Octubre de 2020

El cazador (constelación Orión)

La constelación Orión es una de las más conocidas ya que es visible desde los dos hemisferios a lo largo de la noche durante bastantes meses. Es asimismo una las más grandes y brillantes, y una de las que más fácilmente se reconocen. Se la conoce como «El cazador» en referencia a la mitología griega en la que Orion era un gigante que se caracterizaba precisamente por ser un gran cazador.

Ahora, gracias al trabajo de Matt Harbison, podemos verla en todo su detalle. Durante los últimos cinco años, Matt ha dedicado más de 500 horas a capturar los detalles minuciosos de la constelación de Orión, una empresa inmensa que ha culminado en una impresionante imagen de 2,5 gigapíxeles: Proyecto Orión. Se compone de 2.508 planos individuales meticulosamente unidos en un mosaico de fuego lleno de estrellas. Podéis leer más detalles sobre este proyecto en el sitio dedicado a este proyecto.

Isidro Nonell (1872-1911): Estudio de gitana, 1906.

Isidro Nonell (1872-1911): Estudio de gitana, 1906.
Óleo sobre lienzo, 185 x 110 cm.
Inscripción en el ángulo inferior izquierdo: «Nonell / 1906.»
Colección Masaveu


Las pinturas de gitanas fueron habituales en la obra de Nonell después de su establecimiento en Barcelona en 1900, hasta 1907. Ya en los años anteriores había manifestado en sus dibujos una intensa atracción hacia la representación de tipos marginales. A diferencia de lo que ocurría en éstos, no hay una clara intención social en estas pinturas, pues el propio artista indicó que lo que le interesaba de las gitanas era su expresividad y carácter; de todos modos su insistencia en el motivo, que provocó el rechazo de gran parte del ambiente artístico catalán de la época, obedecía a una simpatía del pintor hacia ese mundo marginal y miserable. Aunque suele sustraer al espectador los rasgos faciales y, con ello, parte de la individualidad de las mujeres que representó, se trata de pinturas realizadas del natural, con modelos elegidos por el artista.

El formato vertical le sirvió a Nonell para desplegar las figuras con una cierta monumentalidad. En esta obra acentúan ese rasgo el estrecho espacio que dejan los bordes laterales del lienzo y la estructura casi geométrica que asume; la falda evoca la forma de un cubo y el torso recuerda algo a una pirámide, una de cuyas aristas marca el brazo derecho, en el que apoya la cabeza, lo que aumenta el carácter cerrado sobre sí misma de la figura. Nonell recurrió al menos en otras dos obras de ese mismo año a esa postura, asociada a la representación de la melancolía, como se ve en Gitana (Barcelona, colección viuda de J. Valentí) y Meditando (Barcelona, Museo Nacional de Arte Moderno). La presencia del plato con una cuchara es casi excepcional en unas pinturas en las que es muy raro que haya elementos añadidos a la figura; había aparecido en Reposo (Barcelona, Museo Nacional de Arte Moderno), obra dos años anterior. El artista dio a su pintura el título de estudio, al que recurría a veces en esa época y con el que figuró, al lado de otras tres pinturas, en la V Exposición Internacional de Arte celebrada en 1907 en Barcelona. El hecho de que no era un simple ensayo lo demuestra el precio de 2.500 pesetas que fijó el mismo Nonell, el máximo que entonces daba a sus obras.

Con otro cuadro titulado Gitana (Colección Masaveu) del mismo año, que perteneció también a la Colección Bassas, se trata de una de las pinturas de mayor formato que pintó Nonell. La composición se relaciona con la figura de la derecha de Dos gitanas (Barcelona, colección viuda de Barbey), de ese mismo año. La ambición constructiva se hace más patente en este Estudio de gitana no sólo por su solidez arquitectónica, sino también por la manera de componer el volumen a través de pequeños planos definidos por pinceladas paralelas. Estas, compactadas casi en la cabeza, son cortas y apretadas en la parte superior de la figura y tienen mayor recorrido en la inferior; además, en la espalda los toques casi horizontales y prietos se superponen al trazo de contorno del mantón e interrumpen su continuidad mientras que, más abajo, algunas pinceladas onduladas muy largas refuerzan la caída de la falda. De este modo, el artista, que realizaba antes la parte superior de sus composiciones, parece sugerir con una ejecución progresivamente suelta una densidad decreciente de los volúmenes desde arriba hacia abajo.

De manera similar, el paso del tono negro del cabello y los rojos del mantón a los azules de la falda, bien resaltados por la gama de verdes en el fondo, muestra una gradación desde los tonos calientes a los fríos. En cada color hay una variedad de matices que muestra la riqueza del cromatismo dentro de la reducida paleta del artista. Los destellos fulgurantes de luz entre los azules de la falda animan y dan una gran vivacidad a la figura, en contraste con su actitud estática. Aunque resueltos con una pincelada muy distinta, hacen pensar en el interés que Nonell sentía por El Greco, que le llevó, en 1903, a admirar sus obras en Toledo, después de haber visitado el Museo del Prado.

El espacio en que se halla la figura es ambiguo, con una leve indicación de diferencia entre los planos del suelo y la pared a la izquierda, a través de un color más claro en aquél, pero esa distinción no es clara, en cambio, en la parte derecha de la composición. De todos modos, la opulencia de la materia pictórica tiene tal relevancia que evoca, junto al intricado cromatismo de algunas partes de la pintura, la belleza de un tapiz o una colgadura; cabe recordar la fascinación del artista por los mantones de las gitanas, que adquiría para colgarlos en las paredes de su estudio. A pesar de la actitud abatida de la mujer, el perfil de la cabeza no muestra una expresión de dolor o de angustia semejante a la de obras de años anteriores. Se ve en esta pintura, como en otras del mismo año, un anticipo del cambio en la trayectoria de Nonell ocurrido en 1907, cuando dejó de tomar a las gitanas como modelos. Así, la pintura muestra un equilibrio entre la orientación expresiva propia de las obras de años anteriores y la armonía a la que tienden sus últimas pinturas.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

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9. Memoria Histórica: Mi memoria de la democracia. José Ignacio Wert fue ministro de Educación, Cultura y Deporte 2011-2015. Su último libro es Los Años de Rajoy. La Política de la Crisis y la Crisis de la Política (Almuzara, 2020).
10. Memoria Histórica: Memoria incivil. Pablo de Lora es profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.

Estas tres fotografías son las ganadoras de las sendas ediciones celebradas de Drone Awards, un proyecto de Siena Awards, que es considerado como el concurso mundial más importante sobre video y fotografía aérea. El concurso está abierto a la fotografía o el vídeo realizados desde aviones, helicópteros, vehículos aéreos no tripulados, globos, dirigibles, cometas y paracaídas.

Podéis ver todas las imágenes galardonadas en las distintas categorías de las tres ediciones en su página web: 2018 - 2019 - 2020.

El 4 de septiembre de 1957, Elizabeth Eckford y otros ocho estudiantes negros entre 15 y 16 años intentaron entrar en la escuela de segunda enseñanza de Little Rock donde estaban matriculados, pero un grupo de soldados de la Guardia Nacional se lo impidió por orden del gobernador del estado de Arkansas, Orval Faubus. Las imágenes de esta mujer caminando a través de una multitud enfurecida y enferma de odio se han grabado a fuego en la conciencia colectiva de los activistas por la igualdad en todo el mundo.

El pasado septiembre, coincidiendo con el 63 aniversario de tales hechos, Barnaby Roper recrea en su cortometraje «The First Day» aquel memorable paseo con una danza interpretada por la bailarina Kendi Jones. El odio da paso a la belleza de la música y de la danza:

El «Ekranoplano varado en las costas del Mar Caspio
El «Ekranoplano varado en las costas del Mar Caspio

Leo hoy en La Razón un artículo sobre uno de esos inventos producto de la megalomanía de los dirigentes soviéticos durante la Guerra Fría. Se trata del «Ekranoplano», mitad barco y mitad avión, que fue diseñado para evitar a los radares. El único prototipo se encuentra varado en las costas del Mar Caspio.

Reproducimos a continuación el mencionado artículo:

Conocido como el “Kaspian Monster”, el gigantesco ekranoplano fue diseñado en 1975 por Rostislav Evgenievich, un prominente desarrollador de buques y vehículos soviético con el objetivo de construir un híbrido entre barco y avión que sirviera para eludir radares y trasladar gran cantidad de tropas, tanques y armas de un lado a otro durante la Guerra Fría.

La tensión entre la Unión Soviética y Estados Unidos al término de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en una verdadera competición entre ambas potencias por convertirse en los líderes del nuevo mundo establecido. Y, dentro de ese complicado equilibrio, desarrollar nuevas tecnologías se convirtió en un factor fundamental para ambos países, centrando todo tipo de esfuerzos por demostrar que eran los mejores.

Este futurista ekranoplano MD-160 de clase Lun había permanecido sin utilizarse en una base naval rusa desde finales de los 90, pero actualmente se encuentra varado en las costas del Mar Caspio como parte de un plan para convertirlo en una atracción turística en el océano.

“El monstruo del Mar Caspio” era una mole de más de 100 toneladas y 100 metros de largo que utilizaba un cojín de aire que le hacía ‘levitar’ sobre el agua a unos 3 metros de altura. Construido como parte del programa soviético WIG, fue el único ekranoplano de clase Lun que se completó y equipó con misiles supersónicos.

Este avión experimental recibió su apodo de la CIA. Cuando las fotos de un satélite espía mostraron a este gigante avión con las letras “KM” estampado en las alas lo llamaron el “Kaspian Monster”, sin saber que las letras en realidad significaban Korabl-Maket (nave prototipo).

El Ekranoplano soviético fue retirado a finales de los años 90 y desde entonces ha permanecido abandonado en una base naval rusa. El pasado 31 de julio, el prototipo fue llevado bajo remolque para ser trasladado a Derbent, Daguestán, con planes de convertirse en una atracción turística como parte de un parque. Sin embargo, las autoridades cuando vieron al “monstruo del Mar Caspio” se dieron cuenta de que no había ningún lugar donde poner el avión gigante, que empequeñece a un jet 747.

Mientras tanto, el “Kaspian Monster” se encuentra varado desde agosto en la costa del Mar Caspio, a pesar de varios intentos de los lugareños de arrastrarlo a tierra firme a mano. Existe la triste posibilidad de que sea hecho pedazos por las olas, un trágico final para uno de los aviones más impresionantes jamás construidos que nunca fue muy útil, pues a pesar de alcanzar los 400 kilómetros por hora, si una corriente de aire lo sacaba de la horquilla de 3 metros sobre la que se debía mover, se volvía completamente inestable.

Pablo Picasso (1881-1973): La nana, 1901.Pablo Picasso (1881-1973): La nana, 1901.
Óleo sobre cartón, 102 x 60 cm.
Firmado abajo, a la izquierda: «Picasso»
Barcelona, Museu Picasso, 4274.


Picasso pintó esta obra en Barcelona en la primavera de 1901, antes de viajar por segunda vez a París. El tema enlaza con la presencia habitual de enanos en la pintura española del Siglo de Oro. En una estancia de paso en Madrid, en 1895, Picasso había copiado los rostros de dos bufones de Velázquez, Calabacillas y El niño de Vallecas (copias, ambas, en el Museu Picasso de Barcelona). El motivo, de todos modos, asume una clara contemporaneidad, pues es una imagen extraída del cabaret de la época, muy frecuentado en esos años por el artista.

La disimetría de la composición y su verticalidad recuerdan algo a la estampa japonesa pero sobre todo a Degas, con quien se relaciona también la oblicuidad del escenario. El tipo, captado de modo muy directo y físico en un proscenio, tiene también algún parentesco, por ello, con algunas figuras de Degas, aunque su gusto por lo grotesco es también afín a Toulouse-Lautrec. Para Cirici «es una fleur du mal, cuya figura, maquillada y deforme, está dominada por las horizontales». Este autor señala «una desfachatez goyesca», que «da carácter al personaje y a la misma técnica pictórica». Por otro lado, el empleo de la pincelada dividida y del color puro manifiestan el conocimiento de la pintura postimpresionista que había podido ver durante su primera estancia en París, donde había conocido la obra de Toulouse-Lautrec, pintor que le influyó de manera muy notable. En esa amalgama de estilos aparece un valor de expresividad que da consistencia a la obra. Miríadas de pinceladas multicolores, como en la pintura de Van Gogh, rodean la figura, bien plantada en el proscenio y cuya arrogancia y actitud hacen pensar en los tipos goyescos. Las variaciones del color, muy saturado, plasman los intensos reflejos de luz artificial en un ambiente de gran dinamismo. La propia disposición de la figura, con las piernas en ángulo, un brazo en jarras y la forma de la cara, que termina en una barbilla puntiaguda, resalta el predominio de un patrón triangular, cuyos ángulos agudos expresan agresividad. Se ha supuesto que la exposición de Goya que se celebró en Madrid en 1900 pudo haber influido al artista en la elección del motivo, y también La enana doña Mercedes, de Zuloaga, que, sin embargo, está alejada de esta pintura.

La tela no figuró en la exposición que organizó Vollard en junio de 1901 con obras de Iturrino y Picasso, pero anticipa los temas de cabaret de los cuadros que allí se vieron, entre los que había varios de cortesanas. Por la dirección oblicua, el color y la forma rectangular de las pinceladas del fondo se relaciona más estrechamente con La femme aux bijoux, de expresión grotesca. El rostro tiene alguna relación con el de La mujer de las medias. Sin embargo, en La nana la concepción del espacio es más compleja, con una cierta profundidad que deriva del empleo de la pincelada. Además, la expresividad de la figura va unida a un erotismo muy directo, manifiesto en la postura, el atuendo y los adornos, como la cinta roja y negra que adorna la garganta y las voluminosas flores.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

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A Tracy y Dan Calder —ambos fotoperiodistas— les gusta tanto las cosas pequeñas que en 2018 lanzaron Close-up Photographer of the Year (CUPOTY) para ofrecer un espacio propio a la fotografía de primeros planos, macro y micro. Esta año 2020 se ha celebrado la segunda edición en la que las fotografías ganadoras han sido elegidas entre más de seis mil imágenes.

Tanto los premiados como los finalistas en las distintas categorías pueden verse en su página web. Todas las fotografías cuentan con la descripción proporcionada por el fotógrafo incluyendo información técnica. Y de muestra, un botón: el ganador de la categoría «micro», que incluye imágenes capturadas con un microscopio óptico o electrónico. No hay límite para el tema y se puede utilizar cualquier técnica, como campo oscuro, luz reflejada, fluorescencia, confocal, apilamiento de enfoque o polarización.

Andrei Savitsky: Glass worm
Andrei Savitsky: Glass worm