Jueves, 17 de mayo de 2018

Joseph Wachira, de 26 años, consuela a Sudán momentos antes de que falleciera. Ami Vitale—National Geographic Creative
Joseph Wachira, de 26 años, consuela a Sudán momentos antes de fallecer. Ami Vitale—National Geographic Creative

El pasado mes de marzo murió Sudán, el último macho de la subespecie de rinoceronte blanco del norte (Ceratotherium simum cottoni). En realidad, no son blancos sino grises pero una confusión audio-lingüística hizo que se quedara con ese nombre: los colonos holandeses lo bautizaron “widje” (por ancho) pero los británicos, siempre tan suyos, entendieron “white” (blanco) cuya pronunciación es similar.

Sudán nació en 1972 en el país del mismo nombre, pero tres años más tarde fue enviado, junto a otros tres ejemplares, a un zoo de la República Checa. En 2009 fueron devueltos a África, a la reserva natural de Ol Pejeta (Laikipia, Kenia), con la finalidad de que se reprodujeran. En estos momentos, solo sobreviven dos hembras —su hija y una nieta—.

Aunque se conserva semen congelado de Sudán y se podría poner en marcha un plan de fecundación en vitro, lo cierto es que la variabilidad genética de las dos únicas supervivientes es tan pequeña que su recuperación como especie es casi una quimera.

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