Martes, 8 de mayo de 2018

En febrero, Justo Gallego cavó su propia tumba, literalmente, en la cripta de la iglesia que ha estado construyendo ahí, ladrillo por ladrillo, desde principios de 1960.

Gallego, de 91 años, recientemente cambió de residencia; se mudó de la casa de unos familiares al entorno más espartano del templo que ha construido. Quiere asegurarse de que morirá en el lugar que se ha convertido en su misión de vida.

“Mi vocación me ha traído a este lugar y aquí es donde estoy preparado para mi calvario, al igual que Jesucristo, quien nos enseñó a sacrificarnos por los demás”, comentó Gallego, mientras arrojaba madera a una estufa de su rudimentaria habitación, ubicada al lado del altar y donde duerme sobre un tablón sin colchón.

Tal vez Gallego esté listo para enfrentarse a la muerte, pero algunos de los residentes de este poblado temen lo que podría ocurrir con su extraordinario proyecto sin él. Gallego nunca ha contado con un permiso de construcción ni financiamiento público, pero se las ha arreglado para erigir un edificio emblemático en su poblado de 23.000 habitantes en las afueras de Madrid. Seguir leyendo …