Coleman Hawkins

Cuando la tarde del 11 de octubre de 1939 el todavía joven pero ya experto saxofonista Coleman Hawkins se dirigía con paso decidido a los estudios de grabación de la RCA Victor en Nueva York probablemente no imaginaba que el mundo del jazz iba esa tarde a dar un paso de gigante hacia un futuro lleno de nuevas e insospechadas posibilidades. Con toda seguridad tampoco pasaba por su imaginación que esa tarde el instrumento que llevaba bajo el brazo, un saxo tenor, iba a convertirse en el icono incontestable de una música, el jazz, que hasta entonces lo había marginado descaradamente otorgándole un simple y nada llamativo papel secundario. Y aún menos que todas esas cosas iban a suceder gracias a su aportación personal.

Probablemente no lo imaginaba porque Coleman Hawkins no se consideraba a sí mismo como un innovador ni un revolucionario, no quería romper o enfrentarse musicalmente con nada ni con nadie. No entraba en el estudio dispuesto a imponer una idea, una sonoridad o un nuevo estilo musical. Simplemente iba a realizar su trabajo con la seriedad que le caracterizaba, a tocar como siempre había tocado. Se trataba de una sesión de grabación casi protocolaria para el sello Bluebird, una marca subsidiaria de RCA Víctor cuyos objetivos se dividían a partes iguales entre los productos baratos para las grandes cadenas de supermercados y la música destinada a públicos negros. Era también la primera sesión de grabación tras su regreso a Estados Unidos después de un largo y voluntario destierro europeo. En el estudio se habían reunido varios buenos pero anodinos instrumentistas (ninguna estrella, simplemente los que le acompañaban habitualmente en el club neoyorquino Kelly’s Stables) e incluso, como para dejar claro que todo iba a seguir por los cauces de la imperante moda swing del momento, también estaba allí la cantante Thelma Carpenter.

Sin duda, Coleman Hawkins no quería cambiar nada cuando se instaló ante el micrófono, pero esa noche el mundo de la música sufrió un auténtico terremoto devastador. Muchos conceptos clásicos considerados inamovibles se vinieron abajo abriéndose de par en par las puertas al jazz moderno en el que ya todo era posible. El terremoto tenía un nombre, la balada Body and soul, y un artífice: Coleman Hawkins.

Miquel Jurado

Body and soul:

[Descargar Coleman Hawkins (16 temas)]

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