El debate sobre el Estado de la Nación

Rodríguez Zapatero no se salió del guión que tantos frutos le está dando y su discurso no sorprendió a casi nadie: autocomplacencia, buenas palabras, talante y muchas promesas. Su primer año de gobierno se ha centrado casi por completo en medidas sociales -bienvenidas sean- pero, no no olvidemos, con un coste económico mínimo. En el resto de ámbitos -economía, vivienda, infraestructuras, temporalidad del empleo, cultura, …- el suspenso es casi obligado. Tiempo habrá, no obstante, de afinar los elogios y las críticas. Rajoy, por contra, sorprendió a todo el mundo con un discurso durísimo y fuera de lugar en bastantes cuestiones. No cabe la excusa del acaloramiento y todo parece indicar que la estrategia elegida pasaba premeditadamente por dibujar un panorama catastrofista sin precedentes en este país. Tal desaguisado causa aún mayor extrañeza en boca de un político con fama de moderado y dialogante como Rajoy y yo sólo le encuentro dos explicaciones: o el núcleo duro (aznarista) ha impuesto sus puntos de vista y Rajoy ha cedido a tales ideas o guarda algún as en la manga. Normalmente, nadie se tira piedras contra su propio tejado y por eso me pregunto si Rajoy no maneja algún dato -desconocido para el resto- que le permita prever ciertos acontecimientos futuros. En todo caso, Zapatero le ganó por goleada, especialmente en el cuerpo a cuerpo.

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