Nuevo emplazamiento

La ermita de la Virgen de Alfindén en su nuevo emplazamiento. Jesús Moliné Labarta.

La devoción a la Virgen de Alfindén ha estado bastante arraigada entre los fieles de La Puebla de Alfindén. Entre mis recuerdos de niñez, está la Fiesta, el 25 de marzo. Muchos se desplazaban hasta la Ermita en ese día. Los acólitos acompañábamos al Párroco, D. José Gimeno Bríos, revestidos con nuestras túnicas y sobrepellices; algunos fieles acompañaban también al Párroco, que cantaba el himno latino Ave Maris Stella. La mayoría iban caminando en otros momentos, siempre con el tiempo suficiente para participar en la Santa Misa; algunos lo hacían en galeras debidamente engalanadas, cantando, rezando y riendo.

Con el paso del tiempo, el viejo edificio se iba deteriorando. Como amenazaba ruina, se pensó en otro lugar donde colocar la imagen de la Virgen. Fue el momento de pensar en otro lugar más cercano para poder ir a la Ermita con mayor facilidad. El Ayuntamiento ofreció un terreno en Los Royales Altos. Los aspectos legales de este acto demoraron en su culminación, sin que ello impidiera la construcción de la nueva Ermita.

El traslado de la imagen de la Virgen de Alfindén se hizo en Marzo de 1952. Fue llevada por un grupo de fieles, no muy numeroso, presidido por el Párroco. Se le colocó en el Templo Parroquial, en el lado izquierdo -junto al confesionario- del altar del Santo Cristo, como reforzando la presencia de María junto a la Cruz redentora de su Hijo. Comenzaba el “vía crucis” para la construcción de la nueva ermita.

Atrás quedaban otros recuerdos como las visitas espontáneas que niños y adultos hacíamos a pie o en bicicleta hasta la “Ermita”-no había otra, ya que la de Santa Engracia había desaparecido hacia mitad del siglo XIX-; como las peregrinaciones personales que hacían las señoras embarazadas pidiendo un feliz alumbramiento, rezando la novena, cuyo texto único pasaba de mano en mano. Había que ir a pedir la llave a la ermitaña, la Sra. Encarna, de la que colgaba un pequeño cuerno unido por una cadena. Si no se tenía la llave, las puertas tenían dos pequeñas ventanas -como la actual- por las que se veía la imagen y rezar a la Virgen.

Recuerdo también la rogativa que se hizo hacia 1948, pidiendo la lluvia, pues no había agua para los cultivos. Se llevó en procesión hasta la Ermita el busto de San Gregorio -entonces considerado patrono de los agricultores-, a hombros de cuatro hombres con los pies descalzos, que pisaban en los puntos más dolorosos en actitud penitente. Fue un acto de intensa devoción.

La decisión de construir en firme se tomó con la llegada del nuevo Párroco, D. Vidal Francés Carneo, en Junio de 1954. Se constituyó una Junta Parroquial, formada por varios hombres, cuyos nombres no recuerdo. Para financiar las obras, la Parroquia organizaba cada año una o dos tómbolas -los fieles donaban los regalos y ellos mismos compraban luego los boletos-, rifas, se pidió a los residentes fuera del pueblo, etc. Todos deseaban tener pronto su Ermita y darle un templo honroso a la Virgen de Alfindén.

La construcción estuvo a cargo del maestro de obras D. Andrés Val Franco y sus hijos. No recuerdo bien el nombre del arquitecto que diseñó el edificio. Se inauguró el 2 de abril de 1956. Fue una gran fiesta. Muchísimos fieles participaron en el traslado de la imagen desde el Templo Parroquial hasta la nueva Ermita, todos querían estar cerca, algunos habían venido de otros lugares para acompañar a la Madre en ese día de fiesta. En el último tramo del trayecto -la subida-, la imagen fue portada a manos de los cuatro sacerdotes naturales del pueblo: D. Félix Lacambra, D. Mariano Huguet, D. Antonio Alcolea y D. José (P. Juan) Amorós. Un sacerdote delegado del Sr. Arzobispo de Zaragoza, varios sacerdotes de pueblos vecinos, el Ayuntamiento en pleno, presidido por su Alcalde, D. Emiliano Labarta Lisón, y otras autoridades, un grupo numeroso de seminaristas de Zaragoza, acompañaban también en esa procesión. La Misa de Angelis fue cantada con mucho fervor por todos los participantes. La Sra. Encarna, la antigua ermitaña, ahora estaba de nueva, iba de un lado para otro animando a todos con sus cantos y plegarias. Fue un gran día para la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de la Puebla de Alfindén.

A partir de esa fecha, se sucedieron las procesiones, las misas, las visitas personales o en grupo a la Virgen de Alfindén; se fueron haciendo algunos arreglos tanto en el interior como en los exteriores de la Ermita. Dejo para quienes viven ahora en La Puebla el testimonio de la devoción.