Historia

La Vara Jaquesa

En un lateral de la puerta sur de la Catedral de Jaca podemos ver una doble muesca horizontal. La superior se corresponde a la llamada «Vara Jaquesa», una unidad de medida usada en el Reino de Aragón durante la época medieval. La inferior era donde los comerciantes y consumidores ponían la vara que usaban para medir los distintos productos (tela, cuerda, etc) que vendían/compraban con el fin de comprobar que su longitud era la correcta. Tanto fue su uso que acabó formándose dicha muesca.

La vara mide 77 centímetros y su ubicación no es accidental ya que la zona comercial en aquellos años era justamente la plaza contigua a la catedral. Se pueden apreciar de izquierda a derecha varias subdivisiones que representan medidas más pequeñas: octava, cuarta, codo, pie y palma. Justo encima de la vara vemos dos marcas: la de la izquierda es una letra gótica en minúscula (probablemente una «b»); la de la derecha representa el escudo de Jaca, con su cruz papal de doble travesaño.

Según Luis Castaño (Licenciado en Filología), el origen de la Vara Jaquesa se encuentra en el patrón de Nippur, una antigua medida sumeria del siglo XXVII a. de C.:

La unidad de medida más antigua descubierta es el patrón de Nippur, localizado en esta antigua ciudad sumeria y actualmente conservado en el Museo de Estambul. Este patrón nos ofrece tres medidas (un Pie de 25’65 cm, un Codo de 45 cm y 3 Dedos de 1,8 cm = 5’4 cm) que serán heredadas por Egipto, de donde pasarán a Grecia y Roma y posteriormente serán recogidas en el estudio del Hombre de Vitruvio realizado por Leonardo. Tras la caída del Imperio Romano se produjeron diversas confusiones e interpretaciones del antiguo Sistema de Medida dando lugar a diferentes unidades. De ahí, que en los territorios peninsulares, las varas no tuvieran la misma longitud. Sin embargo, en el caso de la vara jaquesa, podemos comprobar cómo mide 77 cm, es decir 3 Pies de 25,65 cm (25,65 x 3 = 76,95 cm) tal y como refleja el antiguo Patrón de Nippur.

El 4 de septiembre de 1957, Elizabeth Eckford y otros ocho estudiantes negros entre 15 y 16 años intentaron entrar en la escuela de segunda enseñanza de Little Rock donde estaban matriculados, pero un grupo de soldados de la Guardia Nacional se lo impidió por orden del gobernador del estado de Arkansas, Orval Faubus. Las imágenes de esta mujer caminando a través de una multitud enfurecida y enferma de odio se han grabado a fuego en la conciencia colectiva de los activistas por la igualdad en todo el mundo.

El pasado septiembre, coincidiendo con el 63 aniversario de tales hechos, Barnaby Roper recrea en su cortometraje «The First Day» aquel memorable paseo con una danza interpretada por la bailarina Kendi Jones. El odio da paso a la belleza de la música y de la danza:

El «Ekranoplano varado en las costas del Mar Caspio
El «Ekranoplano varado en las costas del Mar Caspio

Leo hoy en La Razón un artículo sobre uno de esos inventos producto de la megalomanía de los dirigentes soviéticos durante la Guerra Fría. Se trata del «Ekranoplano», mitad barco y mitad avión, que fue diseñado para evitar a los radares. El único prototipo se encuentra varado en las costas del Mar Caspio.

Reproducimos a continuación el mencionado artículo:

Conocido como el “Kaspian Monster”, el gigantesco ekranoplano fue diseñado en 1975 por Rostislav Evgenievich, un prominente desarrollador de buques y vehículos soviético con el objetivo de construir un híbrido entre barco y avión que sirviera para eludir radares y trasladar gran cantidad de tropas, tanques y armas de un lado a otro durante la Guerra Fría.

La tensión entre la Unión Soviética y Estados Unidos al término de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en una verdadera competición entre ambas potencias por convertirse en los líderes del nuevo mundo establecido. Y, dentro de ese complicado equilibrio, desarrollar nuevas tecnologías se convirtió en un factor fundamental para ambos países, centrando todo tipo de esfuerzos por demostrar que eran los mejores.

Este futurista ekranoplano MD-160 de clase Lun había permanecido sin utilizarse en una base naval rusa desde finales de los 90, pero actualmente se encuentra varado en las costas del Mar Caspio como parte de un plan para convertirlo en una atracción turística en el océano.

“El monstruo del Mar Caspio” era una mole de más de 100 toneladas y 100 metros de largo que utilizaba un cojín de aire que le hacía ‘levitar’ sobre el agua a unos 3 metros de altura. Construido como parte del programa soviético WIG, fue el único ekranoplano de clase Lun que se completó y equipó con misiles supersónicos.

Este avión experimental recibió su apodo de la CIA. Cuando las fotos de un satélite espía mostraron a este gigante avión con las letras “KM” estampado en las alas lo llamaron el “Kaspian Monster”, sin saber que las letras en realidad significaban Korabl-Maket (nave prototipo).

El Ekranoplano soviético fue retirado a finales de los años 90 y desde entonces ha permanecido abandonado en una base naval rusa. El pasado 31 de julio, el prototipo fue llevado bajo remolque para ser trasladado a Derbent, Daguestán, con planes de convertirse en una atracción turística como parte de un parque. Sin embargo, las autoridades cuando vieron al “monstruo del Mar Caspio” se dieron cuenta de que no había ningún lugar donde poner el avión gigante, que empequeñece a un jet 747.

Mientras tanto, el “Kaspian Monster” se encuentra varado desde agosto en la costa del Mar Caspio, a pesar de varios intentos de los lugareños de arrastrarlo a tierra firme a mano. Existe la triste posibilidad de que sea hecho pedazos por las olas, un trágico final para uno de los aviones más impresionantes jamás construidos que nunca fue muy útil, pues a pesar de alcanzar los 400 kilómetros por hora, si una corriente de aire lo sacaba de la horquilla de 3 metros sobre la que se debía mover, se volvía completamente inestable.

El castillo de Peracense

Si por algo es especialmente conocida la localidad aragonesa de Peracense —en la comarca del Jiloca— es por su castillo, sin duda uno de los lugares de mayor interés turístico de la próvida de Teruel y del suroeste de Aragón. El castillo de Peracense es una de las fortalezas españolas más espectaculares, que aprovecha la topografía del terreno para conformar un enclave defensivo casi inexpugnable. Se asienta sobre una mole rocosa, fuertemente escarpada, de arenisca de color rojizo (conocida como rodeno), que constituye el límite meridional de Sierra Menera, conformando un entorno natural único, junto al próximo cerro de San Ginés. La utilización del propio rodeno para la construcción de la fortaleza permite obtener un conjunto totalmente integrado en el paisaje. Su cota media es de 1.365 metros sobre el nivel del mar. Como reseña histórica hay que señalar que el espacio, que actualmente ocupa el recinto fortificado, ha sido habitado en épocas sucesivas por culturas diferentes. Así tenemos constancia de asentamientos durante la Edad del Bronce, hace unos 3300 años, y en época celtibérica. Continuará esta ocupación durante la Edad Media, primero en época islámica y con posterioridad con el Reino de Aragón. Será en este momento cuando la importancia estratégica del castillo de Peracense se acreciente por su posición limítrofe, entre los reinos de Castilla y de Aragón, y entre los señoríos de Albarracín, de Molina de Aragón, comunidad de aldeas de Teruel y comunidad de aldeas de Daroca. El cercano cerro de San Ginés fue el límite común de todos ellos hasta el año 1833.

Al contrario que muchos otros castillos del entorno, el de Peracense, no quedó abandonado tras los Reyes Católicos, y continuó siendo utilizado primero como prisión y después, durante la I Guerra Carlista, como cuartel de un destacamento del ejército liberal.

Los trabajos de restauración y excavación arqueológica comenzaron en el año 1987, por parte del Gobierno de Aragón, y han supuesto la recuperación de este conjunto fortificado y el hallazgo de numerosos objetos pertenecientes a la dilatada historia del castillo de Peracense.

En la localidad de Peracense podemos disfrutar de una muestra del urbanismo y de la arquitectura tradicional, muy interesante y bien conservada, donde domina el color rojo de la piedra de rodeno. Dentro de los edificios civiles destacan las casas de don Pepe y la de don Pascual, ambas casonas del siglo XVIII, a las que tenemos que añadir otro tipo de elementos como el antiguo horno comunal, el nevero o la fuente de Sierra Menera. Resulta interesante también la visita a la iglesia parroquial de San Pedro, datada en el siglo XVIII y que tiene planta basilical con tres naves. La torre, de 30 metros de altura, es de dos cuerpos de piedra: el inferior de planta cuadrada, mientras que el superior tiene los ángulos redondeados y se decora con pilastras jónicas y rosetones. El cerro de San Ginés, magnífica atalaya que domina gran parte de la Cordillera Ibérica turolense, tiene una altitud de 1.605 mts. y en su cima se encuentra la Ermita de San Ginés, patrono de la localidad, donde se celebra una romería popular el día 25 de agosto. En este cerro también podemos descubrir restos de algún torreón, que durante un tiempo sirvió de apoyo visual al Castillo de Peracense. En el paraje de los Tocones, entre las localidades de Peracense y Almohaja, podemos descubrir la carrasca milenaria, con una altura de 14 mts. y un diámetro de copa de 16 mts.

El grumete Martín de Ayamonte desertó de la nao Victoria, anclada en la isla de Timor, la noche del 5 de febrero de 1522. Con él iba Bartolomé de Saldaña. Tenían miedo. A las penurias que habían diezmado durante más de dos años la expedición que había partido de Sevilla al mando de Magallanes en busca de la Especiería, se sumaba ahora un regreso imposible: la ruta planteada por Juan Sebastián Elcano, que aunaba a los peligros de cualquier travesía la osadía de navegar por aguas portuguesas. Si el escorbuto, el hambre o los nativos no acababan con ellos, lo harían sus adversarios en la lucha por él control de las islas Molucas. El joven marino no imaginaba que la nao escaparía del negro final que él le auguraba y culminaría la peligrosa travesía, convirtiéndose en la primera embarcación en dar la vuelta al mundo. Ni mucho menos que su nombre, uno más de una tripulación inicial de unos 250 hombres, terminaría 500 años después por abrirse un hueco en la historia.

Historia de Martín de AyamonteEs Tomás Mazón, artífice de la web rutaelcano.com, quien ha traído a Martín de Ayamonte a la historia y a la actualidad, rescatándolo de un documento archivado en la Torre do Pombo de Lisboa. Curiosamente fue Martín de Ayamonte quien terminó siendo apresado por los portugueses y trasladado a Malaca, donde hubo de dar cuenta de su presencia en Timor. Sus respuestas, y con ellas la relación de un viaje fascinante, se encuentran en un documento que había pasado desapercibido hasta 1933, año en que fue descubierto por el historiador luso Antonio Baiao. Desde entonces, afirma Mazón, solo se ha publicado en tres ocasiones, en Chile, Portugal y Francia.

Traducido ahora al castellano por Tomás Mazón, Braulio Vázquez Campos, del Archivo General de Indias, y Cristóbal Bernal Chacón, experto en paleografía y en la historia de la expedición, el documento se publica íntegramente, por primera vez en España, y con libre acceso a través del portal rutaelcano.com para que pueda contarse entre las fuentes oficiales de la primera circunnavegación del globo. El valor de la confesión de Ayamonte es destacar el protagonismo de Elcano al evaluar la ruta que se iba a seguir. En ella se constata algo que hasta ahora solo se suponía, y es que, como afirma el periodista e historiador Ramón Jiménez Fraile en el boletín especial «La Primera Vuelta al Mundo» editado por la Sociedad Geográfica Española, «Elcano habría impuesto su voluntad frente a su maestre y piloto, ambos griegos, a la hora de proseguir sin tregua su ruta de vuelta a Sevilla».

Y el resto, ya es historia.

Escena de mercado
Escena de mercado

Kati Horna, húngara de nacimiento y mexicana de adopción, viaja a España en 1936 con una mochila que contenía su cámara Rolleiflex y sus ideales anarquistas. Inicialmente le fue encargada, por parte de la CNT, la tarea de retratar la vida en los pueblos colectivizados de Aragón y después viaja a Barcelona y Valencia.

Posteriormente, recorre buena parte de la geografía de nuestro país documentando la guerra civil y trabaja para distintas publicaciones republicanas como Tierra y libertad, Tiempos nuevos, Mujeres libres y Umbral: semanario de la Nueva Era. En la esta última conoce a quien se convertiría en su marido, José Horna. Éste es detenido por los «nacionales» y Kati le ayuda a escapar a París. En la huida lleva consigo los negativos de sus fotografías que guarda celosamente hasta el año 1979 (con la democracia ya establecida en España), fecha en la que decide ponerlos a disposición del Ministerio de Cultura.

Este verano volvió a la actualidad porque la historiadora del arte Almudena Rubio encontró en el Instituto Internacional de Historia Social (IIHS), con sede en Ámsterdam, el resto del trabajo que realizó aquellos años y que se creía perdido. Con ocasión de este descubrimiento, El País le ha dedicado dos artículos:

Sus fotografías pueden verse en el Centro Documental de la Memoria Histórica: Archivo fotográfico de Kati Horna (IntroducciónImágenes).

8 de junio de 2014: en la madrugada del Día D, unos 13.000 paracaidistas estadounidenses saltaron sobre la campiña francesa. En esta imagen infrarroja tomada 70 años después se recrea aquella incursión en las inmediaciones de Sainte-Mère-Église.
8 de junio de 2014: en la madrugada del Día D, unos 13.000 paracaidistas estadounidenses saltaron sobre la campiña francesa. En esta imagen infrarroja tomada 70 años después se recrea aquella incursión en las inmediaciones de Sainte-Mère-Église.

El fotógrafo David Burnett pisó Normandía por primera vez en 1974 a la edad de 27 años. Había recibido  el encargo de fotografiar las elecciones presidenciales francesas y su visita coincidió casualmente con el trigésimo aniversario del Día D. Desde aquel primer día, David ha regresado a esas playas más de diez veces en los últimos 50 años.

A lo largo de esos años, ha conocido a incontables veteranos que a primera vista parecen tipos normales y corrientes a los que ha tenido que arrancarles con sacacorchos el relato de sus extraordinarias vivencias, recuerdos incomparables de un momento crucial.

Carl Beck, que saltó en Ste. Mera Eglise, 50 años después del día D
Carl Beck, que saltó en Ste. Mera Eglise, 50 años después del día D

Entiendo que tengo el deber de tender un puente con mi fotografía para que la gente -en especial los jóvenes- comprenda la importancia de lo que ocurrió aquí, no solamente la muerte de tantísimos soldados, sino también la transformación del mundo que obró la invasión aliada de la Francia ocupada por Alemania. Siempre he sido admirador de Edward R. Murrow, el corresponsal estadounidense que durante la Segunda Guerra Mundial radiaba partes nocturnos desde Londres. Me gusta reproducir aquellos partes en el teléfono móvil mientras paseo por la playa de Omaha y asimilo los terribles relatos de lo que ocurrió en ella en junio de 1944.

Detalle del mosaico del salón ('triclinium') de la villa romana de Noheda. Forma parte del Cortejo dionisiaco y en él se distinguen centauros, músicos, sátiros y a Sileno, representado como un anciano montado sobre un burro.
Detalle del mosaico del salón (‘triclinium’) de la villa romana de Noheda. Forma parte del Cortejo dionisiaco y en él se distinguen centauros, músicos, sátiros y a Sileno, representado como un anciano montado sobre un burro.

Al hilo de las últimas noticias sobre la apertura al público del yacimiento denominado Villa de Noheda (Ver Galería de imágenes) y de la posibilidad de consultar los resultados más recientes de la investigaciones, he recordado el trabajo, allá por 2010, del arqueólogo Miguel Ángel Valero Tévar: «La Villa romana de Noheda: avance de los últimos resultados». Por desgracia, tal estudio, disponible hasta hace muy poco en la Red, ha desaparecido. Por ello, he decidido recuperarlo de Web Archive y ponerlo de nuevo a disposición de los internautas.

La Villa romana de Noheda: avance de los últimos resultados

Por Miguel Ángel Valero Tévar

Introducción

El descubrimiento para el mundo científico y para la sociedad en general del conocido como Mosaico de Noheda a finales del 2005, ha generado grandes expectativas, y unas constantes demandas de información. Consideramos, pues, necesario ofrecer un avance sintético, que ponga de manifiesto el alcance de los últimos resultados. Evitaremos profundizar en cuestiones de detalle como el estudio arquitectónico, el análisis de los marmora, la descripción exhaustiva de los pavimentos musivarios, la ornamentación pictórica, la numismática, la cerámica, fauna, etc. Todas ellas serán objeto de otros estudios particularizados. Pero daremos resumida cuenta de todos ellos, pues son elementos imprescindibles para la comprensión e interpretación de los avances que se han realizado en las últimas campañas en el yacimiento que ayudan a valorarlo en su justa medida. Seguir leyendo …