Cambio Climático

La organización Christian Aid presentó hoy mismo un informe —The climate of poverty: facts fears and hope— en el que se vaticina la muerte de 182 millones de personas de aquí al final del siglo debido al cambio climático que padecemos actualmente, y cuyas consecuencias sufren en mayor cuantía los países más pobres.

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Después de leer la noticia, he recordado que en el número de julio-agosto de 2005 de la Revista de Occidente apareció un artículo de Francisco García Olmedo, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la ETS de Ingenieros Agrónomos de la Universidad de Madrid, titulado Últimas noticias sobre el cambio climático y que ya en su momento me pareció bastante interesante. Por desgracia, no incorporaba información sobre los estudios que mencionaba pero los he podido encontrar en la Red. Pensaba dejarles tan solo los enlaces pero, al final, me he decidido por ofrecerles un resumen de la parte relativa a la incidencia de la actividad humana en el calentamiento global:

Nadie duda que el clima está cambiando. Nos encontramos en una fase de calentamiento global debido al efecto invernadero cuya base científica es bien conocida: el dióxido de carbono y otros gases tiene la capacidad de atrapar un calor que de otro modo sería irradiado al espacio. Por tanto, si la concentración de estos gases aumenta, la temperatura global también aumenta. De hecho, se ha constatado en el último siglo tanto el aumento de la concentración de aquéllos como de la temperatura media. Si sobre esta cuestión existe consenso entre los científicos, no podemos decir lo mismo sobre sus causas en general y sobre la magnitud de la contribución humana en particular. Como es obvio, resolver el problema pasa por conocer antes el proceso; de otra forma, las respuestas podrían ser inútiles o escasamente efectivas.

En primer lugar, la actividad humana ha podido influir en el clima desde mucho antes de la era industrial y en proporciones semejantes a las actuales. William F. Ruddiman en el estudio The anthropogenic greenhouse era began thousands of years ago postula, como su título indica, que el efecto invernadero comenzó hace miles de años. El descubrimiento y la expansión de la agricultura supuso la deforestación de enormes áreas y la liberación de grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera procedente de los árboles arrancados. Y hace cinco mil años, al generalizarse la técnica de inundar los campos de arroz, la liberación de metano —otro gas invernadero— fue también muy importante. Sin éstas y otras actividades humanas actualmente disfrutaríamos de hermosos paisajes helados pero inhabitables, y la vida en ciudades como Londres o Nueva York sería realmente difícil.

Por otra parte, los cambios climáticos han podido desempeñar un papel crucial en la desaparición de civilizaciones. Un estudio realizado por un equipo internacional —Climate and the Collapse of Maya Civilization— correlaciona, por ejemplo, el colapso de la civilización maya con un período seco muy prolongado, marcado por episodios multianuales de extrema sequía hacia el 810, 860 y 910 d.C. y relacionarlos con acontecimientos cruciales de la historia maya, como el llamado «abandono preclásico» o el período clásico terminal».

Modelos:

En el marco de los estudios sobre el cambio climático, la reconstrucción de cómo evolucionaron las temperaturas ocupa un lugar central. Salvo en los últimos doscientos años no disponemos de un registro instrumental de las temperaturas y, por tanto, a partir de dicho límite deben usarse métodos indirectos: anchura de los anillos de los troncos de los árboles, la deposición estratigráfica de polen y los datos de composición química o isotópica obtenidos en perforaciones de sedimentos no perturbados de los lagos, en el corazón de los hielos, en los corales y en las estalagmitas.

El primer modelo retrospectivo fue propuesto en 1998 por Michael Mann y colaboradores de la Universidad de West Virginia. Según este modelo la temperatura media del hemisferio norte se habría mantenido relativamente estable hasta la revolución industrial, a partir de la cual estaría experimentando una brusca subida. El patrón gráfico resultante se le conoce como el bastón de hockey (Artículo de Mann, Global-scale temperature patterns and climate forcing over the past six centuries, en la revista Nature). Su influencia fue importante y, de hecho, sirvió de base al informe emitido en 2001 por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)», el órgano científico de la «Convención Marco sobre Cambio Climático» de las Naciones Unidas.

El año pasado, sin embargo, un estudio de A. Moberg muestra que el trazo de las temperaturas ya no se asemeja al «palo», sino que presenta unas oscilaciones a lo largo del tiempo que son mucho más mayores que las contempladas por el modelo anterior (Ver también Hockey Stick, 1998-2005, R.I.P.). Entre dichas oscilaciones, son perfectamente discernibles el «calentamiento medieval» (hacia los siglos XI-XII) y la «pequeña glaciación», cuyo mínimo habría tenido lugar en el siglo XVII. La conclusión más significativa de esta interpretación del pasado es la de que sólo a partir de 1990, y no desde la revolución industrial del XIX, hemos empezado a batir el record de temperatura del milenio. De ahí podría deducirse que factores ajenos a las actividades humanas explicarían el incremento de la temperatura.

Sin embargo, los modelos retrospectivos no son todo lo fiables que quisiéramos y deben tomarse con la necesaria cautela. Aunque los últimos estudios asignan mayor peso a la Naturaleza que a las actividades humanas, no debemos descartar nuestra propia responsabilidad en el calentamiento global que estamos sufriendo. Para tomar medidas efectivas será necesario descubrir qué parte del proceso se debe a la Naturaleza y qué parte a la actividad humana.

Enlaces relacionados: Realidad y ficción en torno al cambio climático :: Protocolo de Kyoto.

2 comentarios


  1. Sea como fuere hasta los 90 vivimos bajo la angustia de fondo que producía la posibilidad de que la civilización saltase hecha pedazos por una guerra nuclear entre las potencias. A partir de allí las causas han cambiado para producir el mismo efecto: terrorismo global y cambio climático torturan nuestras mentes. La caja de pandora televisiva especialmente se encarga de que no lo olvidemos ni un solo día. Y así seguimos hasta ahora.

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