Miércoles, 16 de noviembre de 2005

Si ya es difícil seguir la tramitación de una ley, aún resulta todavía más complicado analizar una Ley Orgánica como la de educación (592KB) De momento, se han presentado casi mil quinientas enmiendas a un proyecto que consta de 154 artículos, veintidós disposiciones adicionales, trece disposiciones transitorias, una disposición derogatoria y ocho disposiciones finales ¡Casi nada!

No obstante, todo parecerse reducirse a la asignatura de religión, los colegios concertados y la elección de centro. No quiero restar importancia a tales cuestiones pero, personalmente, preferiría titulares e informaciones sobre problemas tales como la situación de los maestros, el fracaso escolar o el compromiso de los padres con la educación.

Sí; he escrito maestro porque, a diferencia del término profesor, su significado se extiende más allá de la mera enseñanza de conocimientos. Dadme el maestro —decía Giner de los Ríos en una de sus más conocidas acotaciones— y os abandono el edificio, las instalaciones, la organización, los programas..., todo lo demás. Pero lejos de mimar tan importante figura, la sociedad la ha desposeído de toda significación, convirtiéndola en un mero funcionario que cumple con su trabajo de forma rutinaria. A su pesar, claro. Porque nadie puede negar que, de su vocación, surge la abnegación de quienes, día a día, intentan «educar» a nuestros hijos. Les exigimos ejercer la autoridad, mantener la disciplina, requerir esfuerzo a los niños y jóvenes educandos,... pero ¿y en el seno de la familia? ¿participamos de esas ideas o las dejamos colgadas a la entrada de casa como si fueran prendas de quita y pon?

Tengo delante de mi el último número de la Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, un monográfico, cuyo título lo dice todo: "Bournot Burnout en profesores: recientes investigaciones". ¿Están quemados? Pues sí y nadie les puede culpar. La investigación, basada en principios de intercambio social, argumenta que el bournot se produce «por una falta de reciprocidad; por un desajuste entre inversiones y resultados. Los profesores quemados se caracterizan por haber dado demasiado durante demasiado tiempo y por recibir demasiado poco a cambio». La solución no es sencilla y ni una u otra ley podrá remediar la situación si no se logra la comunidad entre padres, maestros y poderes públicos. Por desgracia, el camino emprendido dista mucho de ello.