Los soportes

Desde la antigüedad el hombre ha tenido la necesidad de expresar sus sentimientos, sus anhelos, sus creencias, sus mitos, recordar sus cosas, su paisaje, su casa, creando composiciones plásticas que fueran la formulación de estos fines. Las paredes de las cuevas, tanto en el interior como en el exterior, se convirtieron en los primeros soportes de la pintura. Altamira, Mas d’Azil, Lascaux, Cogul y Valltorta son algunos de los conjuntos que mejor se han conservado.

Cueva de Lascaux. Francia

La madera ha sido, a lo largo de la Historia del Arte, uno de los soportes más utilizados, juntamente con la tela. La madera la encontramos ya en la antigua Roma y en el mundo egipcio, siendo sin embargo en el Medievo cuando más se utilizó en retablos, frontales, altares… El Renacimiento incorporó progresivamente el lienzo, que se consolidó a partir del siglo XVII, aunque Rembrandt y Rubens utilizaron a menudo el soporte de madera. Cennini se refiere a la tabla cuando dice que «ante todo debe estar hecha de esa madera que se llama álamo blanco -y debe ser la mejor- o bien de tilo o de sauce». Aparte de las citadas por el tratadista, son empleadas las maderas de castaño, ciprés, abeto y caoba. Actualmente se emplean tablas contrachapadas consistentes en tres, cuatro o cinco chapas de maderas finas prensadas, encoladas y unidas por ambas caras. Muchas obras que utilizan el soporte de madera están pintadas en realidad sobre un lienzo unido de antemano a la tabla. Para Cennini éste era el método más idóneo, ya que recogía las ventajas de ambos métodos.

La tela es el soporte más común en pintura. Las telas más empleadas son las de lino, cáñamo, mezcla de lino puro para pequeños y medios formatos, y el cáñamo para cuadros de mayor extensión. La superficie de la tela ha de recibir una imprimación o base sobre la que se aplicarán los materiales. Entre las telas también se utilizan, aunque más raramente, seda, tapiz, terciopelo, raso, satén…

El tercer soporte, en cuanto a importancia, es el muro. Dejando aparte la pintura sobre la roca de la época prehistórica, ya comentada, cabe citar dentro de la pintura mural la utilización de dos técnicas pictóricas que desarrollaremos en el capítulo siguiente: fresco y temple. De las pinturas del antiguo Egipto, pasando por el arte minoico y etrusco, llegamos a la pintura griega y romana, de la que conservamos pocos ejemplos. Sin embargo, la gran eclosión se da en el mundo románico, apareciendo con fuerza en el último gótico -Giotto, capilla Scrovegni en Padua- y a lo largo del Renacimiento. Un sentido grandilocuente del lenguaje sobre el muro y el techo aparecerá en el mundo barroco, siendo Tiépolo uno de sus grandes artífices. El óleo sobre tela unida al muro -en el caso de las pinturas negras de Goya- y las experimentaciones de Leonardo, son dos ejemplos de utilización del soporte con técnicas no tradicionales.

La pintura ha utilizado otros soportes: el cobre es uno de los más usados. En el siglo XVII flamenco existen buenos ejemplos de pinturas en pequeño formato y acusado preciosismo. El latón y el cinc cumplen funciones similares. La pizarra, el mármol y el marfil son raros, al igual que el vidrio y el cristal. El plástico y el cuerpo humano -pintados o tatuados- cierran la relación de soportes propiamente dichos. El pergamino tiene, sin embargo, una gran importancia en la iluminación, que cultivada por griegos y romanos llegó a su máximo apogeo en la Edad media, juntamente con la miniatura.

El cartón puede ser empleado, convenientemente preparado, para la pintura, pero generalmente se usa, junto con la cartulina, para el dibujo y técnicas afines, al igual que las tablillas egipcias, láminas lisas, calcáreas o de terracota, hojas de papiro y de palma.

Papel

Sin embargo, el soporte idóneo del dibujo es el papel. Comúnmente se utiliza el papel de lino, sobre todo el de tina, apreciado por su calidad y mayor resistencia a los frotados del pincel, esponja y rascado de las cuchillas. El de algodón absorbe excesivamente los colores, en el caso de la acuarela y gouache, haciéndoles perder transparencia. El color usual es el blanco, aunque ya en el Renacimiento -como recoge Cennini- se conocían los colores pardos, índigo y rojizo. El azul fue muy utilizado por los artistas venecianos, lombardos y boloñeses del siglo XVI. En el siglo XVIII se emplearon por Wateau y Boucher los papeles grises, marfil y gamuza.

La textura del papel es importante, por cuanto su elección depende del tipo de obra realizar, en función de la técnica.

Igualmente el papel es el soporte idóneo para una de las dos superficies necesarias en el proceso de impresión o estampación aunque en ocasiones se ha utilizado también la tela, generalmente seda. En cuanto al soporte de la primera superficie, la que corresponde a la imagen a transmitir, varía según la técnica empleada. Puede ser madera -boj, peral…-, linóleo, metal -cobre, plomo, cinc-, piedra, generalmente calcárea, y la malla o trama -organdí, nylon, poliéster, mallas sintéticas…