Miércoles, 22 de mayo de 2024

La Colina de las Cruces es un lugar de peregrinación situado a unos 12 km al norte de la ciudad de Šiauliai, en el norte de Lituania. El origen exacto de la práctica de dejar cruces en la colina es incierto, pero se cree que las primeras se colocaron sobre el año 1831. A lo largo de las generaciones, los peregrinos católicos no sólo han traído aquí cruces y crucifijos, sino también estatuas de la Virgen María, tallas de patriotas lituanos y miles de efigies y rosarios diminutos. Se desconoce su número exacto, pero se calcula que hay más de 100.000.

Con el paso de las generaciones, este lugar se ha convertido en un símbolo de la resistencia del pueblo lituano contra las amenazas a las que se enfrentaron a lo largo de la historia. Tras la tercera división de la Mancomunidad Polaco-Lituana en 1795, Lituania pasó a formar parte del Imperio Ruso. Polacos y lituanos se rebelaron sin éxito contra las autoridades rusas en 1831 y 1863. Estos dos levantamientos están en el origen de la colina: como las familias no podían recuperar los cuerpos de los fallecidos, empezaron a colocar cruces simbólicas en el emplazamiento de un antiguo fuerte de la colina.

Cuando la antigua estructura política de Europa del Este se desmoronó en 1918, Lituania volvió a declarar su independencia. Durante todo este tiempo, la Colina de las Cruces se utilizó como lugar para que los lituanos rezaran por la paz, por su país y por los seres queridos que habían perdido durante las Guerras de Independencia.

Con la ocupación del país por la Unión Soviética (1944 a 1990) llegó la intolerancia religiosa que incluyó, entre otras medidas, la persecución del clero y la prohibición de enseñanzas religiosas. La Colina de las Cruces fue también objeto de represión y los soviéticos intentaron por todos los medios evitar que los lituanos peregrinarán a la colina: bloqueaban las carreteras que conducían al lugar, detenían a los llevaban cruces a la colina y finalmente arrasaron el lugar en tres ocasiones distintas. Sin embargo, el pueblo lituano salvaguardó sus creencias y tradiciones religiosas, incluyendo la Colina de las Cruces.

Tras la disolución de la Unión Soviética en 1990, la colina se erigió en testimonio de la determinación del pueblo lituano por preservar su identidad religiosa y nacional a lo largo de su historia.