Enero de 2020 (Continuación)

 Félix Vallotton. The Visit (La visite) 1899
Félix Vallotton. The Visit (La visite) 1899

“The very singular Vallotton” es cómo Thadée Natanson, cofundadora y editora de la revista cultural La Revue blanche, describió a su inescrutable amigo. Nacido en la ciudad suiza de Lausana en 1865 y criado en un hogar protestante modesto, Vallotton (1865 – 1925) se mudó a París como un aspirante a artista con 16 años, situándose en el corazón del mundo del arte contemporáneo.

Permaneció en Francia el resto de su vida, convirtiéndose en ciudadano francés en 1900. Pero a pesar de haber vivido uno de los períodos de cambio más profundos en la historia del arte occidental, Vallotton se mantendrá fiel a los modos tradicionales de representación, favoreciendo la representación. de la realidad sobre la experimentación artística que condujo a movimientos de vanguardia como el impresionismo y, más tarde, el cubismo y la abstracción.

Testigo de la estética radical que se apoderó de París a finales del siglo XIX y principios del XX, Vallotton desarrolló su propia voz singular. Hoy lo reconocemos como un artista distintivo de su generación. Su ingenio, su sátira subversiva y su humor irónico son evidentes en toda su producción artística.

De su paso por la Royal Academy of Arts de Londres (30 June — 29 September 2019) nos quedamos con el apartado «Read More»: Video: Félix Vallotton in 60 seconds :: Novelist Tessa Hadley on the intriguing world of Félix Vallotton :: A beginner’s guide to Félix Vallotton ::

De allí pasó al Met Museum (October 29, 2019–January 26, 2020) y aquí destacamos la sección «Exhibition Objects» donde se pueden ver 88 obras.

Comentar también que se pueden contemplar dos retratos de Gertrude Stein: el pintado por Picasso y el realizado por Vallotton.

Goya_La familia del infante don Luis

Francisco de Goya (1747-1828): La familia del infante don Luis, 1783.
Óleo sobre lienzo, 248 x 330 cm.
Parma, Fondazione Magnani-Rocca


El cuadro del infante don Luis con su familia y sirvientes fue pintado por Goya en el verano de 1783, en el palacio de Arenas de San Pedro (Ávila), donde el hermano de Carlos III vivía alejado de la corte. Don Luis de Borbón, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, había nacido en 1727. Destinado a la Iglesia y nombrado cardenal en 1735, fue arzobispo de Toledo y, en 1739, arzobispo de Sevilla. Sin vocación religiosa y muy inclinado, por el contrario, a las mujeres, don Luis renunció a su dignidad eclesiástica a sus veintitrés años, residió en la corte durante los reinados de su hermanastro, Fernando VI, y de su hermano, Carlos III. Este último no autorizó su casamiento con una dama de la realeza, ya que de ese modo sus hijos, españoles, hubieran tenido precedencia en los derechos al trono sobre los de Carlos, nacidos todos en Nápoles. Sólo cuando la vida amorosa del infante rozó el escándalo, el rey autorizó su matrimonio, pero con una dama de baja alcurnia. Publicó, además, la Pragmática Sanción, diez días antes de la boda, por la que el obligado matrimonio morganàtico del infante invalidaba el derecho de sus hijos a llevar el apellido paterno y, por tanto, a la sucesión al trono.

La joven elegida, treinta y dos años más joven que don Luis, fue doña María Teresa de Vallabriga, hija de un capitán de caballería de la baja nobleza aragonesa. Le dio cuatro hijos, de los que sólo sobrevivieron los tres que aparecen en el cuadro: don Luis, el primogénito, doña María Teresa Josefa, futura condesa de Chinchón, y doña María Luisa Fernanda. Los tres fueron enviados a Toledo a la muerte de su padre, en 1785, y separados de su madre. El mayor, destinado a la carrera religiosa, llegó a ser como su padre, arzobispo de Toledo; las niñas ingresaron en un convento, seguramente con la idea de evitar su casamiento y descendencia, asegurándose así Carlos III la línea dinástica que partía de él y sus hijos.

En el verano de 1783 Goya fue invitado al palacio de Arenas de San Pedro. La pequeña corte del infante, hombre culto, amante de la música y el arte, estaba dominada por la figura de la joven esposa, en torno a la que giraban la vida y las intrigas del palacio. Goya, en los inicios de su carrera cortesana, fue admirablemente recibido. Era amigo de Francisco del Campo, uno de los secretarios del infante, salió de caza con don Luis, y le complació en todos los retratos que hizo en su primera estancia y en la segunda, al año siguiente. El gran retrato familiar, en el que Goya se incluyó pintando ante el caballete, reúne al infante, a su mujer e hijos, a las doncellas y a otros servidores de la casa, como el peluquero, cuyos rostros no han podido ser identificados con precisión. Tal vez figura entre ellos el músico Luigi Boccherini, que se ha querido ver en el joven de perfil en primer término, y quizá ese Francisco del Campo, amigo de Goya. María Teresa de Vallabriga es, sin duda, la figura central de la escena, resaltada por la fuerte iluminación que reverbera sobre la blancura de su peinador. El infante, de perfil, ha dejado el juego de cartas sobre la mesa, y mira hacia delante, al grupo de sus cortesanos o sirvientes, en un perfil riguroso que parece evocar monedas con efigies reales. La luz procede de la vela central, en un recurso que Goya tomó de los maestros venecianos, especialmente de Bassano, mientras que la disposición general recuerda en líneas generales la de Las meninas, con el autorretrato de Velázquez ante el caballete.

Ejemplo de retrato de grupo, poco frecuente en la pintura española, y uno de los más espectaculares de todo el siglo XVIII, el artista unió la idea del retrato íntimo, como las «piezas de conversación» a la inglesa, generalmente de pequeñas dimensiones, con el retrato de gran porte, de proporciones palaciegas, en la que el infante quiso, sin duda, valorar a su familia como él pensaba que le correspondía. Goya creó con habilidad esta compleja escena, en la que aparecen catorce figuras. Para entonces, su capacidad compositiva, aunque no tanto en el retrato, había sido demostrada con creces en sus frescos, cuadros religiosos y cartones para tapices. Aquí, sin embargo, mostró, además, sus portentosas dotes de retratista, con la enorme variedad de rostros de distinto carácter y género, de jóvenes a viejos, desde el candor de los niños al cansancio y amargura de algunos de los adultos, haciendo a la vez retratos de enorme profundidad psicológica y chocante naturalismo.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

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Juan Bautista Martínez del Mazo (1605-1667): La familia del pintor, 1664-1665.

Juan Bautista Martínez del Mazo (1605-1667): La familia del pintor, 1664-1665.
Óleo sobre lienzo, 148 x 174,5 cm.
Viena, Kunsthistorisches Museum, Gemäldegalerie, 320


Este cuadro fue identificado por Justi, a fines del siglo XIX, como la familia del pintor Juan Bautista Martínez del Mazo, yerno y discípulo de Velázquez, gracias al blasón con las armas del artista: el brazo armado, sosteniendo un mazo. Consecuencia indudable de Las meninas, comparte con aquéllas la idea del espacio del fondo, que refleja, sin duda, el interior del Alcázar de Madrid, tal vez la Casa del Tesoro, que fue taller de Velázquez, en sus últimos años, y de Mazo. Se reconocen en las paredes algunas obras de la Colección Real, como el retrato de Felipe IV, de negro, de Velázquez, que corresponde al modelo de 1658 (Londres, National Gallery), y el busto de una dama romana, la emperatriz Faustina la Mayor, identificable por el daño en su oreja izquierda, a la que falta de antiguo un pequeño fragmento, que entonces estaba en el Alcázar y hoy en el Prado. Las rosas dejadas sobre el bufete, bajo el retrato del rey, parecen un homenaje al monarca, mecenas de Velázquez y Mazo, que, muerto en 1664, tal vez estaba aún vivo cuando se pintó el cuadro.

El espacio del fondo no carece de un cierto misterio. Separado de la escena frontal por el cortinaje verde, la escala de las figuras aumenta la sensación de distancia entre el grupo del primer término y el del pintor, de espaldas ante su lienzo, sobre el que pinta un retrato de la infanta Margarita, mientras una mujer se acerca hacia él con una niñita que
le tiende los brazos. Identificado por unos como el propio Mazo, otros han visto en el pintor a Velázquez, pues su esbelta silueta de negro recuerda su autorretrato en Las meninas.

Mazo, casado con Francisca, una de las dos hijas de Velázquez, que le dio nueve hijos, enviudó en 1654. Casó de nuevo entre 1656 y 1657, con Francisca de la Vega, muerta a su vez en 1665, con la que tuvo otros cuatro hijos. En la escena se ha querido ver un retrato de su segunda mujer, sentada a la derecha, con los hijos de su matrimonio, José Antonio, Luis, Francisco y Fernando Felipe, nacido este último en 1663. Los hijos mayores, del primer matrimonio, nietos de Velázquez, estarían a la izquierda: Gaspar, nacido entre 1636 y 1637, Melchor, en 1652, Baltasar, de 1654, y María Teresa, nacida en 1648, que casó en 1666. Se ha propuesto también la identificación de la joven con su hermana Inés, nacida en 1638, aunque la edad que representa la joven está más próxima a los dieciséis años de María Teresa que a los veintiséis de Inés.

La identificación tradicional de los personajes no resulta del todo convincente. El menor, identificado con Fernando Felipe, nacido en 1663, al que su madre rodea por los hombros, es en realidad una niña, por su vestido y por los pendientes de perlas y pulsera de coral, característicos del atuendo de las niñas. Quizá el cuadro, de tratarse de la familia de Mazo, pueda tener otra explicación, y ser otros los personajes representados. La segunda hija del pintor, Inés, había casado en 1654, y después nuevamente en 1661, pudiendo ser ella la madre sentada a la derecha, aunque la escasez de noticias sobre su segundo matrimonio y posibles hijos hace difícil precisar esta hipótesis. El cuadro se convertiría así en un homenaje a Velázquez, en una alegoría en que las figuras de sus nietos y bisnietos continuaban su linaje artístico, unido al de Mazo.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

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