Casa Vicens de Gaudí. Fotografía: David Cardalús.
Casa Vicens de Gaudí. Fotografía: David Cardalús.

La Casa Vicens es la primera edificación que hizo Gaudí tras licenciarse en la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona, en 1883, antesala por tanto de su obra posterior. Construida entre 1883 y 1885 como casa de veraneo de la familia Vicens, fue declarada patrimonio mundial por la UNESCO en 2005. Fue adquirida por la familia Herrero-Jover y hasta 2014 fue residencia familiar, primero solo de veraneo y luego como vivienda habitual. En ese año fue comprada por la banca andorrana MoraBanc a través de su vehículo inversor Amura Capital para convertirla en una casa-museo. Finalmente, abrió sus puertas al público en el otoño de 2017.

El fotógrafo David Cardalús nos introduce en esta maravillosa casa a través de sus tomas: Photographing Heritage. The Vicens House. No es la única obra de Gaudí a la que «dispara» ya que tiene un especial interés en captar al genio: «‘Intento ahora exagerar lo esencial y dejar a propósito las cosas obvias vagas’. Esa es, en mi opinión, la clave para fotografiar a Gaudí»: Fotografiando a Gaudí.

Gabriele Galimberte. Fotografía de la serie «Inside Out»
Gabriele Galimberte. Fotografía de la serie «Inside Out»

Greta Tanini e Cristoforo Lippi (30 y 27 años). Mientras que para la mayoría de las personas la cuarentena es sinónimo de aburrimiento y obligaciones, Greta y Cristoforo la aprovechan como una oportunidad para pasar tiempo juntos y explorar su relación después de haber estado separados por un océano durante más de un año. Ambos son estudiantes y normalmente viven en casas distintas, con diferentes compañeros de piso. Pero el encierro los encontró juntos, en la casa de Greta, los dos solos, y se han quedado allí y se quedarán allí durante estas semanas.

«En realidad tenemos mucho que hacer: tengo clases online todo el día, Cristoforo está trabajando en su proyecto final. Estamos ocupados, el tiempo pasa rápido», explica Greta.

La cuarentena también es una prueba para ellos para estar juntos, un paso que han estado deseando desde hace tiempo. Han dividido sus tareas domésticas: comprar, limpiar, ordenar. Su interacción social se limita a conversar con los vecinos, a una distancia segura, en el jardín. Tomaron medidas de precaución muy estrictas para no propagar el virus: «No queremos enfermar, y no queremos que nuestros seres queridos enfermen: preferimos permanecer en aislamiento en lugar de correr riesgos o poner en peligro la salud de los demás».


A mediados de febrero se detectaron los dos primeros casos de COVID-19 en Italia, uno en Codogno (Lombardía) y otro en Vo’ (Véneto). La primera región, cuya capital es Milán, ha sido una de las más afectadas por el virus y en esa ciudad fue donde se encontraba el fotógrafo Gabriele Galimberte  (Instagram) cuando entró en vigor el confinamiento: «Durante las dos primeras semanas de la crisis del coronavirus en Italia, he elegido seguir trabajando fotografiando y entrevistando (junto con mi amiga Gea Scancarello @bellagea) a las personas encerradas en sus hogares de Milán, en cumplimiento de la cuarentena impuesta por el gobierno para luchar contra COVID- 19).»

No les resultó fácil convencer a las personas para que se dejaran fotografiar y entrevistar ya que el miedo se había apoderado de la gente. Milán se había convertido en una ciudad fantasma y sus habitantes se habían parapetado en sus casas, rehuyendo cualquier contacto humano. Solo gracias a estrictas medidas de seguridad como desinfectar los focos que se colocaban en el exterior o mantener la distancia de seguridad les permitió hacer las fotos en lo que podríamos considerar el nuevo género de retrato en tiempos del coronavirus.

El resultado final se puede ver en Inside Out. Todas las imágenes se muestran con su correspondiente leyenda.

Mosaicos romanos Negrar di Valpolicella, Verona

Como muchas otras maravillas de la Antigüedad, el mosaico romano encontrado debajo de un viñedo (cerca de Negrar di Valpolicella, Verona) tiene una historia rocambolesca. Las trincheras excavadas hasta ahora revelan largos tramos ininterrumpidos de pavimentos de mosaico con patrones policromados de formas geométricas, líneas entrecruzadas, bandas onduladas, bóvedas florales y escudos semicirculares que datan del siglo III d.C.

En realidad, no es un descubrimiento nuevo propiamente dicho porque la presencia de una villa romana en la tierras de la bodega Benedetti La Villa se conocía desde el siglo XIX. Los primeros restos fueron descubiertos en 1887 durante el laboreo. Aparecieron fragmentos de mosaicos dañados debido a las tareas que se estaban realizando, pero el dueño tuvo curiosidad y ordenó que se excavara la zona. Aparecieron mosaicos de figuras que representaban escenas de combate de gladiadores, dos paneles de Cupido conduciendo un carro de dos caballos y una ceremonia religiosa. Se retiraron los paneles y se cubrieron los restos. Finalmente, el propietario los vendió a la ciudad de Verona y ahora se encuentran en el Museo Arqueológico del Teatro Romano de Verona.

En 1922 se realizó la primera excavación arqueológica oficial. Hay diarios de la excavación, fotografías y bocetos pero no se procedió a documentar en el plano los hallazgos y eso que se descubrieron tres habitaciones pavimentadas con mosaicos. Hubo varios intentos más de descubrir la villa y en 1975 se descubrió otro mosaico aunque se cubrió con tierra para su preservación. Finalmente, el verano pasado, utilizando las notas de las excavaciones de 1922 y 1975, intentaron de nuevo encontrar el corazón de la villa. Dado que la bodega sigue funcionando hoy en día, los trabajos tuvieron que se suspendidos debido a los trabajos en la viñas. Después la crisis provocada por el coronavirus volvió a paralizar el proyecto. El pasado mes de mayo, nuevas excavaciones han permitido sacar a la luz el suelo de mosaico de la rica villa romana del siglo III, con ilustraciones de carreras de carros e intrincadas figuras geométricas.

Francisco de Goya (1747-1828): Autorretrato con el doctor Arrieta, 1820.Francisco de Goya (1747-1828): Autorretrato con el doctor Arrieta, 1820.
Óleo sobre lienzo, 114,6 x 76,5 cm Inscripción: «Goya agradecido a su amigo Arrieta, por el acierto y esmero con q.e le salvó la vida en su aguda | y peligrosa enfermedad, padecida á fines del año 1819, a los setenta y tres de su edad. Lo pintó en 1820.»
Minneapolis, The Minneapolis Institute of Arts, The Ethel Morrison van Derlip Fund, 52.14


El cuadro de Goya con el médico Arrieta y tres vecinos o ayudantes no es muy distinto, en cierto modo, de las pinturas de historia tan en boga en el siglo XVIII en Europa. El artista ha tenido que escoger un momento crítico del suceso o tema que trata, y explicar el carácter de la historia a través de las acciones de un grupo de personajes. En tales cuadros las personas suelen tener papeles morales y sentimentales que desempeñar. Pero en este caso, el artista no se refiere a un suceso histórico distante, sino a una experiencia propia e inmediata. Y el cuadro es, en parte, un curioso documento gráfico que describe una crisis en la tercera edad del pintor. Considerado desde esta perspectiva el cuadro parece más cercano a lo que se llamaría después en España, como en otros países, pintura de género, es decir, una escena de la vida cotidiana. Pero este tipo de cuadros no estaba muy difundido en España en tiempos de Goya, y fue un fenómeno común más bien de los años treinta en adelante del siglo XIX. Para Goya, por lo tanto, no había un modelo establecido en el que basarse para volcar las vivencias de su enfermedad. Veintiséis años antes, cuando se recuperaba de la grave dolencia que había padecido en 1792 y 1793, no pensó en pintar sus propias experiencias. Pintó entonces escenas angustiosas para expresar indirectamente sus tormentos personales. Al hacerlo más tarde, es verosímil que se inspirase en algunas novedades del teatro en España. A lo mejor le interesaba concretamente uno de los nuevos géneros creados para satisfacer las aspiraciones de la emergente clase media: el de la llamada comedia lacrimosa, al que uno de sus amigos y protectores, Jovellanos, había dado un gran impulso con una obra titulada El delincuente honrado. Este género admitía la posibilidad de que los burgueses en el teatro, lo mismo que los príncipes, pudieran vivir tragedias, reservadas, según las normas neoclásicas, para las altas jerarquías. Goya, desde luego, pone a gente de las clases media y baja en situaciones graves en la serie de cuadros de pequeño formato pintados sobre hojalata de los años 1792-1793. En ellos se representan sucesos fatídicos imaginarios, como El incendio, El naufragio y La muerte del picador. En esos cuadros Goya se esfuerza por conmovernos. Las gentes se ayudan unos a otros, rezan o expresan su desesperanza; otros están ya muertos. Más adelante, el artista sigue la misma línea con respecto a las tragedias reales, que afectan a los de abajo, en la serie de estampas de los Desastres de la guerra y en las dos grandes escenas pintadas sobre lienzo del 2 y el 3 de mayo de 1808 (Madrid, Museo del Prado). Allí no sólo sufre el pueblo sino que vence a los enemigos del país y se comporta con heroísmo.

No se puede encajar el autorretrato con Arrieta directamente en esta serie de cuadros que podríamos llamar de comedias lacrimosas gráficas. Es demasiado personal, y da un paso hacia la explotación inmediata de las experiencias vitales del autor, que sería algo típico del Romanticismo. Pero los misteriosos ayudantes o vecinos añaden una nota extraña al conjunto y Goya no se limita a transmitir un contenido puramente personal. Comparte protagonismo con su amigo Arrieta, pero no están aislados de su entorno. El tema del sufrimiento y la ayuda —particular o universal— está presente en este cuadro. Se contrasta la debilidad de Goya, respirando penosamente y toqueteando con los dedos el borde de las sábanas o mantas que le cubren, con los esfuerzos persistentes y eficaces del médico amigo, que le ayuda a incorporarse para tomar el brebaje restaurador, acercándoselo a los labios. Las figuras del fondo aportan nuevos contrastes entre la mujer que ofrece ayuda a la izquierda y el pariente o vecino preocupado por la salud de Goya a la derecha.

¿Hasta qué punto podemos decir que se trata de una composición moral y hasta dónde llega la realidad de la vida del pintor? Es imposible aclararlo. Los únicos datos que tenemos del carácter de su enfermedad son el consejo dado a Goya de tomar las aguas de Plombières, indicadas normalmente en casos de reumatismo o parálisis, y un resumen del estado crítico de Goya basado en los apuntes del mismo Arrieta. Según estas notas, la enfermedad de 1819 no era una repetición del cólico de Madrid, o sea, una intoxicación alimenticia causada por la ingestión de plomo u otro metal peligroso, que había padecido en 1792 y de nuevo en 1793. En opinión de Arrieta se trataba de unas fiebres tifoideas. Estas fiebres eran muy peligrosas en épocas de guerra y hambre, y resultaban muy difíciles de curar. No sorprendería que las secuelas de estas fiebres siguieran notándose en Madrid varios años después de las privaciones de 1812 y la Guerra de la Independencia. En tiempos de Goya el tratamiento era puramente sintomático: bajar la fiebre del paciente y dar calmantes para quitar el dolor. El contenido del cuadro tiene un alcance que va más allá de los datos escuetos de este tipo.

Siendo aún una cría, la loba Jara fue encontrarda abandonada en el campo y adoptada por una familia que cuidó de ella creyendo que se trataba de un perro. Conforme iba creciendo, fueron observando que era más arisca y agresiva que un perro lo que despertó sus sospechas. Finalmente, se dieron cuenta de que era una loba. Ante tal descubrimiento, optaron por llevarlo al Centro de Recepción de Fauna de Villaralbo donde la abandonaron dejando una nota. De allí fue trasladada al Centro del Lobo Ibérico de Castilla y León, un complejo ubicado en la localidad de Robledo (Puebla de Sanabria, Zamora).

El pasado 14 de mayo dio un paso más por su senda biológica y parió tres cachorros, un acontecimiento que fue grabado por las cámaras del mencionado centro:

Francisco de Goya (1747-1828): Autorretrato, ca. 1816.Francisco de Goya (1747-1828): Autorretrato, ca. 1816.
Óleo sobre lienzo, 46 x 35 cm.
Inscripción no autógrafa: «Fr.co Goya /Aragonés / por si mismo»
Madrid, Museo Nacional del Prado, P-723


Este Autorretrato del Museo del Prado data de una época menos segura desde el punto de vista de lo personal en la vida de Goya que el Autorretrato pintando. Tanto el autorretrato sobre tabla de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, firmado por Goya en 1815, como éste reflejan la difícil situación del genial pintor en los años del régimen absolutista de Fernando VII, después de la Guerra de la Independencia. La cara del artista en el de la Academia expresa muy bien sus inagotables resolución y energía; además su mirada sigue siendo penetrante, a pesar de los años, de las arrugas que aparecen en su frente y del pelo que empieza a clarear. En el del Prado, en cambio, aunque la expresión es también resoluta, los ojos resultan ligeramente más aprensivos y el mohín de la boca más resentido. La cabeza no parece avanzar hacia nosotros como la del Autorretrato de la Academia, que se inclina más hacia la izquierda. Se trata, sin embargo, de una imagen muy poderosa y algo trágica. El hecho de haberse pintado en lienzo en vez de en tabla, por otra parte, ofrece ventajas desde el punto de vista estético, ya que permite que el pincel del maestro consiga efectos más suaves y transiciones más seductoras. En las pinturas de Goya sobre lienzo la soltura de las pinceladas es mayor.

Parece que el cuadro estaba en la casa de Javier Goya en 1849, en la calle de las Aguas, 9. Allí lo vio William Stirling-Maxwell cuando hizo una visita al hijo del pintor. En sus apuntes el erudito escocés anotó: «Dos retratos de sí mismo; el mejor con toda su cara a los 70 años de su edad, de tamaño natural» (Brigstocke 1999, p. 13 [con ligeros retoques en la versión española de la cita]). No se conocen más autorretratos de Goya a esa edad que el de la Academia, que ya estaba en esa institución cuando Stirling hizo su visita al hijo del pintor, pues había ingresado allí en 1829.

Durante un tiempo se dudó de la autenticidad de este cuadro, pero su fortuna crítica más reciente ha sido muy estable, e incluso se suele preferir esta representación a la hora de elegir una imagen conmovedora del genio envejecido.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

Juanelo Turriano nació en Cremona, en el entonces Milanesado, con el nombre de Giovanni Torriani. Fue relojero, ingeniero y matemático en la corte española entre 1547 y 1585, año de su muerte en Toledo. Nombrado, ya como Juanelo Turriano, Relojero de Corte construyó dos relojes astronómicos, el Mocrocosmo y el Cristalino, que despertaron el interés de la época ya que eran capaces de dar la posición de los astros en cada momento.

Durante las cuatro décadas que vivió en España realizó en nuestro país los más increíbles ingenios mecánicos, innovando en los ámbitos fundamentales de la investigación mecánica de la época: las miniaturas, la automatización y la construcción de grandes máquinas como el Artificio de Toledo.

En 2018, la Biblioteca Nacional de España organizó la exposición Juanelo Turriano, genio del Renacimiento. Aunque los catálogos solo están en italiano e inglés, también está disponible el libro Juanelo Turriano. De Cremona a la Corte: formación y red social de un ingeniero del Renacimiento que analiza desde una óptica renovada, la formación y el acceso a la Corte de Juanelo Turriano. Los tres catálogos son gratuitos y pueden descargarse.

Entre sus inventos destaca la máquina hidráulica conocida como el Artificio de Toledo. Hasta el momento de su construcción (1564-1569), la máxima altura a la que se había conseguido subir agua era de 40 metros con un tornillo de Arquímedes en Habsburgo. Aquí hablamos de subirla 100 metros hasta el Alcázar a donde el agua llegaba por entonces a lomos de burros. Se puso en marcha el 23 de febrero de 1569 y suministraba a la ciudad 14.000 litros de agua al día. Sin embargo, el concejo toledano no quiso pagar ya que el agua no salía del edificio real. Por ello, construyó una segunda máquina hidráulica para abastecer al resto de la ciudad (1575-1581). El caso es que nuestro inventor quedó arruinado por ello.

Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí les dejo una animación en 3D del Artificio de Toledo:

Francisco de Goya (1747-1828): La condesa de Chinchón, 1800.Francisco de Goya (1747-1828): La condesa de Chinchón, 1800.
Oleo sobre lienzo, 226 x 144 cm.
Madrid, Museo Nacional del Prado, p-7767


Goya retrató varias veces a doña María Teresa de Borbón y Vallabriga, hija del infante don Luis y de su esposa María Teresa de Vallabriga y Stuard, y por tanto prima carnal de Carlos IV. La pintó por primera vez en septiembre de 1783 a los dos años y nueve meses, contra un fondo de paisaje, acompañada de un perro blanco (Washington, National Gallery), y nuevamente por la misma época en el gran cuadro La familia del infante don Luis. La volvió a retratar más adelante por lo menos dos veces, cuando ya era esposa de Manuel Godoy. Las circunstancias de su vida fueron muy difíciles. Nació el 26 de noviembre de 1780 y su padre murió en 1785. Entonces, cuando no había cumplido aún los cinco años, la separaron de su madre y hubo de cambiar el ambiente cómodo y cultivado al que estaba acostumbrada por la vida conventual en Toledo. Doce años más tarde, sin embargo, salió María Teresa de su aislamiento para casarse con Godoy y ser princesa de la Paz, con la posibilidad de volver a la corte de la que Carlos III había desterrado al infante, su padre, y restablecer la fortuna de su familia.

No sabía que su todopoderoso marido iba a continuar sus relaciones con otras mujeres, en especial con Josefa Tudó, ni que tendría que aguantar los desaires públicos que los amores de Godoy le acarreaban. Pero por lo menos compartiría con su marido la afición a las artes y volvería a encontrarse en un ambiente muy refinado desde el punto de vista de pinturas y mobiliario. El infante don Luis había tenido una riquísima colección de cuadros y estampas: obras de famosos pintores del pasado —españoles, italianos y flamencos— y los más prometedores artistas de su tiempo, como Mariano Salvador Maella, Francisco Bayeu, Joaquín Inza y el italiano Francesco Sasso. Entre los de la nueva ola el infante había protegido a Luis Paret y Gregorio Ferro, y más que nadie a Goya. Godoy también contrataría diversas obras al pintor aragonés, aunque cuando ya era primer pintor del rey y no, como el infante don Luis y su esposa, cuando su carrera estaba en sus comienzos en Madrid.

Al casarse con María Teresa, no parece que Godoy hubiera pensado en ensanchar la galería de retratos de su casa hasta que su esposa diera señales seguras de proporcionarle hijos (o de fundar una nueva dinastía). Según la correspondencia entre los reyes y Godoy, María Teresa estaba embarazada de tres meses en septiembre de 1799, pero tuvo la desgracia de perder al niño poco después.

En marzo de 1800, volvió a tener indicios de preñez, y esta vez daría a luz sin problemas a una niña, la infanta Carlota, el 7 de octubre. Consta que Goya retrató a la futura madre en abril de 1800, cuando María Teresa acababa de cumplir los veintiún años, y parece obvio que el encargo tuvo algo que ver con las esperanzas de sucesión legítima que los príncipes ya tenían para su casa. Es éste el retrato que ahora se expone. Goya la volvería a retratar aquel mismo año, de pie en vez de sentada, llevando la banda de la orden de Damas Nobles de María Luisa, con un peinado más moderno y una cara que parece más hermosa (Florencia, Galleria degli Uffizi). Es verosímil que este segundo retrato se pintara a mediados de diciembre. Se le había concedido la orden mencionada el 10 de octubre de 1800, y sabemos que los reyes les iban a recibir a ella y su marido a principios de diciembre. Un retrato hecho por entonces celebraría estos progresos, y la mirada más segura de sí revela la nueva confianza de la princesa.

Es esclarecedor el contraste entre estos dos retratos. En el primero, María Teresa parece un poco cohibida, insegura sin duda, por estar embarazada y por haber perdido ya un hijo. No nos mira directamente, y sus ojos azules tienen una expresión algo triste. La sortija que lleva puesta contiene un retrato en miniatura —puesto que la representa con la banda de la orden de Carlos III, es verosímil que sea Godoy— y el adorno formado de imitaciones de espigas de trigo que lleva en su tocado puede ser un símbolo de fertilidad y recordar una vez más su deseo de tener hijos. En el segundo retrato la princesa parece más confiada, nos mira de frente, y luciendo la banda de la orden de María Luisa, prueba de que había sido aceptada por los reyes, lo mismo que su hermano y también su madre. El premio que parecía tan difícil de alcanzar, cuando se pintó el primer retrato, ya está a su alcance en el segundo.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

JInete. Relieve de Urso (Osuna, siglos III-II a.C)
JInete. Relieve de Urso (Osuna, siglos III-II a.C)

Hace ya veinte años que se presentó el CD-ROM Los iberos y sus imágenes. Una propuesta de análisis iconográfico de la cultura ibérica, cuya realización fue posible gracias a una subvención de la DGICYT, mediante un proyecto PETRI que implicó la colaboración entre el CSIC y la empresa informática MICRONET S.A. El trabajo fue dirigido por Ricardo Olmos e Isabel Izquierdo, ambos en aquellos momentos del Instituto de Historia, CSIC, Madrid, España.

La génesis y el planteamiento del proyecto parte de la exposición itinerante La sociedad ibérica a través de la imagen, que guía la estructura general del Cd-rom, adaptada al nuevo soporte. Este proyecto planteó una indagación compleja sobre la imagen en la cultura ibérica, en el contexto de las culturas del mediterráneo antiguo. Desde este punto de vista, se realizó un riquísimo catálogo con más de 1500 imágenes de la Protohistoria ibérica que cronológicamente van del Bronce Final hasta la romanización. Se pretendió elaborar una obra que supusiera una herramienta de trabajo para cualquier especialista en la materia y, por otro lado, un rico y actualizado apoyo documental para cualquier usuario interesado en la cultura ibérica, la arqueología, la historia o las religiones y mitos del Mediterráneo antiguo.

Volcar este CD en la Red fue siempre mi intención desde que tuve conocimiento de su existencia pero, por uno u otro motivo, nunca llegó a plasmarse tal idea. De hecho, me encontré con un problema técnico con el que no contaba. Cuando me preparaba para lanzarlo me encontré con que el CD solo funcionaba en ordenadores con el sistema operativo XP y mi ordenador ya no disponía de él. Hace unos meses retomé la idea y conseguí salvar ese obstáculo. He conseguido instalar en un portátil con Windows 7 Ultimate un «XP virtual» que me permite ejecutar ese sistema operativo. Además, he tenido que utilizar un emulador de CD para cargar una imagen ISO del programa y poder ejecutarlo.

Ayer mismo puse la primera piedra y a lo largo de las próximas semanas, puede que meses, iré volcando su contenido. Me limitaré a las imágenes propiamente dichas porque la introducción a la cultura ibera —religión, sociedad, lengua, etc.— ha variado sustancialmente desde que se publicó el CD.

Y nada más; que ustedes lo disfruten: Los iberos y sus imágenes.