Martes, 20 de octubre de 2020

Pablo Picasso (1881-1973): La nana, 1901.Pablo Picasso (1881-1973): La nana, 1901.
Óleo sobre cartón, 102 x 60 cm.
Firmado abajo, a la izquierda: «Picasso»
Barcelona, Museu Picasso, 4274.


Picasso pintó esta obra en Barcelona en la primavera de 1901, antes de viajar por segunda vez a París. El tema enlaza con la presencia habitual de enanos en la pintura española del Siglo de Oro. En una estancia de paso en Madrid, en 1895, Picasso había copiado los rostros de dos bufones de Velázquez, Calabacillas y El niño de Vallecas (copias, ambas, en el Museu Picasso de Barcelona). El motivo, de todos modos, asume una clara contemporaneidad, pues es una imagen extraída del cabaret de la época, muy frecuentado en esos años por el artista.

La disimetría de la composición y su verticalidad recuerdan algo a la estampa japonesa pero sobre todo a Degas, con quien se relaciona también la oblicuidad del escenario. El tipo, captado de modo muy directo y físico en un proscenio, tiene también algún parentesco, por ello, con algunas figuras de Degas, aunque su gusto por lo grotesco es también afín a Toulouse-Lautrec. Para Cirici «es una fleur du mal, cuya figura, maquillada y deforme, está dominada por las horizontales». Este autor señala «una desfachatez goyesca», que «da carácter al personaje y a la misma técnica pictórica». Por otro lado, el empleo de la pincelada dividida y del color puro manifiestan el conocimiento de la pintura postimpresionista que había podido ver durante su primera estancia en París, donde había conocido la obra de Toulouse-Lautrec, pintor que le influyó de manera muy notable. En esa amalgama de estilos aparece un valor de expresividad que da consistencia a la obra. Miríadas de pinceladas multicolores, como en la pintura de Van Gogh, rodean la figura, bien plantada en el proscenio y cuya arrogancia y actitud hacen pensar en los tipos goyescos. Las variaciones del color, muy saturado, plasman los intensos reflejos de luz artificial en un ambiente de gran dinamismo. La propia disposición de la figura, con las piernas en ángulo, un brazo en jarras y la forma de la cara, que termina en una barbilla puntiaguda, resalta el predominio de un patrón triangular, cuyos ángulos agudos expresan agresividad. Se ha supuesto que la exposición de Goya que se celebró en Madrid en 1900 pudo haber influido al artista en la elección del motivo, y también La enana doña Mercedes, de Zuloaga, que, sin embargo, está alejada de esta pintura.

La tela no figuró en la exposición que organizó Vollard en junio de 1901 con obras de Iturrino y Picasso, pero anticipa los temas de cabaret de los cuadros que allí se vieron, entre los que había varios de cortesanas. Por la dirección oblicua, el color y la forma rectangular de las pinceladas del fondo se relaciona más estrechamente con La femme aux bijoux, de expresión grotesca. El rostro tiene alguna relación con el de La mujer de las medias. Sin embargo, en La nana la concepción del espacio es más compleja, con una cierta profundidad que deriva del empleo de la pincelada. Además, la expresividad de la figura va unida a un erotismo muy directo, manifiesto en la postura, el atuendo y los adornos, como la cinta roja y negra que adorna la garganta y las voluminosas flores.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.