El Greco: El licenciado Jerónimo de Cevallos

El Greco-El licenciado Jerónimo de CevallosDomenikos Theotokopoulos, El Greco [1541-1614]: El licenciado Jerónimo de Cevallos, 1613.
Oleo sobre lienzo, 64 x 54 cm.
Madrid, Museo Nacional del Prado, P-812.

Este retrato cierra probablemente el ciclo de caballeros representados por El Greco de busto y tres cuartos de perfil ante un fondo neutro. Luciendo una gran gorguera encañonada sobre su vestimenta verdosa, Cevallos se presenta en él concentrado y alerta, y, aunque enfrentado al espectador, desvía su mirada creando una sensación casi imperceptible, pero a la vez llena de efectividad, de movimiento instantáneo. Su actitud escrutadora y su pose carente de altivez son las que corresponden al político prudente que parece haber sido. Como corresponde a sus años finales, El Greco utilizó una técnica ligera y sintética. La barba rubia y las orejas apenas están insinuadas por unos pocos toques magistrales. La pasta es fluida y escasa, dejando ver la imprimación bajo las pinceladas que delinean la gorguera. Ya Cossío lo relacionó con otros dos retratos, procedentes asimismo de la quinta del duque del Arco (los números P-810 y P-811 del Museo del Prado), y señaló que al compararlos con los del primer período toledano «puede estudiarse […] cómo se ha aligerado la técnica y cómo se ha hecho dueño el pintor, cada vez con más firme maestría, de los difíciles secretos de la sencillez en el arte».

La identificación se debe a Allende-Salazar y Sánchez Cantón, quienes observaron el extraordinario parecido del personaje representado en el cuadro con el retrato de Jerónimo de Cevallos incluido en su libro Tractatus de cognitione per viam violentiae in causis Ecclesiasticis (Toledo, 1618) y que había sido grabado por Pedro Ángel. Confirmación documental indirecta se encuentra en unos apuntes genealógicos de la familia Cevallos, dados también a conocer por los autores citados, en donde se dice que el político fue retratado por El Greco en 1618 (por 1608, probablemente). Posteriormente, Ana María Roteta ha rechazado la identificación basándose exclusivamente en las diferencias fisonómicas y de expresión que cree encontrar entre el personaje del cuadro y la efigie de Cevallos del grabado de Pedro Ángel. Su impugnación no ha sido aceptada, sin embargo, por ningún estudioso. Aunque en realidad Cevallos tenía entonces cincuenta y tres años, en el grabado de Pedro Ángel aparece la inscripción «Aetatis Suae 51, / 1613». Seguramente esa es la fecha del cuadro del Greco. El número 368, en amarillo, en el ángulo inferior izquierdo, indica su procedencia de la quinta del duque del Arco, en donde fue inventariado, en 1789-1794, en la «pieza duodécima», junto a otros retratos del Greco con el número 366 (el 368 correspondía al Caballero de la mano en el pecho, pero hubo sin duda un baile de números entre ambos).

Cevallos nació en la villa de Escalona en 1560, siendo bautizado el 4 de octubre de ese año. De familia hidalga, pero de escasos recursos económicos, era hijo de Melchor de Cevallos y nieto de Diego de Cevallos, alguacil de los marqueses de Villena. Su padre obtuvo ejecutoria de hidalguía en la Chancillería de Valladolid en 1572. Estudió leyes en Valladolid y Salamanca y se licenció en la Universidad de Sigüenza en 1589 (no parece ser cierto que, como escribió Nicolás Antonio y ha sido después repetido por todos, fuera preceptor en el colegio del obispo don Álvaro de Mendoza, en Ávila, ni enseñara en el colegio mayor de San Bartolomé, de la Universidad de Salamanca). Se estableció en Toledo en 1590, donde contrajo matrimonio ese mismo año con María de Herrera, y, durante un tiempo, ejerció como abogado y, en 1596-1597, como escribano de número. En 1605 consiguió ser nombrado regidor del Ayuntamiento en el banco de caballeros. Al margen de sus actividades como regidor, asistió asiduamente a la academia literaria que se reunía en casa de don Francisco Rojas y Guzmán, conde de Mora y sobrino del cardenal Sandoval y Rojas, y escribió numerosos tratados en castellano y latín. Entre ellos se encuentran, aparte del Tractatus de cognitione, el Communes contra communes (publicado en tres libros diferentes, Speculum practicarum, Speculum opiniorum y Speculum aureum, entre 1600 y 1613), el titulado Ruina de la Monarquía (de 1620 y hoy perdido) y el Arte real para el buen govierno … dirigido a la Católica Magestad del Rey Don Felipe IIII (1623). En este último, que cimentaría su fama, censuraba el elevado número de religiosos que soportaba la nación y aconsejaba al monarca que huyera de tener validos.

Tras abandonar el cargo de regidor, que cedió a su nieto en 1621, y enviudar en 1623, entró en religión. En 1626 fue nombrado capellán de la capilla de Reyes Nuevos de la catedral toledana, en 1631 entró a formar parte del Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo y en agosto de 1639 tomó posesión del cargo de presidente de este consejo. Murió el 22 de julio de 1644. No hay datos documentales que lo relacionen con El Greco, pero éste debió conocerle bien. En 1625 aparece firmando una petición de Jorge Manuel dirigida al Consejo de la Gobernación del Arzobispado a propósito de la obra de los retablos del Hospital de Afuera, y cuando murió tenía en su poder un «San Francisco del Dominico». También se registró entre sus bienes, sin citar al autor, «un retrato del señor licenciado Cevallos de cuando era casado», que quizá fuese este del Prado.

Fuente texto: Catálogo exposición El retrato español. Del Greco a Picasso.

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