La cultura de la memoria republicana

Jaca, julio de 1936. Pocos días después de producirse el fallido golpe de Estado que daría comienzo a la guerra civil, un grupo de falangistas destroza a martillazos, en un zaguán del Ayuntamiento de la ciudad, unos relieves en escayola que, listos para ser fundidos en bronce, estaban destinados a completar el monumento que la ciudad había decidido levantar a la memoria de los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández. Finalizaba así la historia de del proyecto diseñado por el artista oscense Ramón Acín, quien, apenas un mes después, el 6 de agosto de aquel sangriento verano, moriría ejecutado por las autoridades del nuevo orden nacionalista.

relieve
Relieve en escayola para el monumento en Jaca a los capitanes Galán y García Hernández. 1933-36. El monumento fue destruido al comenzar la Guerra Civil.

La historia de un monumento como el dedicado a los capitanes sublevados en diciembre de 1930 contra la monarquía de Alfonso XIII se inserta dentro de la reflexión sobre el uso del arte conmemorativo como práctica cultural dirigida a la utilización política de la imagen, a la transmisión de unos determinados valores y a la estimulación de lealtades por parte de la opinión pública de un país.

La escultura conmemorativa pronto se reveló como una de las fórmulas más eficaces en la conformación de una determinada cultura de la memoria, que servía de marco para la construcción de la identidad socio-política de una comunidad, a la vez que funcionaba como vínculo de conexión con un pasado, generalmente idealizado, que quería tomarse como referencia en el inmediato presente.

Referentes simbólicos

En este sentido, la joven República, instaurada en España en 1931, no fue ajena a ese proceso de construcción de una serie de mitos e iconos, referencias y modelos al servicio de la consolidación y legitimación del nuevo régimen, en los que la sociedad naciente podía reflejarse e identificarse emocionalmente. Esta dimensión era tanto más urgente para la II República cuanto que su advenimiento llevaba aparejado la sustitución de las legitimidades propias del sistema de la Restauración, entre las que se destacaban la dinástica y, en gran medida, la religiosa.

Dentro de este intento de sustitución de lealtades, el peso iconográfico de Galán y García Hernández fue realmente significativo, quizá debido a que tampoco la República contaba con excesivos referentes simbólicos a los que apelar. Ambos capitanes fueron inmediatamente incorporados al callejero de diversas ciudades; su imagen, reproducida hasta la extenuación en medallas, carteles, fotografías o estampas; incluso se llegó a proyectar el traslado a Madrid de sus restos para ser enterrados bajo el arco central de la Puerta de Alcalá.

El mito de los capitanes presentaba unas características definidas. Por un lado, y en línea con la tradición cultural republicana, se servía de un vocabulario cargado de valores éticos, sentimentales y hasta religiosos -sacrificio, mártires- aunque puestos ahora al servicio de nuevos objetivos políticos, como la igualdad social o la democratización del sistema. Por otro, se trataba de un referente de carácter claramente popular, y, por lo tanto, difícilmente trasladable al lenguaje institucional., como había demostrado el relativo «fracaso» tanto de Fermín Galán. Romance de ciego, obra de Rafael Alberti estrenado en el Teatro Español en junio de 1931, como de la película Fermín Galán, dirigida por Fernando Roldán, estrenada en el cine Royalty de Madrid en el primer aniversario de la sublevación jacetana.

A pesar de esta dificultad, las autoridades republicanas no podían renunciar a la potencialidad movilizadora del mito de Galán y García Hernández. Numerosas fueron las iniciativas monumentales destinadas a honrar su recuerdo. Entre ellas destacó la proyectada por Ramón Acín para la ciudad de Jaca. Dicho proyecto contaba con una doble dimensión emocional; por un lado, el lugar dónde iba a construirse era el mismo en el que se había producido la sublevación, la «cuna de la República»; por otro, su autor había sido uno de los participantes en ese mismo acontecimiento.

Enrique Vicién, en su obra La II República en Jaca, ha descrito el proceso por el cual el proyecto pasó del escultor zaragozano Ángel Bayod a Ramón Acín, y de cómo, a pesar de que ya se encontraba en marcha desde 1933, la construcción del monumento sufrió constantes retrasos a causa de la militancia anarcosindicalista de Acín.

En su proyecto, el artista oscense demostraba dominar el lenguaje intencional propio de los monumentos públicos y resolvía con maestría el reto formal e ideológico del encargo. Acín diseñó un conjunto escultórico de carácter neocubista, formado por una escalinata coronada por un gran relieve que representaba a Galán arengando a sus hombres, flanqueado en un plano inferior por otros dos relieves, inicialmente formados por dos alegóricas figuras femeninas que, en composición simétrica, señalaban en un globo terráqueo la ciudad de jaca. Acín modificaría posteriormente estas representaciones laterales, modelando finalmente sendos relieves de atléticas figuras femeninas recostadas. La destinada a la parte derecha incluía las tres estrellas representativas del grado de capitán, y la de la izquierda una paloma de alas desplegadas, en clara metáfora de la importancia de la sublevación para el pacífico advenimiento de la República.

Galán y García
Maqueta de cartón, desaparecida, del monumento a los capitanes Galán y García Hernández en Jaca

A la manera de un nuevo David, Acín presentaba a Fermín Galán como el Marat de la revolución española. Al retratarlo durante el significativo momento de la arenga a los sublevados, instante máximo de tensión, el autor buscaba la inquietud, la admiración y el agradecimiento de un espectador conocedor del fatal desenlace del acontecimiento. Esta vinculación emocional se reforzaba por el hecho de que muchos de los ciudadanos de jaca habían sido partícipes directos del momento representado.

La identificación entre monumento y público se lograba igualmente por la propia concepción de la obra, situada a la entrada del actual Paseo de la Constitución. El libre acceso a la escalinata y a los relieves producía una fuerte interacción entre el conjunto escultórico y el público, al tiempo que provocaba una gran sensación igualitaria y de cercanía entre el pueblo y el héroe, muy alejada de la transmisión jerarquizada y autoritaria que provocaban los pedestales característicos de la escultura conmemorativa decimonónica.

Sin duda, Acín deseaba que el monumento a los capitanes sirviera no sólo como expresión de unos determinados valores de esfuerzo y sacrificio por la libertad atribuidos a los sublevados de Jaca, sino también como fuente activa de los mismos. Como advertía Acín a las autoridades oscenses, ante la perspectiva de realización de un nuevo proyecto de homenaje a Galán y García Hernández, «luego se os juzgará no por las piedras que amontone el bizarro artista (…) sino por los hechos que vosotros hayáis ido amontonando, si están o no en consonancia con el espíritu de la libertad y con el de Galán».

El lugar destinado al emplazamiento del monumento pronto se convirtió es un espacio político de socialización. En su escalinata -finalizada a principios de 1936- se llevaban a cabo, por ejemplo, las paradas militares organizadas por las autoridades republicanas. En esa misma escalinata se retrataron durante la campaña electoral de febrero de 1936, los militantes de los partidos que integraban el Frente Popular de la ciudad. Estas fotos serían posteriormente utilizadas durante la guerra civil para la identificación y fusilamiento de muchos de esos militantes, en una triste continuación de la desgracia que pareció perseguir al monumento a los capitanes que, junto a su autor, quedarían sumidos en el olvido.

Sirva este trabajo, junto a otros empeños actuales, para la recuperación de nuestra memoria perdida.

Por NICOLAS SESMA LANDRIN, Residencia de Estudiantes

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Bibliografía:

  • J. Álvarez Junco, “Los amantes de la libertad: la cultura republicana española a principios del siglo XX” en N. Townson (ed.), El republicanismo en España (1830-1977), Madrid, Alianza Editorial, 1994, págs. 265-292.
  • J. M. Azpíroz y F. Elboj, La sublevación de Jaca, Zaragoza, Guara Editorial, 1984.
  • M. García Guatas (dir.), Ramón Acín. 1888-1936, Huesca-Zaragoza, Diputación Provincial de Huesca y Diputación Provincial de Zaragoza, 1988.
  • E. C. Gómez, La insurrección de Jaca. Los hombres que trajeron la República, Barcelona, Escego, 1996.
  • E. Vicién, La II república en Jaca (1931-1936). Una época diferente, Barcelona, Envima, 1998.
  • E. C. Gómez, El eco de las descargas, Barcelona, Escego, 2002.
  • C. Reyero, La escultura conmemorativa en España. La edad de oro del monumento público, 1820-1914, Madrid, Cátedra, 1999.