Al hilo de los premios Planeta 2005

Los grandes lectores, los que amamos la literatura por encima de todo, hace tiempo que no leemos los Premios Planeta. Si por casualidad nos los regalan, los cambiamos por otra cosa, todo menos tragarnos lecturas infumables.

El pasado mes de octubre, Juan Marsé, como miembro del jurado, mostró su desacuerdo con las obras ganadoras de tan suculento premio, argumentando la “insuficiente calidad literaria” de las novelas. Esta misma semana, mediando escasamente un mes, Umbral ha vuelto a poner el dedo en la llaga abierta por Marsé calificando la obra de María de la Pau Janer como una “novela sin estilo”. Desde que el Nobel Cela se llevó el galardón “interplanetario” para seguidamente verse envuelto en un lío plagiario que acabó en los tribunales, sobre el Premio Planeta gravita el peso de la polémica y las dudas.

La Literatura con mayúscula no vende y esto lo saben muy bien quienes otorgan premios y viven al amparo de las grandes editoriales. Umbral, que ha sido en muchas ocasiones más crítico que escritor, ha tardado en denunciar la falta de estilo literario en esta clase de premios, quizá le haya animado la valiente posición de Juan Marsé descolgándose del jurado, aduciendo la baja calidad literaria de los ganadores. Enfrentarse al criterio de Planeta a la hora de dar premios les puede traer a estos dos pesos pesados de la literatura algún que otro problemilla, al fin y al cabo hay que entender y valorar su posición: un escritor contra su grupo editorial. Y por muy Umbral y muy Marsé que sean, están echando un pulso al poder del que viven. Me alegra que nuestros clásicos vivientes recuperen posiciones y se comprometan a favor de la buena literatura. Que nadie piense que están viejos y que no tienen nada que perder a la hora de hacer este tipo de declaraciones, porque siempre hay algo que perder: reediciones y derechos de autor, por poner un ejemplo.

La opinión de estos dos grandes escritores, que han aportado a las letras españolas una obra digna de estudio, debería hacer reflexionar a todos los que leen por leer y se despachan regalando por navidad un libro falto de calidad literaria y sobrado de marketing. Por desgracia, el Premio Planeta ha perdido su espíritu de mecenazgo para convertirse en una mera gestión de paquetes de libros: dinero para el imperio editorial y agonía para la literatura. Leer lo primero que te ofrece la mesa de una librería cuesta tiempo, dinero y a veces, lejos de formar, deforma. Hay novelas que, después de haberlas leído, ni siquiera dejan una frase digna del recuerdo.

Un libro nace para ser atesorado o desechado, pues los libros ocupan espacio. De esto también sabe mucho Francisco Umbral. Hace años, le oí decir que los libros que no le gustan acaban en el fondo de su piscina. Claro… que no todos tenemos piscina en casa. ¿Qué habrá hecho con las obras ganadoras del Planeta 2005? Descansen en paz.

Por María Jesús Mayoral Roche, escritora.

10 comentarios


  1. Hay premios Planeta de calidad, en mi opinión. O, al menos, los hubo. “En Busca del Unicornio”, de Eslava Galán, me pareció una novela maravillosa. “Los Mares del Sur”, de lo mejorcito que he leído de la serie Carvalho. Pero desde hace algunos años el premio, que invariablemente es algo que da muchísimo dinero a su editorial, se ha convertido en una pura máquina de literatura por encargo, que tuvo su remate con el concedido a Cela, que tumbó al mismo tiempo el prestigio del premio y del escritor. Pero también dio sus buenos dividendos.

    Parece que la tendencia en este premio es alternar anualmente un autor consagrado con otro que no lo es tanto o, si lo es, se dedica normalmente a otro género (es el caso de Eslava, habitualmente historiador, o de Antonio Gala, cuyo infumable “Manuscrito Carmesí” era su primera novela, si no recuerdo mal). Pero incluso ahora, que no está el cuasi-omnipotente José Manuel Lara padre, cuya decisión era definitiva a la hora de conceder el ganador (decían en los mentideros literarios que sólo había que saber qué manuscrito tenía Teresa Bosch, su mujer, en la mesilla de noche), el premio se ha convertido en una fuente de polémicas que siempre beneficia a las ventas. Marsé tenía razón en lo que denunciaba, pero no es menos cierto que por dos años consecutivos (y no sé si más) se prestó al juego. A Marsé no le van a hacer nada, salvo justamente reeditar sus libros en letras gruesas, porque la polémica, en España, vende y en este caso va a beneficiar tanto al ofendido como al ofensor (quién es quién lo dejo a vuestro criterio ;-)

    Hay un par de frases del artículo que no me gustan. Dice la autora: “…debería hacer reflexionar a todos los que leen por leer y se despachan regalando por navidad un libro falto de calidad literaria y sobrado de marketing. […]Leer lo primero que te ofrece la mesa de una librería cuesta tiempo, dinero y a veces, lejos de formar, deforma. Hay novelas que, después de haberlas leído, ni siquiera dejan una frase digna del recuerdo.” Igual que películas, periódicos, música, cuadros, esculturas… Yo no creo que haya nada malo en “leer por leer”; ni siquiera creo que haya nada malo en leer una novela de calidad ínfima o, sencillamente, mala. Eso va en criterio, en gustos y, sobre todo, en ganas, pero depende ante todo del lector, aunque la editorial, la prensa, o más bien la TV, pueda tener una parte de responsabilidad en esto (algo de lo que tampoco estaría tan seguro). Yo me considero a mí mismo con cierto criterio, si me permitís la pedantería, pero dependiendo del día puedo leer lo mismo a Bryce Echenique, Brecht o Delibes que a Stephen King, Ken Follett o (como es el caso ahora) Terry Pratchett. Igual que puedo ver y disfrutar una obra maestra de Howard Hawks, como es “El Sueño Eterno”, que la descerebrada “Aterriza como puedas”… ambas están en mi colección de películas. No siempre vamos a leer para formarnos sino, simplemente, para entretenernos. No siempre vamos a ir al cine a maravillarnos con una magnífica puesta en escena sino, simplemente, a echarnos unas risas o ver unos cuantos puñetazos.

    Me parece muy bien que se promocione la lectura, la buena literatura, los buenos autores (que no siempre escriben buenos libros, ojo), los autores jóvenes y con potencial; Internet puede servir de mucho para eso. Pero no despreciemos a quienes leen simplemente por el placer de leer y distraerse. Al menos mientras leen no ven la televisión, ni hablan de fútbol ;-)

    Un saludo.

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  2. Leer sin criterio puede ser peligroso. Un libro puede llegar a manipular mentes y estrechar ideas. Hay que ser crítico y exigir un mínimo de calidad literaria. Hay una lectura para cada momento y todo puede valer, desde luego. Yo lo he hecho, pero lo he hecho por desconocimiento, porque tenemos clásicos que son una delicia y no tienen nada que envidiar a las novelas de medio pelo que nos invaden ahora. El Premio Planeta se ha convertido en marketing y nada más. Por supuesto que de él salieron buenos escritores y buenas novelas, pero ahora cuenta la realidad y el panorama literario. Ya digo al principio que amo la literatura y que no vende. La literatura está agonizando y eso es lo me preocupal. Un saludo

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  3. En lo esencial estamos de acuerdo: “Leer sin criterio puede ser peligroso.”
    Pero, en mi humilde opinión, el criterio hay que formarlo, pues no se nace con él. Y para formarlo, hay que crear primero la afición a la lectura, para después conseguir la afición a la literatura.
    Hay innumerables clásicos que son una delicia, sí. Pero al que no le gusta leer, decirle que “tiene” que leerse esos clásicos le va a provocar rechazo. Es empezar la casa por el tejado. Y no olvidemos que a leer, a aficionarse por la lectura y, después, a querer leer buena literatura, se aprende desde niño y desde joven. Obligar a leer el Quijote (aunque sean fragmentos) o incluso el Lazarillo, por citar dos joyas, a chavales de primaria o ESO, me parece una barbaridad y creará el efecto contrario. Casos que me he encontrado así, muchos, demasiados. Yo mismo no me conseguí leer el Quijote (ni siquiera la versión resumida para jóvenes) hasta los dieciocho años, y fue por iniciativa propia. Y soy un apasionado de la lectura y los clásicos desde que aprendí a leer, según mi madre con tres años.

    En este sentido, me considero “Pennaquiano” (de Daniel Pennac). Y para leer cosas buenas, primero hay que querer leer. Leer por el placer de leer.

    Saludos.

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  4. Por cierto. El Planeta seguramente es el libro más vendido del año. Lo que no quiere decir que sea el más leído… podríamos hacer una miniencuesta entre los que se lo han comprado o regalado, y luego ver cuántos ni siquiera le han quitado el plástico :-)

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  5. Hola:

    ¿Por qué concita, año tras año, este premio tanta crítica? ¿Qué importancia suele dársele siempre? Está el Premio Planeta, y están, indefectiblemente, las numerosas críticas: que si esto, que si aquello, que si no valen nada… No entiendo.

    Dice María Jesús que un libro puede llegar a manipular mentes y estrechar ideas. Bueno, dependerá de la mente y de las ideas que ya vengan puestas en ésta, ¿no? Decía Jacinto Benavente: “No hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano.” Y decía bien, a mi ententer. En todo caso, incluso un libro de Platón puede llegar a manipular mentes y estrechar ideas.

    ¿Por qué algunos lectores tenemos o tuvimos esa vocación misionera? Allá cada cual con su camino: es la única manera de caminar: el resto es sofá y catálogo.

    Un saludo.

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  6. Bueno, voy a confesar algo que me cuesta. Yo enseñé literatura en la cárcel. Entre mis presos (internos en el leguaje burocrático) había de todo: desde licenciados hasta los que decían ignorar qué es la literatura. Ellos estaban por la labor de leer todo menos literatura. Yo estaba por la labor de leer a los clásicos. Ni que decir tiene que se impuso mi opinión por encima todo, pues buena soy yo. Os puedo asegurar que, antes de entrar en mi taller de literatura, se creían cuanto leían, ellos leían y por el mero hecho de venir escrito en un libro se lo tragaban.De hecho hay personas con un nivel académico elevado que se creen a pies juntillas “El código Da Vinci”. Me costó mucho hacerles comprender lo importante que era la literatura, la buena literatura. Mis chicos leyeron a los clásicos y aprendieron a valorar una buena novela, a diferenciarla de un superventas. Leer por leer no lleva a ninguna parte. Leer para opinar es otra cosa y distiguir la buena literatura de la basura es esencial en estos tiempos. No caigamos en las listas de los más vendidos, descubramos los libros que nos interesan sin que nos los marque el mercado editorial. Esa es mi lucha: la literatura por encima de todo. En la cárcel, donde triunfa todo menos la cultura, la literatura triunfó. Saludos.

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  7. Quizá la literatura refuerce la capacidad de discernimiento, el criterio. Otros no opinarían lo mismo: el narrador de Canetti en ‘Auto de fe’, no recuerdo ahora si a través de su personaje principal, Peter Kien, opina que la lectura de las novelas, también las buenas, o sobre todo las buenas, ablanda el carácter: el lector de novelas suele adquirir el hábito de identificarse con sus personajes, de comprenderlos, terminando por disolverse en esta ampliación de miras.
    Cuando dices, María Jesús, ‘leer para opinar’, supongo que estarás refiriéndote a unos géneros determinados: el del ensayo, o el del tratado (aunque este último no invitaría tanto a la reflexión como el primero, puesto que más de ensayar, probar, intentar, lo que hace es mostrar y aseverar) , a la novela histórica, etc…, o no lo entiendo.
    A lo que voy: yo leo por leer: para mí la literatura significa tanto que no me cabe otra que leer por leer. Y detrás no hay nada.

    Un saludo.

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  8. Ayer tuve un encuentro dialéctico, por llamarlo de alguna forma, con un “autocatalogado orgulloso dogmático”, después de escucharle yo lo hubiese catalogado de otra forma, que afirmaba no admitir otro tipo de lectura que no fuese, según él la de “el libro con vida propia” definiendo así el género del ensallo, a los grandes pensadores clásicos y filósofos en general,tachando al mismo tiempo la novela como el “género muerto” libros que adornan las estanterías pero que una vez leído no vuelven a nuestra mesilla de lectura nunca más. Lo que contaba para él era la necesidad de volver a leer la obra, que hacía que tu mente pensara, analizara y buscara en definitiva nuevos dogmas en el texto.
    Aseguraba de manera contundente, que para que una obra literaria de calidad, en este caso limitadas a los géneros que leía, sólo era tal porque así había sido reconocida por los “demás” de forman genéricam, a lo largo del tiempo.Cuando una obra no es reconocida no tiene valor, porque alguien puede catologar su obra como “buena”pero hasta que el “resto” no lo reconoce no tiene valor.
    !menuda paradoja! Logró sacarme de control, porque encima estos “dogmáticos” piensan que estan en posesión de la verdad absoluta; exigen que les escuches y no escuchan una palabra de lo que se dice a su alrededor.
    Leer es bueno. Yo parto de esa afirmación. Después creo que como en todas las disciplinas, se aprende. La lectura, haciendo un simil sobre lo que Unamuno afirmaba sobre la “cultura” forma, deforma y transforma; el pensamiento no es inerte, no se asienta, siempre cambia. Lo bueno es encontrar el placer leer, ¿qué? pués depende de el momento, las circunstancias, las necesidades de cada uno, me refiero a la necesidad de distraerte, reirte, evadirte, formarte…, durante algún tiempo, en mi mesilla de noche, no ha habido más libros, que inmensos “bloques” de derecho financiero, trabajo,ergonomía, fiscalidad, o seguridad social; a estos antecedieron revistas de cuidados infantiles, “Duermete Niño” y no sé cuantos artículos más; motivo, mis circunstancias. Tras un parón laboral para dedicarme a la crianza de hijos, tuve que ponerme al día para volver a trabajar, porque habían cambiado hasta los impresos de la Administración. Ahora retorno a la novela, a la lectura del placer de leer por leer, a la de perderme en personajes dispares o tan parecidos a mi que es como si el autor conociera de tu vida. Lo cierto que no he dejado de leer, que leo desde que tengo uso recuerdos y que creo que la literatura salva a la gente en muchas ocasiones dificiles.
    un saludo.

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  9. Dice María Jesús Mayoral, refiriéndose a los presos a los que da clases de Literatura, “mis chicos”, (presos, privados de libertad, cuya docilidad es obligada si no quieren tener represalias). Y añade: “Ni que decir tiene que se impuso mi opinión por encima todo, pues buena soy yo.”
    Qué pena que su reivindicación de la buena Literatura no se refleje en su forma y en su fondo a la hora de escribir. Me he quedado con las ganas de saber la diferencia entre la redacción mutilada por la pobreza de miras y de percepción, y la de quien se atreve a pensar un poco, y expresarse con el ejemplo de la gran Literatura.

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  10. Los presos también leyeron “El Gatopardo”. Su lectura no les dejó indeferentes. Quiero aclarar, que los internos acudían a mi Taller voluntariamente. Sobre esa docilidad obligada tendría mucho que decir, pero este no es el lugar ni el momento.

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