Ramón Acín

Retrato de Ramón Acín (ca. 1930)

Indice (artículos publicados en la extinta Revista Trébede, número 75-76, mayo-junio de 2003):

  1. Los tres ochos tendidos de Ramón Acín Aquilué. Por Francisco Carrasquer, escritor.
  2. Una trayectoria artística interrumpida. Por Concha Lomba Serrano. Universidad de Zaragoza).
  3. Ramón Acín en Nueva York. Por Antonio Fernandez Molina, escritor y pintor.
  4. A través de la prensa. Por Miguel Bandrés Nivela, licenciado en Bellas Artes.
  5. De la utopía a la realidad. Por José María Azpíroz Pascual, historiador.
  6. Entre amigos. Ramón Acín y sus contemporáneos. Por Jose D. Dueñas Lorente, Universidad de Zaragoza.
  7. La cultura de la memoria republicana. Por Nicolás Sesma Landrin, Residencia de Estudiantes.
  8. Nuestro maestro. Por Sebastián Gertrúdix Romero de Ávila, maestro, investigador y escritor.
  9. El recuerdo imposible. Por Joaquín Monrás Sender, periodista.
  10. El renacer del artista silenciado. Por Víctor Pardo Lancina.
  11. La «palomica» que escapa de la cárcel. Por María Jesús Buil, directora sala de exposiciones.
  12. La poesía luminosa y feroz de Sol Acín. Por Mercè Ibarz, escritora y periodista.
  13. En memoria de Ramón Acín. Por Rafael Sánchez Ventura (texto publicado en la revista Aragón, nº 2, México, enero de 1944)
  14. Cronología Ramón Acín. Por Jesús Lou y Emilio Casanova. Cineastas-Documentalistas.
  15. Textos de Ramón Acín.

Fuente fotografías:

DVD Ramón Acín. La línea sentida. Dirección del proyecto y coordinación: Emilio Casanova y Jesús Lou. Gobierno de Aragón, 2004.

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14 de diciembre de 2004:

En este día Katia Acín Monrás dejo este mundo para unirse a su padre y a su madre, fusilados ambos en 1936 por las hordas fascistas. No pudo asistir al sentido homenaje celebrado en Huesca hace tan solo dos días pero en su corazón pervivirá, ya para siempre, la satisfacción de ver recuperada la memoria perdida de unos padres íntegros, honrados y comprometidos con la libertad. Descanse en paz.
Miguel Moliné Escalona.

Descanse en paz

Katia Acín murió el 14 de diciembre de 2004, tan sólo dos días después del homenaje a su padre. María Jesús Buil, amiga de la famila Acín, nos deja aquí su despedida:

La vida, —que a veces pega duro— nos depara también momentos extraordinarios, magnificas oportunidades que nos reconcilian con el ser y premian nuestro acontecer diario, generalmente plagado de incertidumbres y perplejidades.

Uno de los hechos que inscribo en este capítulo —intensamente gratificante, extraordinario— ha sido mi amistad con Katia Acín Monrás. Estar con ella, escuchar sus proyectos, compartir ilusiones, cada vez que se acercaba a Huesca, desde su estudio en Altafulla, se había convertido en los últimos años en una constante.

pajaritaSu tremenda vitalidad, ya cumplidos los ochenta, nos hacía creer que ese milagro de plenitud creativa, al que había llegado en sus grabados se iba a plasmar en otros campos expresivos: escultura, pintura, en los que últimamente se estaba adentrando. Creíamos en una Katia eterna. El terrible zarpazo de una enfermedad rápida y letal nos ha dejado, en este frío diciembre, sin su presencia física.

Katia, – que durante muchos años, por circunstancias de sobras conocidas, respondió al nombre de Ana María -, vivió experiencias terribles en aquel agosto de 1936, – primeros días de la guerra -, sucesos que la apartaron de su profunda vocación por el arte. Esbozos, dibujos y pinturas trazados bajo la sabia tutela de Ramón Acín, su padre, quedaron relegados al olvido o fueron destruidos, en aquel momento pareció oportuno quemarlo todo me confesó un día. Acabó siendo, me consta, una magnífica profesora de Historia. Quienes tuvieron la suerte de asistir a sus clases, dentro y fuera de Aragón, la siguen recordando.

Katia Acín (ca. 1935)

Llegada la jubilación como docente, su abandonada vocación se impone. Katia entiende que le quedan proyectos por cumplir y se siente con fuerzas para alcanzarlos. Se examina e ingresa en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona. En 1993 obtiene la licenciatura y se especializa en grabado.

Han sido once años de fructífera e intensa labor creativa, no me cabe ninguna duda de que su obra se acrecentará con el paso del tiempo. Pero lo que por encima de todo nos quedará de ella, a cuantos tuvimos la suerte de contar con su amistad, es el recuerdo de un ser humano excepcional que supo seguir viviendo apartando el rencor y sin olvido. Que amó la vida por encima de todo y nos demostró con su ejemplo que es posible mantener las ilusiones hasta el último aliento.

Katia, llena de vida, ha muerto. Descanse en paz su cuerpo. Su presencia, su calor, a cuantos intensamente la conocimos, nos acompañará siempre.

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