Bioética

En el último suplementode Babelia (El País) podemos leer la entrevista realizada a Peter Singer (varios idiomas, incluido el español), filósofo australiano al que se le considera fundador de la ética aplicada. Además, Taurus publica su libro “Una vida ética. Escritos” (Madrid, 2002, 416 pag.).

Dos son los aspectos que, a mi modesto entender, resultan controvertidos: su filosofía utilitaria y la igualdad animal-hombre. Respecto a este último aspecto, rechazo plenamente esa supuesta equiparación y me baso para ello en las numerosas investigaciones llevadas a cabo en el terreno del lenguaje. Los científicos no han identificado aún ninguna forma de comunicación natural que posea todas las características del lenguaje humano. Aunque abejas, aves, ballenas, delfines y primates no humanos pueden intercambiar mensajes bastantes sofisticados (Akmajian, Demers, Farmer y Harnisch, 1995; Demers, 1989) sus capacidades no están a la altura de la de los niños de dos años.

Por otra parte, se han realizado intentos de enseñar el lenguaje humano a los animales, especialmente primates. Es cierto que algunos de los simios que hablan mediante signos (Terrace, 1979; Rumbaugh, 1977) producen expresiones breves relacionadas con sus intenciones en un momento dado (por ejemplo, «hacer cosquillas a Nim»), pero, como Demers (1989) señala, es la productividad ilimitada de mensajes nuevos y diversos tan característica de la actividad lingüística humana lo que se echa en falta en los sistemas de comunicación animal. Aunque los últimos trabajos con bonobos -los cuales muestran talentos comunicativos extraordinarios (Savage-Rumbaugh y Lewin, 1994)- son muy prometedores, sigue abierta la cuestión de si un primate no humano ha llegado a manejar la sintaxis tan bien como un niño de dos años de edad (Akmajian, Demers, Farmer y Harnisch, 1995; Pinker, 1994).
Como Bertrand Rusell comentó una vez: «No importa cuán elocuentemente pueda ladrar un perro, no puede decirnos que sus padres eran pobres pero honestos». Por supuesto, proclamar la diferencia hombre-animal no significa renunciar a proteger la enorme biodiversidad de este planeta.

ENLACES (tomados del suplemento BABELIA del 11 de mayo de 2002)

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