Educación: el maestro

Si ya es difícil seguir la tramitación de una ley, aún resulta todavía más complicado analizar una Ley Orgánica como la de educación (592KB) De momento, se han presentado casi mil quinientas enmiendas a un proyecto que consta de 154 artículos, veintidós disposiciones adicionales, trece disposiciones transitorias, una disposición derogatoria y ocho disposiciones finales ¡Casi nada!

No obstante, todo parecerse reducirse a la asignatura de religión, los colegios concertados y la elección de centro. No quiero restar importancia a tales cuestiones pero, personalmente, preferiría titulares e informaciones sobre problemas tales como la situación de los maestros, el fracaso escolar o el compromiso de los padres con la educación.

Sí; he escrito maestro porque, a diferencia del término profesor, su significado se extiende más allá de la mera enseñanza de conocimientos. Dadme el maestro —decía Giner de los Ríos en una de sus más conocidas acotaciones— y os abandono el edificio, las instalaciones, la organización, los programas…, todo lo demás. Pero lejos de mimar tan importante figura, la sociedad la ha desposeído de toda significación, convirtiéndola en un mero funcionario que cumple con su trabajo de forma rutinaria. A su pesar, claro. Porque nadie puede negar que, de su vocación, surge la abnegación de quienes, día a día, intentan «educar» a nuestros hijos. Les exigimos ejercer la autoridad, mantener la disciplina, requerir esfuerzo a los niños y jóvenes educandos,… pero ¿y en el seno de la familia? ¿participamos de esas ideas o las dejamos colgadas a la entrada de casa como si fueran prendas de quita y pon?

Tengo delante de mi el último número de la Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, un monográfico, cuyo título lo dice todo: “Bournot Burnout en profesores: recientes investigaciones”. ¿Están quemados? Pues sí y nadie les puede culpar. La investigación, basada en principios de intercambio social, argumenta que el bournot se produce «por una falta de reciprocidad; por un desajuste entre inversiones y resultados. Los profesores quemados se caracterizan por haber dado demasiado durante demasiado tiempo y por recibir demasiado poco a cambio». La solución no es sencilla y ni una u otra ley podrá remediar la situación si no se logra la comunidad entre padres, maestros y poderes públicos. Por desgracia, el camino emprendido dista mucho de ello.

6 comentarios


  1. La educación, además de una trasmisión de conocimientos, no es más que integrar al educando en una sociedad con reglas. Que simplificadamente se resume en una frase: entender el significado de la palabra “no” sin frustración, y asumir que todo conocimiento requiere de un cierto esfuerzo. Para ambas cosas, se necesita que el maestro tenga una autoridad moral y efectiva de la que se le ha desposeído.

    Y en eso hemos fracasado en toda la línea desde la LOGSE, con la aquiescencia culpable de miles de padres que creen que sus hijos saben más que sus profesores y la influencia perniciosa de unos medios de comunicación que trasmiten unos modelos opuestos en forma y fondo a lo que el sentido común entiende por constructivo para la sociedad en su conjunto. La mayoría de los padres no quieren maestros, quieren niñeras que den a sus hijos lo que ellos no les dan: tiempo y valores. Pero sin sintonía alguna con ellos.

    Hablo desde muchas experiencias cercanas a mí, y desde la mía propia. Y no se arregla ni bajando el ratio de las aulas, ni quitando la religión como asignatura evaluable, ni poniendo un ordenador por alumno, ni dándole cursos de psicopedagogía del aprendizaje significativo a los profesores. Se arregla con principios, y de eso andamos muy cortitos hoy día.

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  2. Pues tienes mucha razón, protestón. ¿Principios? ¿Qué principios? Hemos sido incapaces de sustituir los dictados de la Iglesia Católica por otros más acordes con los tiempos actuales y este es el verdadero problema del laicismo. Incapaces de detener la decadencia moral de una sociedad que sólo reconoce derechos, los gritos a favor de un nuevo orden basado en la tolerancia, la libertad y la igualdad caen en saco roto ante la ausencia de obligaciones, trabajo, esfuerzo,…

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  3. Cualquier sistema de valores podría reducirse a uno, antiquísimo, y en el que están de acuerdo casi todas las religiones o sistemas éticos: no hagas a los demás lo que no querrían que te hicieran a ti, o dicho en positivo, haz por los demás lo que querrías que hicieran por ti.

    El problema de nuestra educación es que hemos eliminado la responsabilidad individual del temario. Y eso es extensivo a la sociedad borreguil y gritona en la que nos hemos convertido.

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  4. “Burn-out” don Miguel, “Burn-out”, que en castellano todavía no tiene traducción y debería. Que la incidencia de dicho síndrome sea tan común entre el personal docente debería darnos una idea del mimo que le dedicamos a sistema educativo.

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