Educación: ¿diecisiete modelos educativos?

No se han presentado mil quinientas enmiendas pero ha faltado poco: mil trescientas sesenta y cinco. Hoy nos detendremos en el artículo 6 (currículo) del capítulo III, en concreto en su apartado tercero (*): «Los contenidos básicos de las enseñanzas mínimas no requerirán más del 55% de los horarios escolares para las Comunidades Autónomas que tengan lengua cooficial, ni del 65% para aquellas que no la tengan.» Es decir, los contenidos básicos establecidos por el Estado podrían ir desde el 0% al 55(65)% y esto significa, que en la práctica, la desaparición de las directrices nacionales en los planes de estudio podría ser una realidad dentro de pocos años. Se han presentado once enmiendas al artículo 6, de las cuales cinco de ellas hacen referencia a este apartado concreto [Leer enmiendas].

En todo caso, un repaso a la historia —tan amiga últimamente de los nacionalistas— nos puede dar pistas sobre el futuro. Durante la II República, los esfuerzos por reformar la educación por parte de la izquierda fueron, sin duda, muy importantes. Tanto como el rechazo de la derecha. Pero los republicanos no sólo tuvieron que luchar contra la derecha monárquica y católica, sino también contra los enemigos del Estado unitario. En Cataluña, por ejemplo, sus dirigentes —ante la falta de regulación nacional de la enseñanza primaria— sustituyeron el estudio de la historia de España por el de Cataluña en las escuelas administradas por la Generalitat. Así, los libros de texto no hacían referencia a España; cuando debían mencionar al resto de la península, utilizaban eufemismos tales como «otras tierras», «pueblos hispánicos» o «Hispania». Pueden imaginarse el resto: una Historia «natural» —manipulada— al servicio de la etnia catalana que, según el eminente arqueólogo Pere Bosch Gimpera, podía identificarse desde tiempos prehistóricos. Una manipulación, por cierto, que en la dictadura de Franco se invertiría al quedar la política cultural y educativa en manos de una sucesión de grupos católicos. Si finalmente se aprueba el artículo 6 con su actual redacción, el debate territorial creará las mismas tensiones internas que tanto daño hicieron a la II República. Téngase en cuenta que, como entonces, también los colegios religiosos quedaran fuera del alcance del Estado y tanto éstos como los regidos por los nacionalismos étnicos se convertirán en estrados desde los que se cuestionará la legitimidad del Estado.

¿Soluciones? Yo les propongo la siguiente: «El Estado fijará el currículo para todo el territorio nacional con el fin de garantizar una formación común a todos los alumnos y la validez de los títulos correspondientes. Un 10% del horario escolar quedará a disposición de las Comunidades Autónomas que fijarán los contenidos específicos». Si alguien presenta argumentos que justifiquen por qué los contenidos o los objetivos debieran diferenciarse en función del lugar geográfico, cambiaré de opinión.

(*) La técnica legislativa deja bastante que desear y Coalición Canaria pone el dedo en la llaga cuando en la justificación de la enmienda nº 617 aduce, refiriéndose al apartado 3, lo siguiente: «En el apartado 2 del artículo 6 se habla de competencias básicas que, junto con los objetivos, contenidos y criterios de evaluación, forman parte de los aspectos básicos del currículo que constituyen las enseñanzas mínimas. Por tanto, el calificativo «básico» se aplica a las competencias y a los aspectos del currículo. Sin embargo, en el apartado siguiente se ha sustituido la redacción del anteproyecto (aspectos básicos del currículo) por contenidos básicos de las enseñanzas mínimas, siendo así que tal expresión no guarda relación con el apartado 2, como ha quedado indicado».

1 comentario


  1. De acuerdo con tus tesis, Miguel. Aunque, por experiencia, creo que es muchísimo más peligrosa para la educación española la jibarización taifa que lo que enseñan los colegios religiosos. Mírame a mí, sin ir más lejos, que estudié en los Agustinos :-)))))

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