Jueves, 6 de Abril de 2017

En los algo más de cien años de historia del jazz muchos y muy buenos han sido los pianistas que han ido alcanzando una cierta notoriedad tanto entre los expertos como entre los propios músicos o entre los aficionados. Algunos han destacado por su técnica impecable y su virtuosismo ante el teclado. Otros por el sentimiento y la profundidad que eran capaces de incorporar a cada frase o por la capacidad de encontrar siempre nuevos senderos por los que llevar las melodías ya conocidas. Otros por su ritmo imparable o su swing contagioso. O por su carisma escénico, su simpatía o por mil otras cosas.

Muchos, por suerte, han sido los grandes pianistas que han surcado la historia de esta música y cada uno ha destacado por una virtud, pero sólo uno las ha reunido todas, absolutamente todas, en su persona. Ese pianista es Oscar Peterson. Una auténtica leyenda en un mundo, el del jazz, plagado de leyendas.

Oscar Peterson es el único pianista que ha sabido asumir en su forma de tocar toda la historia del jazz, desde los primitivos pianistas de rag time de los primeros días hasta los músicos más contemporáneos, construyendo uno de los más sólidos puentes entre el boogie woogie, el swing y el be bop. Y todo sin desdeñar nunca las influencias positivas llegadas de otros estilos musicales, como la música brasileña o la música clásica europea. En el toque de Oscar Peterson pueden encontrarse las mejores trazas de nombres clásicos, como Art Tatum (el gran maestro de maestros, muy a su pesar), James P. Johnson o Teddy Wilson, o creadores posteriores (casi contemporáneos suyos), como Bud Powell, Erroll Garner, George Shearing o, sobre todo, Nat King Colé (que además de como pianista le influyó también como cantante, aunque Peterson casi nunca ha querido lucir en público sus dotes vocales).

El párrafo anterior no debería llevar a la falsa conclusión de que la forma de tocar de Oscar Peterson no es más que una acumulación más o menos ordenada de influencias. Todo lo contrario: el pianista canadiense ha bebido de todas esas fuentes y ha sabido asimilar las bondades de cada una de ellas para crear una personalidad musical diferente a cualquier otra, un estilo totalmente propio, rompedor aunque nunca revolucionario. Un estilo de esos que se identifican ya con los primeros acordes y que ni siquiera sus discípulos más aventajados han sido capaces de imitar.

Puede sonar a tópico, pero es una de esas verdades indiscutibles del mundo del jazz: sólo Oscar Peterson es capaz de sonar como Oscar Peterson. Sencillamente irrepetible y terriblemente contagioso. No hace falta ser un impenitente aficionado al jazz para dejarse seducir por la magia de su toque. La música de Oscar Peterson es como una fina tela de araña que atrapa sin remedio a cualquiera que pase por allí con los oídos (y el espíritu, por supuesto) bien abiertos.

Y este disco es una de las mejores demostraciones posibles de que todo lo anterior es una verdad indiscutible. Una selección de lo mejor que el pianista canadiense grabó entre 1968 y 1971 para la discográfica alemana MPS, probablemente la mejor época creativa de su larga y dilatada carrera. Y, además, con un añadido positivo: la selección de los temas aquí incluidos ha sido realizada por el propio Oscar Peterson.

Miquel Jurado

Reunion Blues:

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