El castillo de Peracense

El castillo de Peracense

Si por algo es especialmente conocida la localidad aragonesa de Peracense —en la comarca del Jiloca— es por su castillo, sin duda uno de los lugares de mayor interés turístico de la próvida de Teruel y del suroeste de Aragón. El castillo de Peracense es una de las fortalezas españolas más espectaculares, que aprovecha la topografía del terreno para conformar un enclave defensivo casi inexpugnable. Se asienta sobre una mole rocosa, fuertemente escarpada, de arenisca de color rojizo (conocida como rodeno), que constituye el límite meridional de Sierra Menera, conformando un entorno natural único, junto al próximo cerro de San Ginés. La utilización del propio rodeno para la construcción de la fortaleza permite obtener un conjunto totalmente integrado en el paisaje. Su cota media es de 1.365 metros sobre el nivel del mar. Como reseña histórica hay que señalar que el espacio, que actualmente ocupa el recinto fortificado, ha sido habitado en épocas sucesivas por culturas diferentes. Así tenemos constancia de asentamientos durante la Edad del Bronce, hace unos 3300 años, y en época celtibérica. Continuará esta ocupación durante la Edad Media, primero en época islámica y con posterioridad con el Reino de Aragón. Será en este momento cuando la importancia estratégica del castillo de Peracense se acreciente por su posición limítrofe, entre los reinos de Castilla y de Aragón, y entre los señoríos de Albarracín, de Molina de Aragón, comunidad de aldeas de Teruel y comunidad de aldeas de Daroca. El cercano cerro de San Ginés fue el límite común de todos ellos hasta el año 1833.

Al contrario que muchos otros castillos del entorno, el de Peracense, no quedó abandonado tras los Reyes Católicos, y continuó siendo utilizado primero como prisión y después, durante la I Guerra Carlista, como cuartel de un destacamento del ejército liberal.

Los trabajos de restauración y excavación arqueológica comenzaron en el año 1987, por parte del Gobierno de Aragón, y han supuesto la recuperación de este conjunto fortificado y el hallazgo de numerosos objetos pertenecientes a la dilatada historia del castillo de Peracense.

En la localidad de Peracense podemos disfrutar de una muestra del urbanismo y de la arquitectura tradicional, muy interesante y bien conservada, donde domina el color rojo de la piedra de rodeno. Dentro de los edificios civiles destacan las casas de don Pepe y la de don Pascual, ambas casonas del siglo XVIII, a las que tenemos que añadir otro tipo de elementos como el antiguo horno comunal, el nevero o la fuente de Sierra Menera. Resulta interesante también la visita a la iglesia parroquial de San Pedro, datada en el siglo XVIII y que tiene planta basilical con tres naves. La torre, de 30 metros de altura, es de dos cuerpos de piedra: el inferior de planta cuadrada, mientras que el superior tiene los ángulos redondeados y se decora con pilastras jónicas y rosetones. El cerro de San Ginés, magnífica atalaya que domina gran parte de la Cordillera Ibérica turolense, tiene una altitud de 1.605 mts. y en su cima se encuentra la Ermita de San Ginés, patrono de la localidad, donde se celebra una romería popular el día 25 de agosto. En este cerro también podemos descubrir restos de algún torreón, que durante un tiempo sirvió de apoyo visual al Castillo de Peracense. En el paraje de los Tocones, entre las localidades de Peracense y Almohaja, podemos descubrir la carrasca milenaria, con una altura de 14 mts. y un diámetro de copa de 16 mts.

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