Martes, 3 de diciembre de 2019

Bartolomé E. Murillo (1617-1682): Don Justino de Neve, 1665.Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682): Don Justino de Neve, 1665.
Oleo sobre lienzo, 206 x 129,5 cm.
Inscripción: « ETATIS SV/E. 40 / Bartholome Murillo Romulensis / Praecirca Obsequium desiderio pingebat, / A.M. [D] C.L.X.V.» (Su edad 40. Bartolomé Murillo de Sevilla lo pintó con la intención de obsequiar con él en el año 1665).
Londres, The National Gallery, NG6448


Justino de Neve, nacido en Sevilla en 1625, era hijo de Juan de Neve, de origen flamenco, y Sebastiana de Chaves y Castilla, malagueña. El escudo del cuadro, que, al igual que la inscripción, parece haber sido añadido al retrato en fecha temprana (y quizá no por Murillo), está formado por las armas de los Neve a la izquierda y las de los Chaves a la derecha. Don Justino, canónigo y prebendado de la Catedral de Sevilla, fue conocido por su piedad, elocuencia y saber. Gabriel de Aranda le describe como «caritativo y exemplar Eclesiástico, amado de toda esta Ciudad su patria […] estimado de todo su Cabildo por las relevantes prendas de ingenio, actividad, y zelo, con que ocupado en los negocios más graves, sirvió a su Iglesia por más de 40 años». Falleció el 14 de junio de 1685, a la edad de sesenta años, y fue enterrado en la Catedral.

Justino de Neve fue mecenas y amigo de Murillo: le consiguió los encargos de una serie de lienzos para la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla (1662-1665) —«blanco de su devoción», según Aranda— y otro ciclo de nueve pinturas para la sala capitular de la Catedral hispalense (1667-1669), y él mismo le pidió pinturas para la fundación que estableció para sacerdotes pobres y jubilados en Sevilla, el Hospital de los Venerables Sacerdotes; entre éstas descuella la llamada Inmaculada de Soult, de hacia 1678, hoy en el Museo del Prado. Su colección particular llegó a sumar 165 pinturas, entre ellas dieciocho de Murillo o atribuidas a él, y en su testamento legó este retrato a los Venerables Sacerdotes, con el ruego de que fuera colocado donde los sacerdotes lo vieran, para que «puedan acordarse pedir a Dios nuestro Señor misericordioso por mi ánima». Prueba de la estrecha relación que hubo entre los dos es que Murillo le nombrase albacea testamentario.

Éste es uno de los relativamente pocos retratos que pintó Murillo. Don Justino, vestido de negro clerical, austero y suntuoso a la vez, mira al espectador con expresión de inteligente intensidad. Está sentado en un sillón frailero, en una habitación con una terraza abierta a un paisaje. Murillo ha adoptado la fórmula retratística del personaje momentáneamente distraído de su actividad: don Justino sostiene un librito con el dedo índice entre las páginas, como si estuviera rezando. Sobre la mesa hay un reloj elegante (el inventario de sus bienes cita al menos ocho) que señala las cuatro menos diez (casi la hora litúrgica de nona), un libro de mayor tamaño y una campanilla de plata, objeto presente en varios retratos eclesiásticos romanos, como el de Rafael de El papa León X con los cardenales Giulio de Media y Luigi de Rossi (1518, Florencia, Uffizi). Se han observado semejanzas con la Eleonora Gonzaga, duquesa de Urbino de Tiziano (ca. 1536-1537, Florencia, / Uffizi), que está sentada junto a una mesa con un reloj y un perrillo tumbado y tiene la ventana abierta a un paisaje (Braham), pero lo cierto es que la concepción de Murillo debe más a la tradición de retratos papales desde Rafael hasta Velázquez, y a retratos de cardenales de autor italiano como el Cardenal Roberto Ubaldini de Guido Reni (1625, Los Angeles County Museum). En lo que atañe a la composición son pocos los precedentes en la retratística hispana, pero el retrato de don Justino mantiene una reticencia y una gravedad netamente españolas. La «perrilla inglesa», con una cinta roja y cascabeles en el collar, que mira fielmente a su amo, fue comentada por Palomino por su verismo: su aspecto era tan convincente que hacía gruñir y ladrar a los perros de verdad.

La fecha del retrato y la inscripción indican que Murillo lo pintó para agradecer el apoyo de don Justino para la obtención del importante encargo de Santa María la Blanca, acabado en 1665. Don Justino quizá figure entre los peregrinos que aparecen en la parte inferior de El niño Jesús repartiendo pan a los peregrinos, pintura encargada a Murillo en 1678 para el Hospital de los Venerables y que ahora se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Budapest.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.