Pignatelli
Hacia 1790/91
Oleo sobre lienzo
79 x 62 cm
Colección duquesa de Villahermosa

Goya debió regalar este apurado trabajo, previo al gran retrato del personaje, a su amigo Martín Zapater y Clavería; en consecuencia, a mediados del siglo pasado lo poseía su sobrino nieto Francisco Zapater y Gómez a quien le pudo llegar por herencia familiar. Resulta, por tanto, lógico pensar que a la muerte de éste fuese adquirido por los duques de Villahermosa que lo incorporaron a su extensa colección.

Se trata de un estudio preparatorio de busto prolongado para el retrato del modelo, en pie, destinado a conmemorar el importante papel jugado por él en la construcción del Canal Imperial de Aragón. Fue realizado en 1790/91 con motivo de la conclusión de tan magna obra pública y pasó a la familia Pignatelli. Después de haber estado en su poder fue llevado a Italia según el Conde de Viñaza y allí fue vendido, desapareciendo su rastro. Ansón Navarro apunta que tal vez su destino fue otro, permaneciendo hoy en una colección madrileña. No obstante, se cree que Goya realizó otro para el Canal Imperial, copiado por Lalana en 1821 ya que habría sufrido graves daños en la Guerra de la Independencia.

Sea lo que fuere acerca del gran lienzo definitivo, el presente goza de un gran interés para quienes desean conocer la producción goyesca en la tierra que vio nacer al artista. Ramón Pignatelli de Aragón y Moncayo nació en Zaragoza en 1734 y murió en la misma ciudad en 1793. Fue hijo tercero del matrimonio formado por el conde de Fuentes y la marquesa de Mora y Coscojuela. Se educó en profundidad y amplitud siendo miembro del Cabildo Metropolitano de Zaragoza y llegando a rector de la Universidad cesaraugustana. Se ocupó de impulsar el territorio de Aragón por el camino de la economía y la cultura y para ello fue Protector del Canal Imperial, fundó la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País y se dedicó a mejorar las condiciones de vida de muchas personas con obras de caridad, en su calidad de regidor de la Casa de Misericordia. De su dedicación al Canal el conde de Toreno escribió: “Reunía en sí todas las calidades necesarias para dirigir una obra de esta naturaleza por su inteligencia universal, laboriosidad, constancia y sublimidad de ideas”.

El presente lienzo describe unas facciones de líneas vigorosas, expresión concentrada y carácter pleno de vitalidad, ejemplo para las personas de su época por lo que tuvo de prototipo de clérigo ilustrado, incurable emprendedor y gestor activo, más que erudito estudioso. De hecho, se advierte que prefirió la práctica a la teoría. Muestra unos cuarenta y seis años de edad; la mirada es impositiva y escrutadora, propia de un hombre impulsivo y poderoso, contrastando tan fuertes precisiones con la flaccidez de la papada y los músculos descolgados del rostro. Viste de negro según era preceptivo por su condición de eclesiástico y lleva prendida al pecho, en su lado izquierdo, la cruz de la Orden de Carlos III.

La hondura psicológica con que aparece representado el personaje es bastante notable, no obstante tratarse de un estudio preparatorio, lo que abona la teoría de que Goya es más directo en obras de esta tipología que en los grandes lienzos definitivos. Tanto la precisión y el detenimiento con que ha sido ejecutado como el gusto por los detalles son proverbiales en la mejor producción del maestro aragonés. El conde de la Viñaza debió referirse a esta obra en 1887, consignando que estaba por entonces en manos del sobrino nieto de Zapatero

La Real Academia de San Luis de Zaragoza, para su concurso de 1801, en la Tercera Clase, sección de grabado, impuso el dibujo y grabado de la efigie de Pignatelli como ejercicio para los participantes, siendo ganado por José Dordal.

Juan J. Luna.