Cataluña, “una nación” en minúscula

Cataluña, reconocida como “una nación”. Así se desprende de la última redacción del preámbulo del Estatut, aprobada en la Ponencia conjunta del Congreso y del Parlament. Se ha producido un cambio substancial respecto del texto anterior pactado entre Zapatero y Mas. Veámoslo.

En este pacto, según las versiones publicadas, se decía que “el Parlament de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de ciudadanos y ciudadanas catalanes, ha definido de manera ampliamente mayoritaria a Cataluña como una nación. La Constitución, en su artículo segundo, reconoce esta realidad nacional de Cataluña como una nacionalidad”. ¿En qué consiste el cambio actual?

Pues que en lugar de decir que el Parlament recogía el sentimiento y la voluntad “de ciudadanos y ciudadanas catalanes” –”de”, pero no “de los”- ahora se dice que este sentimiento y esta voluntad es el de “la ciudadanía catalana”. Por tanto, no de unos –muchos o pocos- ciudadanos y ciudadanas, sino “de la ciudadanía catalana” en general, de toda la ciudadanía. Y se añade seguidamente que “la Constitución, en su artículo segundo, reconoce esta realidad nacional de Cataluña como una nacionalidad”.

Es decir, “la ciudadanía catalana” se ha “definido” legalmente, a través del Parlament, como “una nación” y “la Constitución reconoce esta realidad nacional” si bien la llama “nacionalidad”. Por tanto, la realidad es la “nación”, la denominación “nacionalidad” y la manera como ejerce su autogobierno “comunidad autónoma”.

Esto último se deduce del primer artículo del nuevo Estatut (que es prácticamente el mismo que el vigente de 1979) que considera a Cataluña como “una nacionalidad que ejerce su autogobierno constituida como comunidad autónoma”, lo que indica que lo de “comunidad autónoma” es secundario ya que se refiere a la manera de “ejercer” su autogobierno por parte de una “nacionalidad” que es la palabra como es “reconocida” esta “realidad” de “nación”.

Total: una forma rocambolesca de decir disimuladamente lo que disponía el Estatut salido del Parlament de Cataluña el 30 de septiembre: “Cataluña es una nación”. Por esto Artur Mas ha exclamado que «este es un gran día», mientras el celoso Carod, que prefería menos circunloquios para decir lo mismo, ha afirmado que «no es un día grande», y el PP ha votado en contra.

Estamos, pues, ante un nuevo paso de doble filo. Por un lado, este reconocimiento real de “nación” constituirá una nueva plataforma para reivindicar desde ella la soberanía y la autodeterminación, y, por otro, dará nuevos argumentos a quienes sostienen que se trata de una reforma encubierta de la Constitución para acudir al Tribunal Constitucional.

La “vía Mas” de alcanzar “por etapas” lo aprobado por el Parlament de Cataluña, al final coincidirá con la “vía Carod” de ir más deprisa, aunque fuese con el subterfugio sacado a última hora de introducir la palabra “nación” escrita en minúscula para distinguirla de la española en mayúscula.

Quizás la primera redacción –la del pacto Mas-Zapatero-, vistas las encuestas y las reacciones, era sociológicamente más rigurosa y políticamente más prudente. Las cosas pueden complicarse aún más.

Por WIFREDO ESPINA. Periodista y abogado. Ex director del Centre d’Investigació de la Comunicació, Generalitat de Catalunya

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