Claudia Terstappen

Fog Island
Fog Island

El mar de las fotografías de Claudia Terstappen puede hacerte feliz. Demasiado feliz. Es un mar inhumano. Parece frío, parecen aguas muy frías y sin playa. Sin barcos. Mar al lado del cielo, un cielo manchado con niebla. Ojalá tuviera una casa cuyas ventanas diesen al mar que sale en las fotografías de la Terstappen. Fiesta por la ausencia del hombre en ese mar. Ojalá pudiera acercarme con la mano desnuda para tocar esas aguas. ¿Dónde viste ese mar, queridísima Claudia? ¿Existe ese mar que cayó del cielo? ¿Y existe ese cielo que vive mudo y triste encima de ese mar? Ojalá pudiera nadar en ese mar. Nadar en ese mar es morir. No habrá peces debajo del agua. Es la piel lo que importa, esa sábana con arrugas. Arrugas creadas según un plan maravilloso, pero inhumano. Hasta las arrugas de esa piel marina están contadas. Los billones de gotas, las espumas anónimas, el olor de esas aguas, las olas que se despedazan las unas a las otras sin saber por qué, santo cielo, ¿qué es todo esto? El mundo antes del hombre, eso es. Cuando el mundo era un espectáculo que sucedía para nadie. Quiero entrar en ese mar, queridísima Claudia. Beberme sus aguas de un trago sin fin. Mandar en él. Fugarme con él. Bajar sus torres, subir sus escaleras. Pernoctar en él, en las mejores suites de ese mar. No pagar la estancia. Me casaré con ese mar, y mandaré la civilización humana al diablo. Me quedo contigo, aunque no hables ni respires.

Por Manuel Vilas. 2002.

Créditos fotografía: Fog Island, 2001. Gelatino bromuro de plata sobre aluminio. 128×128 cm. Colección J. Alavarez Sotos.

Fuente: Catálogo de la exposición «Mirar al mundo otra vez».Galería Spectrum Sotos, 25 años de fotografía.

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