Jueves, 3 de noviembre de 2022

Localización: Fuente de la Amapola (Granada) - Fecha: 24/abril/2014 - Cámara: Nikon D80 - Distancia focal (DX): 22 mm - Diafragma: f/3.8 - Velocidad de obturación: 1/320s - Sensibilidad ISO: 200
Localización: Fuente de la Amapola (Granada) - Fecha: 24/abril/2014 - Cámara: Nikon D80 - Distancia focal (DX): 22 mm - Diafragma: f/3.8 - Velocidad de obturación: 1/320s - Sensibilidad ISO: 200

Me pregunto si la placa que se ve en la imagen aún permanece en su sitio o si ha sido «cancelada» por lasciva. No me extrañaría nada que hubiera sido arrancada en nombre de ese nuevo puritanismo que hace que nos avergoncemos hasta por reírnos de un chiste de mal gusto.

Por desgracia, los nuevos inquisidores no se conforman con imponer su sentido del humor sino que atacan por igual a la literatura, al cine y a la cultura en general. Si antes fue la Iglesia la que censuraba y prendía hogueras contra quienes desafiaban su moral, ahora son otros movimientos como el feminismo los que pretenden quemar en esas mismas llamas a autores como Pablo Neruda, Nabokov o Arturo Pérez-Reverte.

Juzgar la cultura desde el sectarismo del buenismo solo conduce al esperpento. Y para muestra un botón: el bisnieto de Agatha Christie decidió hace un par de años cambiar el título original del libro 10 Little Niggers (Los diez negritos) por el de Eran diez y eliminar las 74 veces que la palabra nigger (negro) aparecía en la versión original. La llamada cultura woke transforma a las personas hasta convertirlos en analfabetas e intransigentes.

¿Saben lo que les digo? Que jamás me podrán imponer lecturas políticamente correctas. Soy libre para leer sin perjuicios Lolita (Nabokov), Muerte a crédito (del nazi Céline) o Santuario de Faulkner donde Popeye viola con una mazorca a Temple.