Retrato del Infante don Luis de Borbón

Retrato del Infante don Luis de Borbón
1783
Oleo sobre lienzo
49 x 40 cm
Colección de los duques de Sueca

El infante Don Luis de Borbón (1727/1785), hijo de Felipe V y de Isabel de Farnesio, fue hombre interesado, a la par que por la caza, por el mundo de la cultura de su tiempo y no sólo, como comúnmente se pensaba, por haber sido uno de los primeros personajes que creyó en Goya encargándole sus efigies y las de su familia. Recibió una esmerada educación en su juventud, heredó de su madre el gusto por las artes plásticas y fue promovido a los ocho años a las dignidades de arzobispo de Toledo y de Sevilla, accediendo también al cardenalato más tarde. Tiempo después, careciendo de vocación, renunciaría a cargos y prebendas. Vivió rodeado siempre de artistas y trabajaron para él músicos como Boccherini, arquitectos como Ventura Rodríguez y pintores como Luis Paret y Alcazar y Charles-]oseph Flipart, entre otros.

Pudo haber sido rey a la muerte de su hermanastro Fernando VI sin sucesión, pero su hermano Carlos, abandonó el reino de Nápoles y ocupó el trono con el nombre de Carlos III. No obstante su poder, siempre este monarca mantuvo apartado a don Luis, e incluso le condenó a un alejamiento oficial de la corte de Madrid por diferentes cuestiones de moral (?) que también afectaron al pintor Paret y Alcazar y a unos servidores, enviados al exilio a Puerto Rico. La enemistad del severo y desagradable padre Eleta (“Alpargatilla”, en razón de su peculiar calzado, para quienes le detestaban, que eran muchos), confesor de Carlos III, determinó la condena con más fuerza.

Además, don Luis se casó en 1776 con una dama noble aragonesa, doña María Teresa de Vallabriga y Rozas, la cual no siendo ella del rango digno de unión matrimonial con un miembro de la familia real, dio oportunidad a Carlos III para tenerles más lejos, en principio en Velada, después en Cadalso de los Vidrios y, desde 1779, en Arenas de San Pedro, en donde el matrimonio se estableció sin posibilidad de frecuentar la corte o los Sitios Reales. Fueron padres de las futuras condesa de Chinchón y duquesa de San Fernando, así como del cardenal arzobispo de Toledo, don Luis María de Barbón.

En el catálogo de pinturas de las propiedades familiares en Boadilla del Monte, aparece este cuadro con el número 34 y hay una copia en la colección Miraflores de Madrid y otra en la de los marqueses de Casa Pontejos. Más que un cuadro en sí mismo es un estudio preparatorio para la figura del infante en el gran lienzo que Goya pintó de la familia rodeada por sus servidores (Fundación Magnani-Rocca, Corte di Mamiano, Parma).

Es un lienzo (y no tabla como a veces figura por error en los catálogos) muy bien conservado y ejecutado con gran acierto y precisión en los detalles, no obstante su carácter de trabajo previo para un lienzo de grandes dimensiones. Tanto el rostro como el aire cansado y algo amargo que domina están conseguidos a la perfección, con gran economía de medios. El personaje viste casaca sobre la que destacan el cuello blanco, con chorrera de encaje y hebilla dorada sujetándolo; sobre el pecho lleva la banda azul con ribetes blancos de la Orden de Carlos III y debajo la roja del Toisón de Oro. El perfil del rostro, las carnaciones y la breve peluca empolvada están logrados con excepcional maestría; detrás, casi imperceptible, se advierte el lazo azul oscuro de la coletilla. El fondo, neutro, permite destacar con fuerza la cabeza en la que brilla con acentuada finura el único ojo aquí visible, de un azul intenso, al cual el pintor, en un supremo esfuerzo de caracterización de su modelo, intentó dotar de transparencia.

Juan J. Luna.