¡Cosas de España!

larraCorrupción, despilfarro, … No hay día en el que los periódicos no informen de algún tejemaneje protagonizado por miembros de la clase política. Ni siquiera nos indignamos; a lo sumo encogemos los hombros y mascullamos ¡Cosas de España!

Al parecer, no hay remedio ni cura para tal fatalidad. Vano intento el nuestro de dar aliento a una democracia pervertida por las mentiras, el robo y el caciquismo… ¡Cosas de España!

Don Mariano, aquí estamos recordando tus palabras —¡Cosas de España!—. Doscientos años han transcurrido desde tu nacimiento y unos cuantos menos desde que te alzabas desde la tribuna para cautivar a tus lectores: «Olvidemos, lo repetimos, esa funesta expresión que contribuye a aumentar la injusta desconfianza que de nuestras propias fuerzas tenemos. Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades. Cumpla cada español con sus deberes de buen patricio, y en vez de alimentar nuestra inacción con la expresión de desaliento: ¡Cosas de España!, contribuya cada cual a las mejoras posibles. Entonces este país dejará de ser tan mal tratado de los extranjeros, a cuyo desprecio nada podemos oponer, si de él les damos nosotros mismos el vergonzoso ejemplo (Revista Española, n.º 51, 30 de abril de 1833. Firmado: Fígaro)».

6 comentarios


  1. ¡No hemos cambiado tanto! El comentario de hoy bien podría haberlo escrito D. Mariano José de Larra. Sus textos tienen una permanente actualidad y autenticidad.
    El escritor de “vuelva usted mañana”, “En este Pais”, “Pero entre que gentes estamos”, “El casarse pronto y mal”, etc; es el hombre que ha sabido poner el dedo en la llaga contra viento y marea. La agudeza de Larra rebasa siempre lo meramente circunstancial, de aquí que su crítica siga siendo asombrosamente actual al cabo de un siglo y medio.
    Me alegro de poder recordar, tal día como hoy, el nacimiento de tan ilustre escritor, creador del periodismo moderno.

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  2. Hoy hemos podido leer en un periódico -nada radical- de los de ‘Negocios y Economía’…:
    ‘Remedio (del Gasto Social) peor que la enfermedad (o Crisis)’: Gracias al ‘recorte de costes’ aplicado por el Gobierno, “Hacienda pierde recursos para investigar los Grandes Fraudes” =
    http://www.expansion.com/2009/03/24/economia-politica/1237933611.html

    Desde luego, querido Fígaro, tienes razón diciendo ‘escribir en España es llorar’; aun ahora.

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  3. Dicen que tenemos el sistema financiero más fuerte del Globo y tal… Pero a la prueba me remitiré: “¿Es una más de las abusivas descortesías con que la Banca nos trata, hoy, a sus clientes o resulta cierto que el problema de liquidez les afecta a más entidades de las que parecen? ¡El Barclays Bank dice no tener suficiente liquidez en Madrid para pagar ni 17000 euros!”. Verlo en = http://www.soitu.es/participacion/2009/04/06/u/civeperez_1239020317.html

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  4. “Situado en el tiempo de ayer, hace doscientos años, Larra se lanza como un caballero andante, de la estirpe del Quijote, a conquistar un mundo, España, que le da la callada por respuesta. Antecedente de algunos conspicuos miembros de la Institución Libre de Enseñanza y, desde luego, de la llamada Generación del 98, su misión social se da de bruces ante la ignominiosa estulticia del país al que trata de zarandear con sus artículos del Duende satírico del día, del Pobrecito Hablador, de Fígaro…

    (…) Da pavor hacer «mediciones» entre la España de Larra, «la España que mató a Larra», según convicción de muchos de los estudiosos de la época del escritor, y de la España actual, donde, por lo menos en mi criterio, Mariano José de Larra pasaría inadvertido, diseccionado como un elemento marginal, incapaz de «integrarse» en el mundo contemporáneo, un tipo apocalíptico, hiperbólico, tremendista, digno, pues, de ser expulsado de un cuerpo social y de unas élites de las que reclama, como un loco en el desierto, más ética, más estética, más instrucción, más educación, más país. En fin, un inadaptado cuya vida debería estar a resguardo en un frenopático más que paseando su firma por los principales periódicos del país.

    En nuestro Bachillerato nos enseñaron mal a Larra. Nos dijeron que era romántico y costumbrista, y nada más. Se nos dijeron sobre él, verdades a media, medias verdades que sumadas hacían una gran mentira y nos negaban la visión del personaje rebelde y aventurero, que llenaba su vida de amoríos y se entregaba a la causa de la vida y la libertad vestido de dandy, y sin conceder a nada ni a nadie un ápice de su estética. Con Larra nos ocurrió como con Espronceda: los leímos en las clases de Literatura bajo la exigencia de una rapidez sospechosa, para que no hicieran huella sus palabras ni en el alma ni mella en las cosas que íbamos aprendiendo.

    Pero una segunda lectura de Larra nos lo transforma en nuestro contemporáneo eterno. Lo es Kafka, ¿por qué no lo va a ser ese Larra que se adelanta al autor de «Metaformosis» utilizando el bisturí de la crítica satírica en sus artículos periodístico, casi siempre literarios, casi nunca gacetilleros?…” (Y sigue detallándonoslo muy bien Juanjo Armas Marcelo en su más reciente notita sobre “Larra, las huellas y el pistoletazo“)

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