Noviembre de 2019

Thomas Strogalski: Nature takes over (Island of Maui, Hawaii)
Thomas Strogalski: Nature takes over (Island of Maui, Hawaii)

No deja de sorprender la capacidad de las personas para abandonar cosas de lo más variopinto y en los lugares más extraños del mundo, incluidas islas paradisíacas. El fotógrafo Thomas Strogalski viajó a la isla de Maui (Hawái) para realizar un trabajo cuando descubrió algo realmente sorprendente. Coches, autocaravanas, camiones y máquinas abandonadas por doquier bajo un manto de plantas y árboles. A la Naturaleza no le importó tener compañeros tan extravagantes y acabó por envolverlos con su manto. Thomas estuvo allí y lo fotografió.

Urna de incineración, cerámica realizada a mano, necrópolis del Pi de la Lliura (Vidreres, la Selva), Bronce final, 1100-850 a. C.
Urna de incineración, cerámica realizada a mano, necrópolis del Pi de la Lliura (Vidreres, la Selva), Bronce final, 1100-850 a. C.

El homo sapiens ha inhumado o incinerado a sus muertos desde hace miles de años. Con el paso de una vida nómada a una sedentaria llegaron cambios sociales muy importantes. Uno de ellos fue el trato dado a los muertos. Surgen las necrópolis y el ritual funerario adquiere relevancia. Algunas, como las egipcias, datan del siglo XXVII a. C. y son obras arquitectónicas realmente extraordinarias.

Pero solo en algunos lugares se alcanzó tal grado de complejidad. En España los asuntos mortuorios eran mucho más sencillos, incluso muchos años después de que se construyeran las pirámides egipcias. Veamos por ejemplo el nordeste español y en concreto la necrópolis del Pi de la Lliura (Vidreres, Gerona) que cuenta con dataciones radiométricas que sitúan su inicio entorno al 1000 cal. a.C. (1080-960 cal a.C.). Estamos en la época denominada «Bronce Final».

Enterramientos durante el Bronce FinalSe trata de una necrópolis de incineración constituida por 77 enterramientos en fosa. Los cadáveres se quemaban en espacios ad hoc situados en la la propia necrópolis (ustrina o busta) a temperaturas de entre 600 y 800 grados, después los huesos resultantes eran triturados para reducir su volumen y depositados en el osario cerámico, junto a los elementos metálicos si los había, y cubiertos con una tapadera. Los osarios cerámicos están decorados con las técnicas del acanalado y la incisión, en el estilo que se denomina comúnmente de tipo Campo de Urnas; el metal, aún muy escaso en estos momentos, consiste principalmente en agujas de sujeción del vestido y navajas de afeitar. Colocado el conjunto en la fosa de enterramiento, se cubría ésta con tierra y piedras y se señalizaba con una estela (ver figura).

Los enterramientos de incineración fechables en el Bronce Final ponen de manifiesto que los ajuares y ofrendas son en extremo limitados; la mayor parte de los sepulcros contienen únicamente el osario y sólo un porcentaje muy restringido cuenta con algún objeto de metal (navajas de afeitar, pinzas y objetos de adorno). La estructura de las tumbas es también de una gran simplicidad, pues se limita a una fosa donde se deposita el osario y, en los contados casos en que los hay, el resto de elementos de acompañamiento del enterramiento.

El panorama de las necrópolis del Bronce Final del nordeste indica, en definitiva, una sociedad con pocas diferencias sociales, si bien hay que señalar dos aspectos relevantes. En primer lugar, la presencia de metal en algunas tumbas, un bien muy preciado en estos momentos, parece apuntar a una incipiente desigualdad y, por otra parte, los tipos metálicos presentes en las tumbas indican que la distinción se establece en función no sólo de la posesión y posibilidad de amortizar piezas metálicas sino que en vida se ciñe sobre todo al aspecto físico de las personas: los elementos ornamentales personales (brazaletes, etc.), los ítems relacionados con el vestido (agujas) y las navajas de afeitar, que posibilitan una distinción significativa en el aspecto de las personas, así lo sugieren. En segundo lugar, merece la pena resaltar que, si bien, como ya hemos dicho, el aspecto de los enterramientos es bastante igualitario, hay que tener en consideración que el propio derecho a ser enterrado en la necrópolis y a ser objeto de las prácticas rituales correspondientes parece constituir ya de por sí un elemento social diferencial: en general, dicho derecho se circunscribe a los adultos, raramente se encuentran enterramientos infantiles y, por otra parte, algunos indicios permiten sugerir que no toda la población adulta tenía tal derecho, como de manera clara se documenta más tarde, por ejemplo en las pequeñas necrópolis bajoaragonesas de cista excéntrica de la Primera Edad del Hierro.


Fuentes:

  • Celestino Pérez, Sebastián (coord.), La Protohistoria en la península ibérica, Ediciones Akal, 2017.
  • Figura: E. Pons, A. Solés [dirs.] [2008], La necrópolis d’incinerado deI Pi de la Lliura-Vidreres, Ajuntament de Vidreres, Departament de Cultura, Generalitat de Catalunya, Museu d’Arqueologia de Catalunya, Gerona.
  • Imagen urna: Museu d’Arqueologia de Catalunya, Gerona.

Hoy vamos a ver un método muy sencillo para evitar que en el área de administración aparezca el aviso de que hay una nueva actualización de WordPress. Me refiero en concreto a ocultar lo que aparece en la parte superior de cualquier página de la mencionada área y que vemos en la siguiente imagen:

Ocultar aviso actualización WordPress

El truco que vamos a aplicar es posible porque WordPress presenta un «hook» cuya función es administrar precisamente ese aviso y que se encuentra en el archivo «admin-filters.php» (wp-admin/includes):

add_action( 'admin_notices', 'update_nag', 3 );

Y la solución, por tanto, no es otra que remover dicha «action». Para ello, añade el siguiente código al archivo «functions.php» de tu tema activo o a tu plugin personal:

//Ocultar mensaje actualizacion
function hide_wp_update_nag() {
remove_action( 'admin_notices', 'update_nag', 3 );
}
add_action('admin_menu','hide_wp_update_nag');

No obstante, este truco no impedirá que en el menú «Escritorio – Actualizaciones» sigue apareciendo el aviso, tal y como vemos en esta otra imagen. Solo eliminará el aviso del resto de páginas.

Juan Carreño de Miranda (1614-1685): El duque de Pastrana, ca. 1666.Juan Carreño de Miranda (1614-1685): El duque de Pastrana, ca. 1666.
Óleo sobre lienzo, 217 x 155 cm.
Madrid, Museo Nacional del Prado, P-650


El retratado es don Gregorio de Silva y Mendoza (1640-1693), duque de Pastrana y de Estremera, príncipe de Mélito y de Éboli y conde de Saldaña; viste ropa negra con golilla y porta la venera de la orden de Santiago, que le fue concedida en 1666. En 1693 año de su muerte, obtuvo el Toisón de Oro. Fue personalidad de significación e influencia política en la corte de Carlos II.

En este retrato parece tener entre veinticinco y treinta años. Si pensamos que al obtener la orden de Santiago tenía veintiséis cabe suponer incluso que se pintase en fecha inmediata a su obtención.

El personaje, de cierta ostentosa displicencia, se muestra al espectador de pie, mirando de frente, con la fusta en la mano derecha y la izquierda apoyada en la cadera, junto a la llamativa cazoleta de la espada. Un paje o criado semiarrodillado junto a él parece ajustarle la espuela al pie derecho. Detrás, un palafrenero prepara un caballo blanco, ricamente engalanado con cintas y lazos azules en las crines.

La severa figura del duque, de perfil rómbico y casi frontal, se ve así orlada con una especie de movimiento envolvente, por los elementos coloristas y dinámicos, que prestan al conjunto un carácter inequívocamente barroco. La riqueza de tonos, desde los dorados del traje del servidor arrodillado hasta la mancha clara del caballo y las ligeras transparencias del paisaje —deudor una vez más de la tradición veneciana—, hacen del lienzo uno de los conjuntos más suntuosos y, a la vez, elegantes y contenidos de toda la pintura española de su tiempo.

Nada semejante puede señalarse en los retratos de Velázquez, indudablemente más severos, incluso los que, como los de los cazadores, se muestran al aire libre, fuera de la seriedad de los salones cortesanos. En esta ocasión Carreño se ha inspirado en el Van Dyck de la etapa inglesa. Sólo con los retratos de Carlos I de Inglaterra, cazador, con servidores, caballos y palafreneros en el espacio abierto del bosque o el jardín, puede establecerse un adecuado paralelismo.

El pintor español asimiló perfectamente la refinada y un tanto artificiosa elegancia van-dickiana, y así ha sido unánimemente reconocido por la crítica.

La identificación, hoy plenamente aceptada, la propusieron en 1919 Allende Salazar y Sánchez Cantón. Hasta entonces se le había mencionado simplemente como «caballero de Santiago».

Se conocen algunos otros retratos del personaje. El propio Carreño lo retrató años más tarde en un retrato de busto, hoy en propiedad particular madrileña y aparece también en el Auto de fe en la Plaza Mayor de Madrid de Francisco Rizi (Madrid, Museo Nacional del Prado) y en La adoración de la Sagrada Forma de Claudio Coello en la sacristía del Escorial.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

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2. Reflexiones: ¿Está la libertad sobrevalorada?. José Antonio Marina es filósofo, escritor y pedagogo. Acaba de publicar Historia visual de la inteligencia.
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5. Cataluña: Susote y Pinker. Arcadi Espada.
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9. Ideologías: Los 12 libros necesarios para el estallido de una revolución de derechas. Cristian Campos.
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Imagen de un coral antes y después de ser procesada la imagen por el algoritmo Sea-thru
Imagen de un coral antes y después de ser procesada la imagen por el algoritmo Sea-thru

Los arrecifes de coral se encuentran entre las formaciones de vida más complejas y coloridas de la naturaleza. Sin embargo, fotografiarlas con sus colores reales es tarea casi imposible. Incluso las aguas poco profundas absorben y dispersan selectivamente la luz en diferentes longitudes de onda y ello dificulta, por ejemplo, la aplicación de procedimientos automáticos para identificar y clasificar especies a partir de las imágenes submarinas.

Pero un nuevo algoritmo llamado Sea-thru, desarrollado por la ingeniera y oceanógrafa Derya Akkaynak, elimina la distorsión visual causada por el agua. Su aplicación podría ser de gran utilidad para los biólogos que necesitan ver los verdaderos colores debajo de la superficie. Akkaynak y el ingeniero Tali Treibitz, su asesor postdoctoral en la Universidad de Haifa en Israel, detallaron el proceso en un artículo presentado en junio en la Conferencia «IEEE Conference on Computer Vision and Pattern Recognition».

Claudio Coello (1642-1693): Doña Nicolasa Manrique, ca. 1690-1692Claudio Coello (1642-1693): Doña Nicolasa Manrique, ca. 1690-1692.
Óleo sobre lienzo, 82 x 61 cm.
Madrid, Instituto de Valencia de Don Juan


La retratada, según extenso rótulo que lleva el lienzo al dorso, es doña Nicolasa Manrique de Mendoza, condesa de Valencia de don Juan, duquesa de Nájera, esposa de don Beltrán Vélez de Guevara, nacida en 1672 y, como afirmaba su contemporáneo el genealogista Salazar y Castro, «una de las mayores herederas de nuestros tiempos». Sánchez Cantón enumera la larga lista de sus títulos, «en verdad expresiva de su importancia», y muestra la dramática historia de sus últimos años.

El lunes 6 de junio de 1687 casó doña Nicolasa con don Beltrán Vélez de Guevara, comendador de los bastimentos de Montiel en la orden de Santiago, capitán general de las galeras de Sicilia, luego de las de Nápoles y más tarde de las de España, hermano del décimo conde de Oñate. La boda se celebró bajo felices auspicios. Tan sólo una hija fue fruto de este matrimonio, doña Ana Sinforosa, nacida en 1698.

A la muerte de Carlos II, don Beltrán tomó partido por el archiduque Carlos, y con pretexto de haber interceptado unas cartas de la duquesa a su esposo, fueron apresadas doña Nicolasa y su hija de orden de Felipe V, y en 1708 recluidas en el alcázar de Segovia, amén del consiguiente secuestro de los estados. No se volvió a unir el matrimonio. Las penalidades sufridas arruinaron la naturaleza de doña Nicolasa, que testó en la prisión y murió en ella en 1710. don Beltrán murió en Barcelona en 1713. La hija, después de recobrar la libertad, tardó aún años en gozar de sus estados, en cuya posesión entró por real cédula del Buen Retiro de 9 de marzo de 1715.

El retrato es de extraordinaria precisión, tanto en el dibujo y en la técnica —que consigue admirable definición en el traje de encaje y en las flores y joyeles— como en el tratamiento psicológico del personaje, cuya delicada sensibilidad femenina se expresa a través de un rostro no especialmente agraciado, con una nariz excesiva, pero con acogedora sonrisa.

La edad que aparenta —entre dieciocho y veinte años— permite fechar el lienzo entre 1690 y 1692. Es, pues, obra de los últimos tiempos del maestro, que murió, como es sabido, en abril de 1693.

Su extraordinaria calidad hace lamentar que no dispongamos de más abundante producción retratística del pintor, especialmente en este género de retratos de medio cuerpo, más directo e íntimo que el retrato oficial cortesano, de cuerpo entero y mayor aparato escenográfico. Palomino alude repetidas veces a los retratos de Coello y no debe olvidarse que La adoración de la Sagrada Forma del Escorial, su obra maestra, es en buena parte una soberbia galería de retratos.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

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7. Ideologías: Los 12 libros necesarios para el estallido de una revolución de derechas. Cristian Campos.
8. Modelo territorial: Hacia la España confederal. Alfonso Pinilla García es profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura.
9. América Latina: Santiago de Cuba, 1 de julio de 1898. Javier Navarro es arqueólogo.
10. Elecciones Generales NOV19: España ¿un éxito efímero?. Emilio Contreras es periodista.

Rembrandt van Rijn_Chica en la ventanaEn realidad, no se encuentra mirando por la ventana sino apoyada en una repisa de piedra. El nombre le viene de donde estuvo el cuadro colocado mientras fue propiedad del pintor que realizó la obra.

Estamos hablando de Rembrandt van Rijn y de como engañaba a los transeúntes que pasaban por delante de su casa en el centro de Amsterdam. Puso el cuadro en una ventana y muchos de aquéllos creían que se trataba de su sirvienta.

Toda la historia de este cuadro en Rembrandt’s ‘Girl at a Window’ at Dulwich Picture Gallery.

Tom Mangelsen: "Laid Back"
Tom Mangelsen: «Laid Back»

Una año más, los premios «The Comedy Wildlife Photography» nos hacen esbozar una sonrisa: 2019 Winners.

El concurso, que nació casi sin pretensiones, se orientó desde un primer momento no solo hacia el lado divertido de la naturaleza sino también a la conservación de esos animales que comparten este planeta con nosotros.