El diablo y el escritor

Dice el refrán que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. A Francisco Ayala se le puede, desde luego, aplicar ese dicho pues no en vano acaba de cumplir 103 años. Su experiencia vital es, sin duda, impresionante. Testigo del nacimiento del nazismo —vivió en Berlín entre 1929 y 1931—, trabaja para las Cortes de la II República como letrado del Estado y participa en la Guerra Civil, primero como soldado y después realizando funciones diplomáticas. Tras la derrota republicana abandona España, a la que no volverá hasta 1960. Durante algunos años pasa los veranos en el país que lo vio nacer y solo en 1976 fija su residencia en Madrid. Argentina, Puerto Rico y EEUU fueron otros tantos países en los que desarrolló su talento como escritor en su doble vertiente, narrativa y ensayo.

Como homenaje a Francisco Ayala les dejo un breve ensayo suyo —Función social de la literatura—, publicado en la Revista de Occidente, 2ª época nº 10, enero 1964:

Existe hoy bastante discusión en España acerca de cuál debe ser el fin de la actividad literaria o, en otros términos, cuál es la función que a la literatura corresponde cumplir en el seno de la sociedad. (Sin ir más lejos, véase en el número 4 de esta revista el artículo que Guillermo de Torre dedica a comentar el libro de Marra-López sobre la narrativa del exilio.) Este tipo de discusiones, cualquiera sea su empaque doctrinal, apuntan siempre hacia la práctica y tienen un fuerte carácter preceptivo; las posiciones que en ellas se enuncian suelen ser postulaciones programáticas. Si nos proponemos el esfuerzo de tomar alguna distancia ampliando así nuestra perspectiva histórica —a lo cual nos invita el planteamiento mismo del tema en la forma en que se nos ha dado— quizá descubriremos que, en el terreno de los hechos, y a lo largo del tiempo, la literatura ha cumplido las funciones sociales más diversas, aunque, en cuanto arte, sus productos hayan siempre de salvarse o sucumban en el olvido según la calidad estética lograda, que es en definitiva el criterio de toda creación artística. Ese esfuerzo de alejamiento que propongo en busca de una cierta objetividad no ha de ser, por lo demás, hazaña difícil para quienes, en el curso de su vida, han tenido la experiencia de dos épocas muy diversas, y aún se han asomado a otras fases históricas de signo distinto —penoso privilegio concedido a los hombres de mi generación por el aceleramiento casi vertiginoso del cambio social, una de cuyas mutaciones críticas por sí sola hubiera bastado ya para desconcentrar una existencia humana, cuanto más los virajes tremendos impuestos al proceso histórico por obra de dos guerras mundiales y, ahora, esta portentosa postguerra. Seguir leyendo… (PDF).

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