El legado invisible en Aragón: la huella de los Reyes (VII)

«El legado invisible» recorre en este capítulo las huellas que los reyes de Aragón han dejado en el patrimonio. El Palacio Arzobispal de Zaragoza, la Sala de la Campana, la Torre de La Zuda de Huesca, San Lorenzo o Agüero son algunos de los enclaves que Nacho Navarro recorre este lunes con el escáner del programa.

En el Palacio Episcopal de Zaragoza, mostrarán distintos espacios que fueron testigo de señaladas ocasiones para la corona. Los dormitorios con alumbramientos, como el de Isabel de Portugal; el Salón del Trono, con coronaciones como la de la reina Sibila; o la curiosa logia que el obispo construyó para Felipe II, con unas particulares pinturas renacentistas.

La enigmática ermita de Santiago en Agüero deja constancia del poder real. El edificio, de gran envergadura, fue, según apuntan algunas teorías, un encargo de Ramón Berenguer IV para el retiro de su suegro, Ramiro II El Monje. El santuario está rodeado de misterios sin resolver, desde la intención de su construcción hasta el motivo por el que quedó inacabada.

Un recorrido por la Huesca monumental es clave para entender episodios de la realeza tan característicos como la batalla de Alcoraz, que dio lugar a la conocida frase "como Pedro por su casa", haciendo alusión al momento en el que Pedro I atraviesa la muralla de la capital oscense. En la antigua universidad, en su día Palacio de los Reyes de Aragón, 'El Legado Invisible' se hace eco de la leyenda de la campana, cruento suceso con Ramiro II El Monje de protagonista y la referencia a las nupcias de Doña Petronila y Ramón Berenguer IV en la capilla del Palacio, acontecimiento que aseguró la continuidad de la estirpe y del Reino de Aragón.

Por último, la Real Basílica de San Lorenzo muestra las reliquias del santo, que llegaron hasta su ciudad natal gracias al empeño de Felipe II. Así, dos de ellas viajaron de Roma al templo oscense con peculiar forma de parrilla, símbolo del patrón de la localidad. Sin olvidar que la que hoy conocemos como Real Basílica de San Lorenzo, se construyó sobre una iglesia anterior en cuya edificación intervino la mano del rey Jaime II de Aragón.

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