Diego Velázquez: La venerable madre Jerónima de la Fuente

Diego Velázquez: La venerable madre Jerónima de la FuenteDiego Velázquez [1599-1660]: La venerable madre Jerónima de la Fuente, 1620.
Óleo sobre lienzo, 160 x 110 cm.
Firmado y fechado: «Diego Velázquez f. 1620»
Madrid, Museo Nacional del Prado, P-2873


En la parte superior del lienzo se lee: «BONUM EST PRESTOLARI CUM SILENTIO SALUTARE DEI». En la inferior, a cada lado de la figura, se sitúa esta larga inscripción: «Este es el verdadero Re/trato de la Madre/ Doña Jerónima de la Fuente/Religiosa del Con/vento de Santa ysabel de/ los Reyes de T./ Fundadora y primera A/badesa del Convento de Santa/ Clara de la Concepción/ de la primera regla de la Ciu/dad de Manila, en Filipin/as. Salió a esta fundación/ de edad de 66 años, martes/ veinte y ocho de Abril de/1620 años. Salieron de/ este convento en su compa/ñía la madre Ana de/ Cristo y la madre Leo/nor de San Francisco/ Religiosas, y la herma/na Juana de Sanct Antonio/ novicia. Todas personas/ de mucha importancia/ para tan alta obra».

Sor Jerónima de la Fuente Yánez, de hidalga familia toledana, fue monja franciscana en el convento de Santa Isabel de Toledo. En 1620, cuando contaba sesenta y seis años, pasó a Sevilla para embarcar con destino a Filipinas para fundar el convento de Santa Clara de la Concepción en Manila, del que fue primera abadesa y en el que murió en 1630.

El retrato, que la muestra en pie sosteniendo un crucifijo con la mano derecha con gesto enérgico y un libro de oraciones —o quizás la regla de la orden— en la izquierda, fue sin duda realizado en Sevilla durante su estancia en esa ciudad en el mes de junio de 1620, antes de embarcar para la larga travesía.

La imponente imagen es testimonio de la actividad de Velázquez antes de su paso a Madrid, inmerso en el tenebrismo de raíz caravaggiesca con una fortísima caracterización bajo una cruda luz que subraya todos los accidentes del rostro y las manos, sin perdonar detalle. La energía de la monja queda maravillosamente expresada tanto en el rostro, de mirada intensa y escrutadora, como en el modo de empuñar el crucifijo, fuertemente sostenido, casi como un arma, como tantas veces se ha dicho.

El retrato responde al deseo de las monjas de conservar de alguna manera la imagen de la madre ausente, tal como atestigua la existencia de al menos dos ejemplares más del retrato, de calidad semejante. Uno de cuerpo entero, como aquí, y procedente también del convento toledano de Santa Isabel, pertenece a la colección Fernández Araoz y difiere sólo por la posición del crucifijo. Otro, de medio cuerpo, hoy en la colección Apelles de Santiago de Chile, muestra el crucifijo en la misma posición que el del Prado, aunque presenta una técnica algo más seca y dura.

La prioridad entre ellos no está clara, pero quizás el de medio cuerpo preceda a los otros, que muestran más levedad de pincel.

El largo letrero biográfico que muestran tanto el del Prado como el de Fernández Araoz es claramente un añadido, pero la filacteria que aparece en este último con la inscripción «Satiabor dum gloria… ficatus verit» que aparecía también en el del Prado y fue borrada creyéndola una adición posterior, es —y era— rigurosamente auténtica y otorgaba al retrato una apariencia de imagen sagrada, pues las virtudes de sor Jerónima eran ya divulgadas en su tiempo, y entre sus hermanas de claustro y orden tenía fama de santidad e incluso se llegó, a su muerte, a pensar en canonizarla.

Velázquez, al retratarla, consigue una imagen rebosante de verdad y a la vez crea un modelo de santidad ejemplarizante.

El retrato estaba en el convento, atribuido a LuisTristán. Fue descubierto con ocasión de la exposición franciscana de 1926, y, al restaurarlo, apareció la firma y la fecha.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

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